Un matrimonio por conveniencia une a Carolina y Benjamín, dos mundos opuestos marcados por el interés y el orgullo. Pronto descubrirán que el amor puede surgir incluso en los acuerdos más fríos.
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Capitulo 4
El trayecto de regreso a casa transcurrió en un silencio espeso.
Carolina observaba por la ventana sin ver realmente el paisaje. Las luces de la ciudad pasaban como destellos borrosos, mientras su mente repetía una y otra vez lo ocurrido en el jardín.
El beso.
La forma en que la tomó.
Las palabras que siguieron.
Apretó las manos sobre su regazo.
No sabía qué le molestaba más… si la forma en que la había tratado, o el hecho de que, por un instante, su cuerpo había reaccionado.
Y eso la confundía.
Cuando el auto se detuvo frente a la casa, Rodolfo se bajó primero, seguido de Emely. Carolina tardó unos segundos más.
Al entrar, el ambiente familiar contrastó con la frialdad de la mansión Rossi.
Pero no logró tranquilizarla.
—¿Qué te pasa? —preguntó Emely apenas cruzaron la sala—. Estás muy callada.
Carolina forzó una leve sonrisa.
—No pasa nada… estoy cansada.
Emely frunció el ceño, pero no insistió.
—Vamos a dormir —continuó Carolina—. Mañana tienes escuela.
—Sí…
Cada una tomó su camino.
Carolina entró en su habitación, cerró la puerta y se apoyó en ella.
Cerró los ojos.
Y por primera vez… dejó salir un suspiro largo, pesado.
Nada de eso era normal.
Nada.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
A la mañana siguiente ...
El bullicio de la universidad parecía más fuerte que de costumbre.
Carolina y Esmeralda estaban sentadas en su lugar habitual, pero esta vez, Carolina no guardó silencio.
Lo contó todo.
Desde la cena… hasta el jardín.
Hasta el beso.
Esmeralda escuchaba con los ojos abiertos, sin interrumpir.
—¿Y luego te dijo eso? —preguntó, incrédula.
—Sí.
—Si que es un idiota.
Carolina soltó una pequeña risa.
—Pues si.
Esmeralda la miró con intensidad.
—Ok… pregunta importante.
Carolina tragó saliva.
—¿Qué?
—¿Te gustó?
El silencio se extendió.
Carolina bajó la mirada.
—No lo sé… —admitió—. O sea… fue mi primer beso.
Esmeralda se inclinó hacia adelante.
—Ya lo sé, te hice una pregunta Caro.
Carolina suspiró.
—No tengo con qué compararlo… pero…
—¿Pero?
—Si me gustó.
Esmeralda sonrió levemente.
—Eso ya es mucho.
Carolina negó con la cabeza.
—No debería sentir nada.
—Pues tu cuerpo no opina lo mismo.
Antes de que Carolina respondiera, su teléfono comenzó a sonar.
Número desconocido.
Frunció el ceño y contestó.
—Hola…
—Hola, querida —respondió una voz femenina suave—. Soy Dalia Rossi.
Carolina se enderezó de inmediato.
—Señora Rossi… buenos días.
—Quería hablar contigo sobre la fiesta de compromiso. Será pronto, y me gustaría que nos pongamos de acuerdo en algunos detalles.
Carolina dudó un segundo.
—Claro… está bien.
—Quiero que te sientas cómoda. Este evento también es para ti.
Eso la sorprendió.
—Gracias…
—¿Te gustaría venir mañana a la casa? Enviaré el chófer.
Carolina respiró hondo.
—Sí, está bien.
—Perfecto. ¿Deseas traer a alguien contigo?
Carolina miró a Esmeralda.
—¿Puedo llevar a mi mejor amiga?
—Por supuesto, querida. Como te sientas más cómoda.
Carolina sonrió levemente.
—Gracias, señora Rossi.
—Nos vemos mañana entonces.
—Hasta luego.
Colgó.
Esmeralda ya estaba inclinada hacia ella, curiosa.
—¿De qué me perdí?
Carolina dejó el teléfono sobre la mesa.
—Me vas a acompañar.
—¿A dónde?
—A casa de los Rossi.
Esmeralda se quedó en silencio un segundo…
Y luego sonrió ampliamente.
—¡Gracias, universo!
Carolina negó con la cabeza.
—Es en serio, Esme.
—Lo sé —respondió, conteniendo la emoción—. Pero… ¡con suerte voy a conocer a tu futuro cuñado!
Carolina la miró con advertencia.
—Espero que te comportes.
Esmeralda levantó las manos.
