La Cocina de César es una apasionante novela Omegaverse donde un arrogante chef alfa acostumbrado a controlar todo se enfrenta por primera vez a un talentoso omega que, marcado por un pasado de abusos y sacrificios, se niega a caer bajo su encanto mientras trabajan juntos frente a millones de espectadores. ¿Podrá alguien como César un alfa nacido en cuna de oro conquistar a alguien como Hamlet quien no piensa unir su vida a ningún alfa?
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Lo que parece... también hiere
Aquella noche, el penthouse de César permanecía en completo silencio.
Había terminado de revisar los guiones de la semana siguiente y acababa de cerrar la computadora cuando sonó el timbre de la puerta.
Miró el reloj.
Las once y media.
Frunció el ceño.
—¿Quién demonios...?
Salió de su habitacion. Al abrir la puerta principal encontró a Serena Malfatti.
La influencer respiraba agitada. Llevaba un abrigo largo sobre un conjunto deportivo y sujetaba el bolso con fuerza.
—¡César!
Él dio un paso atrás, sorprendido.
—¿Qué ocurrió? ¿El edificio está cogiendo fuego? No escucho las alarmas.
Serena miró varias veces hacia el pasillo.
—No es eso. Creo que alguien me siguió desde el estacionamiento.
—Hah...¿Estás segura?
—No... pero tenía miedo.
César observó el pasillo vacío.
No parecía haber nadie.
Aun así, su sentido de responsabilidad pudo más que sus ganas de descansar.
—Entra. Afuera hace mucho frío.
Ella respiró aliviada.
—Gracias...
La puerta se cerró.
César llamó inmediatamente al jefe de seguridad del edificio.
—Quiero que revisen las cámaras del estacionamiento y los pisos superiores. Una residente cree que alguien la siguió.
—Enseguida, señor Tascone.
Después de colgar, se volvió hacia Serena.
—Puedes usar la habitación de invitados hasta mañana que esto se resuelva.
Ella sonrió.
—¿No te molesta, vecino querido?
—Solo será por esta noche, hasta que seguridad confirme que todo está bien.
Serena asintió.
Mientras caminaban por el enorme penthouse, no pudo evitar admirarlo.
—Nunca había estado aquí.
—Nunca te había invitado a venir. No hay mucho que ver.
—¿No mucho? Esto parece un hotel de lujo.
César abrió una puerta.
—Aquí dormirás.
La habitación era casi tan grande como un apartamento.
Cama matrimonial.
Baño privado.
Terraza.
Vestidor.
Serena abrió los ojos.
—Es preciosa.
—Si necesitas algo, mi habitación está al final del pasillo. Hay pijama y un cepillo de dientes nuevos en el cajón.
Ella sonrió con cierta ilusión.
—Gracias. Buenas noches, César.
—Buenas noches.
Sin decir una palabra más, él cerró la puerta y regresó a su habitación.
Ni siquiera pensó en ella.
Antes de dormir, tomó el teléfono.
Abrió el chat de Hamlet.
Leyó otra vez el último mensaje.
Sonrió.
—Buenas noches, conejito...
Y dejó el móvil sobre la mesa.
A la mañana siguiente
Serena despertó mucho antes que César.
Miró su teléfono.
Una idea cruzó por su cabeza.
—Esto dará muchísimas visitas...
Se puso una elegante bata de seda.
Encendió la cámara del móvil.
Comenzó una transmisión en vivo.
—¡Buenos días, mis estrellas! Hoy les tengo una sorpresa...
Mientras recorría discretamente la sala del penthouse, miles de personas comenzaron a conectarse.
—Sí... estoy en casa de un amigo muy especial... El es Cesar un famoso chef que todos conocen. Es mi vecino.
Los comentarios explotaron.
"¿Es la casa de César?"
"¡Enséñalo!"
"¡Son pareja!"
Serena sonrió sin responder.
En ese instante, una puerta se abrió.
César salió de su habitación.
Llevaba únicamente un pantalón de pijama gris.
El cabello completamente despeinado.
Aún medio dormido. Se le hizo tarde para llegar al canal de TV.
Al ver el teléfono apuntándole, se quedó inmóvil.
—Ehh... ¿Estás transmitiendo?
