Una joven es arrojada a las vías de un tren y su existencia se extingue en un instante. Cuando vuelve a abrir los ojos, no encuentra descanso ni luz, sino el cuerpo de la villana secundaria de la novela que siempre odió. La rabia que arrastraba en su antigua vida despierta ahí, más fría y afilada que nunca.
En ese mundo donde la “santa” es intocable y los héroes juegan a ser salvadores, ella decide convertirse en la sombra que los devore. No quiere redención. No quiere justicia. Solo quiere verlos caer.
¿Podrá quebrar la historia que otros escribieron?
¿Quién detiene a alguien que dejó de creer en la misericordia?
¿Y qué ocurre cuando la oscuridad obtiene un nuevo nombre… y un nuevo rostro?
NovelToon tiene autorización de Mayerli Gutiérrez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Zorro Blanco
“Cómo que soy compatible con un zorro nivel 99…” murmuró Ember, mirando la notificación como si fuera una broma de mal gusto.
“¿El sistema se está riendo de mí o qué?”
Una voz ligera, confiada y totalmente impertinente respondió:
“Primero que todo, hola.”
Ember parpadeó. El pequeño zorro blanco, brillante como una joya prohibida, la observaba con una sonrisa cruel en el hocico.
“Así que tú eres la famosa villana fracasada.”
Lo dijo como quien comenta el clima.
“Me llamo Isha. Vengo en representación del sistema, pero tranquila, desastre andante, hoy tienes suerte.”
La zorrita avanzó unos pasos con el porte de una princesa que hubiera salido malcriada.
“Si me hubiera tocado convertirme en un sapo, créeme que te habría estrangulado apenas despertara. Pero la forma que me diste es… sorprendente, digna de mí.”
“La forma que te di… ¿qué?” Ember abrió los ojos como si le acabaran de hablar en otro idioma.
Isha sacudio la cola, orgullosa.
“Al tocar ese libro con la leyenda del Zorro Blanco de la Destrucción, adopté esta apariencia. Si hubieras tocado otro animal, otro espíritu o, por los dioses, un libro sobre sapos, ahora mismo tendría verrugas y muy mal humor. Y tú no tendrías cuello.”
Isha saltó sobre una mesa cercana, su cola moviéndose con una elegancia irritante.
“Así que… tú quieres ser la gran villana.”
Lo dijo como si acabara de escuchar la broma del año.
Ember apretó los dientes. “¿Y cuál es el problema?”
“El problema,” respondió Isha, acomodándose como si estuviera en un trono, “es que tus estadísticas parecen escritas por alguien que te odia.”
“Ya lo noté.”
“Perfecto, entonces no tengo que explicarte matemática básica.”
Ember soltó aire despacio, como si el autocontrol fuera un deporte extremo.
“¿No se supone que tú cómo mi familiar debes apoyarme?”
“Claro,” dijo Isha con una sonrisa venenosa, “te ayudaré, comentando tus errores y restregandotelas en la cara, será divertido.”
“¿comentando mis errores?” Ember casi se atraganta. “¿Qué soy entonces, tu bufón?”
“No, eres mi entretenimiento”
Isha giró la cabeza, sus dos colas brillando. “Asi que iniciemos, tu primer error es estar perdiendo el tiempo, en vez de mejorar tus horribles estadisticas”
Ember alzó el mentón, recuperando un poco de su postura.
“tienes razon... Estoy perdiendo tiempo contigo así que deja de molestar.”
Isha soltó un bufido divertido.
“Te deseo suerte.”
“Qué tierna eres.”
“No, soy práctica.”
Con eso dicho, Ember tomó asiento y abrió el libro sobre la Leyenda del Zorro de la Destrucción. Las páginas, amarillentas y marcadas por el tiempo, narraban la existencia de una bestia majestuosa.
El Zorro Blanco era una criatura sabia y desmesuradamente poderosa; cuando se enfurecía, liberaba un poder capaz de arrasar cualquier cosa a su paso. No era solo una bestia, sino un espíritu antiguo con un amo elegido, y a ese amo le concedía parte de su fuerza.
Quien formara contrato con él obtenía afinidad con todos los elementos de la naturaleza, además de acceso a hechizos y conjuros que pocos magos en la historia habían logrado dominar.
Ember cerró el libro con un chasquido seco y giró hacia Isha con la mirada de un depredador que por fin ve a su presa.
—Isha… —su tono ya era una amenaza disfrazada de pregunta—. Aquí dice que cuando alguien hace contrato con un Zorro Blanco, el Zorro debe compartir su poder con su amo. Y si no recuerdo mal… tú eres una Zorra Blanca. Yo soy tu ama. ¿Dónde está mi poder?
Isha soltó una risita nerviosa.
—El clima está precioso hoy, ¿no? Muy… soleado. Ideal para caminar.
Ember la tomó con ambas manos y la sacudió sin piedad.
—¿Dónde está mi poder, pequeña zorra?
—¡Calma, calma! —gritó Isha mientras rebotaba como un muñeco—. ¡El libro dice la verdad! ¡Pero hay un detalle! Técnicamente soy nueva en este cuerpo… así que todavía no sé cómo usar bien mis propios poderes.
Ember la dejó caer como un saco de papas
—Genial. Tengo un Zorro de nivel 99… pero es más inútil que yo.
Isha se acomodó el pelaje con dignidad herida.
—Yo prefiero llamarlo “fase de adaptación”.
—Tengo que volver a clases… pero qué hago contigo —murmuró Ember guardando el libro en su bolso—. Nadie debe saber que existes, al menos por ahora.
—Por primera vez en tu vida tienes razón —replicó Isha, todavía arreglándose el pelaje—. Es mejor que me escondas.
—Perfecto. Te quedarás en mi cuarto.
Ember no le dio tiempo a protestar. La agarró como quien mete a un gato hiperactivo en una caja y la metió en el bolso otra vez. Luego corrió por los pasillos hasta su dormitorio. Apenas cerró la puerta, sacó a Isha.
—Estás completamente desquiciada —reclamó la zorrita, con el pelaje tan revuelto que parecía un erizo triste—. Tu bolso y tu velocidad son un crimen contra mi dignidad.
—Sí, sí, lo que digas. Entra en mi armario y quédate ahí.
Ember volvió a atraparla y, sin ceremonias, la lanzó dentro del armario. El peinado de Isha murió un poco más en el proceso.
Sin perder tiempo, Ember salió corriendo otra vez para no llegar tarde. Pero en una esquina chocó con una chica y ambas cayeron al suelo, los libros volando en todas direcciones. Ember los recogió a toda prisa y se los devolvió.
—Perdón —soltó antes de salir disparada.
Ni siquiera notó que la chica era Lily.