—Prometo intentarlo.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Por otro lado…
El despacho de Benjamín era amplio, elegante y completamente ordenado.
Paul estaba sentado frente a él, relajado, mientras Benjamín revisaba unos documentos.
—Entonces… ¿ya conociste a tu futura esposa? —preguntó Paul.
Benjamín dejó los papeles a un lado.
—Sí.
—¿Y?
Benjamín se recostó en su silla.
—Nada especial.
Paul arqueó una ceja.
—¿Nada?
—Nada.
—¿Ni siquiera es bonita?
Benjamín dudó apenas un segundo.
—Lo es.
Paul sonrió.
—Ah… ahí está el detalle.
Benjamín lo ignoró.
—El beso fue… soso. Sin gracia.
Paul soltó una risa.
—¿Qué esperabas? La tomaste desprevenida.
—No es mi problema.
—Tal vez sí.
Benjamín lo miró con frialdad.
—No.
En ese momento, la puerta se abrió sin previo aviso.
Daniel entró primero.
—Interrumpo algo interesante o solo tu mal humor de siempre.
Detrás de él, Macarena apareció, elegante como siempre.
—Seguro es lo segundo.
Paul se giró levemente.
Y sus ojos se encontraron con los de Macarena.
Hubo un segundo de silencio.
Una chispa.
Tensión.
—Macarena —dijo Paul con una leve sonrisa.
—Paul —respondió ella, con tono neutro… pero sin apartar la mirada.
Daniel rodó los ojos.
—¿Otra vez ustedes dos?
—Cállate —dijeron ambos al mismo tiempo.
Benjamín suspiró.
—¿Qué quieren?
—Trabajo —respondió Macarena—. El proyecto de expansión necesita aprobación.
Durante unos minutos, la conversación giró en torno a números, estrategias y decisiones empresariales.
Los cuatro estaban acostumbrados a trabajar juntos.
Paul ocupaba un puesto clave en la división financiera.
Daniel manejaba operaciones.
Macarena supervisaba relaciones corporativas.
Y Benjamín… era el que manejaba todo.
—Y hablando de negocios —dijo Macarena finalmente—. ¿Cuándo es la fiesta de compromiso?
Benjamín tensó la mandíbula.
—Pronto.
Macarena sonrió con ironía.
—No puedo esperar.
Paul la miró.
—¿Por qué tanto entusiasmo?
—Porque no me cae bien —respondió sin rodeos—. Tiene cara de mosca muerta.
Daniel frunció el ceño.
—Ni siquiera la conoces.
—No necesito hacerlo. Se nota que es una oportunista.
Benjamín no dijo nada.
Pero en el fondo…
Pensaba lo mismo.
Paul negó con la cabeza.
—O tal vez no.
Macarena lo miró.
—¿La estás defendiendo?
—Solo digo que no sabemos la historia completa.
Daniel asintió.
—Exacto.
Macarena cruzó los brazos.
—Claro… ustedes siempre viendo lo mejor de la gente.
Benjamín se levantó.
—No importa. Esto es un acuerdo.
—Para ti todo es un negocio te pareces a papá —murmuró Daniel.
Benjamín lo ignoró.
Pero en su mente…
Por un instante…
Apareció la imagen de Carolina.
Y ese beso.
Que, aunque quisiera negarlo…
No había sido tan insignificante.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Más tarde, el teléfono de Macarena vibró sobre su escritorio. Al ver el nombre, sonrió levemente.
—Kendra, qué sorpresa.
—Quería saber cómo está mi mejor amiga —respondió la voz al otro lado, suave y segura.
Macarena suspiró, recostándose en la silla.
—De malas… Benjamín se va a casar.
Hubo una breve pausa.
—¿Ah, sí? —preguntó Kendra con naturalidad—. ¿Y quién es la afortunada?
—Nadie importante —respondió con desdén—. Una tal Carolina Álvarez.
Kendra guardó silencio un segundo, aunque su tono no cambió.
—Vaya…
Macarena sonrió con ironía.
—Bueno… cambiando de tema —añadió Kendra—. Estoy en la ciudad y quería verte.
Macarena se incorporó, sorprendida.
—¿En serio? Perfecto. Nos vemos hoy, iré a tu departamento.
Kendra colgó la llamada… con una expresión pensativa.
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Kendra Ibarra, 25 años, Encargada de relaciones públicas de Rossi Global Holding.
queremos leer un poco más...maravillosa como estas llevando el trama ..excelente novela 👌👌👏👏👏
ya empezó lo bueno excelente historia