Serena dio un pequeño salto.
—¡Ay! Lo siento...—Bajó rápidamente la cámara. —Perdón... no sabía que saldrías así. Dame un momento.
César respiró profundamente.
No parecía enfadado.
Solo incómodo.
Esperó a que terminara la transmisión.
Ella sonrió nerviosa.
—Ya está.
Él caminó hasta la cocina.
Sirvió café.
Solo entonces habló.
—Serena.
Ella levantó la vista.
—Sí.
—No vuelvas a grabar dentro de mi casa sin preguntarme antes.
La influencer bajó la cabeza.
—Perdón... Ya sabes cómo soy de despistada. Solo pensé en subir mis seguidores. Dilsculpa, te grabé en esas fachas.
—No me molestó aparecer despeinado o sin camisa. Me molestó que invadieras mi privacidad en general.
Ella asintió con sinceridad.
—No volverá a pasar.
César simplemente dio un sorbo a su café.
No añadió nada más.
Horas después
El video ya recorría todas las redes sociales.
Los titulares aparecían uno tras otro.
"¿Nueva pareja?"
"Serena despierta en el penthouse de César."
"El chef aparece semidesnudo durante una transmisión."
Las especulaciones no tardaron.
Aquella misma mañana, Hamlet desayunaba en su apartamento mientras seguía las indicaciones del médico.
Luca estaba preparando café.
—¿Cómo te sientes?
—Mucho mejor.
El teléfono vibró.
Una notificación.
Podcast en vivo de Serena Malfatti.
Hamlet no solía verla.
Pero la curiosidad pudo más.
Abrió el video.
Los primeros segundos mostraban un lujoso salón.
Después...
César apareció.
Con el cabello despeinado.
Solo con el pantalón del pijama.
Hamlet sintió que algo se detenía dentro de él.
Escuchó cómo César decía:
—Eh.. ¿Estás transmitiendo?
Se escuchan voces, luego la influencer despidiéndose. Después la imagen terminó.
No hacía falta ver más.
Apagó el teléfono.
Su expresión cambió por completo.
Luca lo observó.
—¿Qué pasó?
—Nada.
—Te conozco.
Hamlet dejó el móvil sobre la mesa.
—No pasa nada.
Pero ya no probó el desayuno.
Hamlet se sentía fuera de si. Cesar le escribía a diario. El respondía cortante. Dos días después Hamlet recibió el alta médica para volver al trabajo.
Entró nuevamente a los estudios de televisión.
Todo el mundo sonrió al verlo.
—¡Volvió el subchef!
—¡Hamlet!
—¡Qué bueno verte!
Él respondió con educación.
Pero por dentro seguía recordando aquella transmisión.
Cuando llegó al set encontró a César revisando unas recetas.
El alfa levantó la cabeza.
Su rostro se iluminó.
—Buenos días, conejito.
Hamlet hizo una leve inclinación. Cesar le había dicho para ir por él pero no quiso.
—Buenos días, chef.
La sonrisa de César disminuyó un poco.
Había algo distinto.
Frío.
Distante.
Durante toda la grabación, Hamlet respondió únicamente lo necesario.
No hizo bromas.
No sonrió.
Ni siquiera buscó la mirada de César.
Al terminar una escena, César se acercó.
—¿Te encuentras bien y tú madre?
—Sí.
—No lo parece.
—Solo estoy concentrado en el trabajo.
Y siguió caminando.
César permaneció inmóvil.
No entendía qué había cambiado.
Desde la cabina de producción, Saulo observó la escena con atención.
—Algo pasó...
Enzo asintió.
—Y no fue precisamente en la cocina.
Mientras tanto, Hamlet respiró hondo detrás del escenario.
Intentó convencerse una y otra vez.
"No tienes derecho a sentir celos."
"No son nada."
"Él puede invitar a quien quiera a su casa."
Pero el pecho seguía doliendo.
Porque, aunque nunca lo hubiera admitido en voz alta...
Ver a otra persona ocupando un lugar en la vida de César le hizo comprender una verdad que llevaba días evitando.
Su corazón ya había elegido.
Y precisamente por eso...
Ahora tenía más miedo que nunca de salir herido.