Dylan es un chico misterioso de 17 años, con un corazón que parecía estar hecho de hielo. Había llegado a la ciudad de Italia hace apenas una semana, y ya había causado un revuelo entre las estudiantes del colegio local.
Su llegada había sido silenciosa, sin anuncios ni fanfarrias. Simplemente, un día apareció en el colegio, con su mochila en la espalda y una mirada intensa en sus ojos. Los estudiantes se sintieron intrigados por su presencia, y pronto comenzaron a circular rumores sobre su persona.
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Una creciente conexión
Dylan regresó a la mansión, sintiendo un gran alivio al ver que la casa ya no estaba vacía y silenciosa. Sus padres, Giorgio e Isabella, sus hermanos, Luca y Sophia, estaban de regreso.
¡Bienvenidos a casa!", exclamó Dylan abrazando a su padre.
Giorgio sonrió y se dejó abrazar por su su hijo con calidez. "Hola, papá. Hola, mamá", dijo el chico, besando a su madre en la mejilla.
Isabella sonrió y le acarició el cabello. "¿Cómo estás, cariño? ¿Te aburriste mientras estábamos de viaje?"
Dylan se encogió de hombros. "Un poco. Pero estaba bien. Me mantuve ocupado".
Luca y Sophia, sus hermanos menores, se acercaron a él, riendo y peleándose por su atención. Dylan se rió y les dio un abrazo a los dos.
La mansión Salvatore volvió a tener vida, llenándose de risas y conversaciones. Dylan se sintió contento de tener a su familia de vuelta a casa, y de poder compartir con ellos sus experiencias y aventuras.
Mientras se sentaban a cenar, Giorgio miró a Dylan con una sonrisa. "Bueno, Dylan, ¿No te enamoraste de nadie, verdad?
Dylan se sonrojó ligeramente y miró hacia abajo. "No, papá___ Respondió entre dudas.
Isabella sonrió y le dio un golpecito en la mano. "No te preocupes, cariño. Tu padre solo está bromeando. Pero sí,¿Hay algo interesante que quieras compartir con nosotros?"
Dylan se encogió de hombros y sonrió. "No hay nada que contar, mamá. Solo la escuela y los amigos".
Pero mientras hablaba, no podía evitar pensar en Emily, y en la forma en que se había sentido cuando estuvo con ella. Tal vez, pensó, que había algo que contar después de todo. Pero no estaba seguro de si estaba listo para compartirlo con su familia.
Dylan, como miembro de la realeza, está acostumbrado a vivir en un entorno de lujo y privilegios. Sin embargo, su encuentro con Emily en la escuela ha despertado en él una sensación de normalidad y conexión con alguien que no forma parte de su mundo real.
Mientras se sienta a cenar con su familia, Dylan no puede evitar pensar en la forma en que se sintió cuando estuvo con ella. Su familia, sin embargo, estába más interesada en hablar sobre asuntos reales y sus obligaciones, ya que Dylan siendo el mayor de los hermanos tenía obligaciones y pronto cumpliría con ellos al cumplir los 18.
"¿Dylan, has hablado con el embajador sobre la celebración que se viene?", pregunta su padre, el rey Giorgio.
Dylan se encoge de hombros. "No, papá. No he tenido oportunidad de hablar con él aún".
Su madre, la reina Isabella, lo mira con una sonrisa. "Bueno, asegúrate de hacerlo pronto. Es importante que estés al tanto de los asuntos del reino".
Dylan asiente con la cabeza, pero su mente sigue vagando hacia Emily y la conexión que sintió con ella. Se pregunta si será capaz de encontrar un equilibrio entre sus obligaciones reales y su creciente interés en la vida normal y corriente.
Dicen por ahí un refrán, "Pueblo chico infierno grande". La llegada de la familia Salvatore al pueblo ha generado un gran revuelo, y todos están hablando sobre la riqueza y el poder que traen consigo. Sin embargo, nadie sospecha de que Dylan, el chico tranquilo y reservado de la escuela, es en realidad un miembro de esa familia.
En la escuela, los rumores sobre la familia Salvatore son el tema de conversación del día. "¿Han oído que la familia Salvatore ha comprado la mansión más grande del pueblo?", pregunta Tiffany a sus amigas en el pasillo.
"¡Sí, es cierto!", responde Sophia. "Mi hermano dice que han traído un montón de coches de lujo y personal de seguridad".
Mientras tanto, Dylan se sienta en su asiento en la clase, escuchando la conversación sin decir nada. Se siente un poco incómodo con toda la atención que está recibiendo su familia, pero también se siente aliviado de que nadie sospeche de su verdadera identidad.
Emily, que se sienta al lado de Dylan, lo mira con curiosidad. "¿Sabes algo sobre la familia Salvatore?", le pregunta en voz baja.
Dylan se encoge de hombros. "No, no sé nada", responde, intentando mantener una expresión neutral.
Emily asiente con la cabeza y vuelve a prestar atención a la clase. Dylan se siente un poco culpable por no haberle dicho la verdad, pero también se siente aliviado de que Emily no sospeche de su verdadera identidad.
El sol de la tarde brillaba sobre la escuela, iluminando los pasillos vacíos y las ventanas altas. Emily y Dylan caminaban juntos, sus pasos sincronizados en un ritmo suave y relajado.
La luz del sol se reflejaba en el cabello de Emily, haciendo que sus mechones castaños brillaran como oro. Dylan no podía evitar mirarla, admirando la forma en que su sonrisa iluminaba todo su rostro.
Mientras caminaban, el aire se llenó del dulce aroma de las flores que crecían en los jardines de la escuela. Emily se detuvo un momento, cerrando los ojos y respirando profundamente. "Me encanta el olor de las flores", dijo, sonriendo.
Dylan se rió y se detuvo a su lado. "Sí, es uno de mis lugares favoritos en la escuela", dijo, mirando alrededor. "Es como si estuviéramos en un jardín secreto".
Emily abrió los ojos y lo miró, su mirada brillando con curiosidad. "¿Un jardín secreto?", repitió. "Me gusta la idea".
Dylan sonrió y se encogió de hombros. "Sí, es como si estuviéramos en un mundo aparte", dijo. "Un mundo donde no hay problemas ni preocupaciones".
Emily asintió con la cabeza, su sonrisa creciendo. "Me gustaría vivir en ese mundo", dijo.
Dylan se rió y se acercó un poco más a ella. "Yo también", dijo, su voz baja y suave.
Por un momento, se quedaron allí, mirándose a los ojos, el aire cargado de una tensión emocional. Luego, sin decir una palabra, Dylan se dio la vuelta y siguió caminando, con Emily a su lado. El sol seguía brillando, iluminando su camino, y el aroma de las flores seguía flotando en el aire, como un recordatorio de la conexión que habían establecido.