Julie Winters y Elis Lovette están obligados a existir en la vida del otro desde nacimiento, pero se volvieron enemigos por mera elección.
El destino parece tener una obsesión retorcida con ellos, pues tras un accidente mortal, ambos terminan despertando dentro de la novela de fantasía que debían leer para un proyecto universitario.
Julie, ahora Odette Montgomery y Elis, ahora Oriel Langford, se ven obligados a contraer matrimonio bajo el papel de la pareja más envidiada del imperio, aunque las ganas de estrangularse continúan evidentes.
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Nuevas Alianzas, Primeras Tácticas
Julie observó a Sky y luego pasó su atención a Elis, quien llevaba el gesto más arrugado que antes. Ambos hombres estaban sentados frente a ella, en completo silencio, como si fueran las versiones masculinas de Lili y Ruby.
—Tenemos que decirles la verdad a nuestros padres cuanto antes —sugirió Julie.
—No —suspiró Sky—. Habría sido buena idea si la noticia no hubiera llegado hasta el último rincón del reino. Si desmentimos el embarazo ahora, la furia de todos se desatará.
—¿Qué recomiendas? —le preguntó Elis.
Sky se acomodó sobre su asiento, mirando de reojo a la puerta a sus espaldas. Se mordió el labio y su silencio se tornó tenso cuando sus ojos se posaron en los dos junto a él.
—Debemos fingir un aborto accidental.
Julie observó a Elis y viceversa. En silencio, pero ambos con la misma intención en mente.
—Margaret vino a verme y creemos que trajo galletas con una sustancia abortiva y el consejero real también intentó regalarme un collar envenenado —confesó—. Pero será difícil acusarlos porque mucha gente en el reino trajo obsequios.
El diario de Odette continuaba en manos de Julie, sintiéndose más importante en ese momento, así que como acuerdo tácito entre ellos, la azabache empujó el diario suavemente hasta el castaño. Sky lo recibió y lo miró de nuevo, acariciando la pasta con la delicadeza con la que se tocaría un objeto valioso.
—Elis y yo creemos que Odette sospechaba del plan de su asesinato —señaló el cuaderno—. Sus apuntes finales señalan a una flor que no había visto antes.
—Tenemos que investigar sobre el atentado que los hizo llegar a mi mundo —indicó, devolviendo el libro—. Por lo pronto, nuestro punto de enfoque es deshacernos del cuento del embarazo y despejar las calles de un rumor de traición —miró a Julie—. Voy a necesitar de tu actuación. Que aparentes estar destrozada, al menos los primeros días, hasta que intenten alegrarte con los preparativos de la boda.
—No creo que sea totalmente seguro confiar en ella —resopló Elis.
—¿Qué quieres decir con eso, imbécil?
—Solo dije lo que dije, saca tus propias conclusiones.
Julie se alzó de su asiento con las palmas en el escritorio y el torso inclinado hacia el rubio. Sus uñas parecían querer enterrarse en la madera mientras intentaba ignorarlo, pero no pudo y tiró del cuello ajeno, provocando que Elis le tomara el antebrazo con fuerza para alejarla.
—Suéltala —advirtió Sky.
Su voz fue suficiente para dejarlos en silencio. Apartó el brazo del rubio con fuerza en su apretón, luego tomó la mano de la azabache para asegurarse de que no la hubiera lastimado. Julie sintió el estómago alborotado y la quemazón le llegó a las mejillas, sintiéndose torpe cuando una sonrisa quiso escabullirse de sus labios.
—Si pretenden usar las identidades de Odette y Elis para pasar desapercibidos, entonces he de advertirles que esta es la manera menos efectiva de hacerlo.
—¿Qué deberíamos hacer, Sky? —indagó Julie, con los ojos enormes brillando para él.
Sky le miró de vuelta, quedándose quieto por un momento. Se cubrió la boca y tosió sin mucha sinceridad, tratando de evitar que la atención continuara sobre él.
—Mi Odette y el Elis de mi mundo, solían ser un par empalagoso —carraspeó la garganta—. Ellos eran la representación del amor cariñoso, así que deberían tener paseos todo el tiempo y hablar entre sonrisas todo el tiempo.
—¿Y si hablamos de que mis sentimientos se fueron al carajo cuando perdí la memoria? —sugirió la azabache—. Podemos decir que simplemente ya no nos amamos, así que podemos cancelar la boda.
—¡Cancelar la boda no es una opción! ¡Carajo, Julie! —reprendió Elis.
—¿Es cierto, Sky?
—Sí, Julie —torció el labio—. La pelea entre el emperador y el comandante va más allá de lo negociable… Si tú te separas de Elis, o algo te sucede por él, el comandante Montgomery iniciará un ataque contra el reino, y sus tácticas son imparables.
Julie bufó, tirándose sobre el respaldo de la silla, con un puchero en los labios y los brazos cruzados. La esperanza de tener a Sky se desvaneció sin siquiera despegar. Observó a Elis y le mostró la lengua.
—Bien —se levantó Julie—. Empecemos con este estúpido aborto sorpresa —dijo, tomando la daga guardada en el cajón del escritorio ajeno.
Se dirigió a la cama y se sentó ahí, cubriéndose con la manta.
—! ¡Ruby¡ —gritó de pronto, haciendo que los otros se sobresaltaran en su lugar.
Julie fue más rápida de lo que pensaron. Sus lágrimas salieron expulsadas junto a un gesto de profundo dolor que provocó la preocupación de los otros dos. Elis se acercó primero, tomándola del brazo. La azabache le entregó el cuchillo ensangrentado para que lo escondiera y tiró del brazo de Sky, para comenzar a fingir que le dolía el vientre.
—¡Milady!
La pelirroja intentó acercarse, notando el dolor en los ojos violetas, que suplicaban a su amigo para que salvara a su hijo. No obstante, Elis se detuvo al frente de ella, sosteniendo sus hombros cuando estuvo por llegar.
—¿Qué ha ocurrido?
—Odette… ella está en proceso de aborto —murmuró Oriel—. Reúne a todos los que estuvieron involucrados con sus alimentos.
Ruby presionó los labios, intentando sofocar las ganas de ir con su señorita; sin embargo, Elis la empujó suavemente, haciéndole saber que debía apresurarse.
La puerta se cerró tras su salida y, unos segundos después, el llanto se detuvo. Julie enserió el gesto y tomó el pañuelo de Sky, para limpiarse el muslo bajo el desconcierto de los hombres.
—¡¿Pero qué carajos pasa contigo?!
Un Elis sonrojado de furia, se acercó a pasos pesados, quitándole el pañuelo de la mano para devolverlo al castaño y usar el suyo. El rubio sostuvo su pierna y tocó con suavidad, respingando cuando la azabache siseó.
—No tenemos tiempo —indicó, tomando la taza en la mesita del costado para empaparse la frente—. Ruby le dirá a Lili y ellas se encargarán de que nadie investigue, por ahora solo tenemos que soportar a nuestros padres.
Sky asintió. Se giró sobre sus talones y se dirigió a su maleta para tomar un frasco con sustancia escarlata que llamó la atención. Comenzó a esparcir el líquido por el suelo y luego terminó el camino, dejando caer una buena cantidad entre las piernas de la azabache, ganándose el susto de Elis, que intentó alejar a Julie de ahí.
—Esto es sangre de dragón —informó—. Se extrae de un árbol en las profundidades del bosque —escondió el frasco en su maleta—. No es tóxico, así que no se preocupen.
—De acuerdo, Sky —le sonrió Julie—. Por ahora pongámonos histéricos, la historia tomará su propio rumbo cuando se enteren de un envenenamiento.