En el poderoso reino de Valdoria, la belleza es poder… y el amor, una condena.
Lady Anya Naville, segunda hija de un influyente archiduque, ha sido admirada toda su vida como el diamante del reino. Prometida desde la infancia al príncipe heredero, Maxime Iker Lindberg, Anya creció creyendo que su destino era convertirse en reina… y esposa del único hombre que había amado.
Pero todo se derrumba cuando una noble extranjera cautiva el corazón del príncipe.
Consumida por los celos y la humillación, Anya comete un acto imperdonable usando la magia prohibida que corre por su sangre. Su crimen la convierte en la villana del reino y la lleva a enfrentar la ejecución pública.
Sin aliados. Sin amor. Sin esperanza.
Hasta que, en su última hora de vida, lanza un hechizo imposible.
Anya despierta años en el pasado, atrapada nuevamente en su cuerpo de cinco años, pero conservando todos los recuerdos de su trágico futuro.
Esta vez no cometerá los mismos errores.
NovelToon tiene autorización de Callenta001 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 24 | ¿Buenas o malas noticias?
El bádminton no era complicado, pero tampoco era tan simple como parecía.
—No es solo golpear —dijo la profesora, caminando frente a nosotras con la raqueta en mano—. Es control, precisión y lectura del movimiento.
Algunas asentían sin entender demasiado. Otras directamente no prestaban atención. Era evidente quiénes estaban ahí por obligación y quiénes intentaban, al menos, adaptarse.
Yo ya sabía cómo funcionaba.
No porque lo hubiera practicado demasiado… sino porque ya lo había visto antes. En otra vida. En otro momento donde nada de esto me resultaba nuevo.
Aun así, tomé la raqueta como si lo fuera. No necesitaba destacar.
Nos hicieron formar parejas.
Me moví hacia uno de los extremos, lo suficientemente lejos como para evitar que alguien se acercara sin motivo. No funcionó.
—Vas muy rápido —dijo Serah, colocándose a mi lado con naturalidad—. Ni siquiera empezaron.
Mira apareció del otro lado, en silencio. No preguntaron y no dudaron, simplemente se quedaron.
Las miré un segundo.
—Podían elegir a otra persona.
—Podíamos —respondió Serah—. No quisimos.
Mira no dijo nada, pero no se movió.
Exhalé suavemente, no valía la pena insistir.
La profesora explicó las reglas básicas, repitió los movimientos iniciales y nos dejó practicar. Nada complejo. Nada que realmente exigiera más de lo necesario.
Tomé la raqueta. El primer golpe fue limpio bueno, aunque no perfecto.
Serah lo notó de inmediato.
—Ya lo hiciste antes.
No era una pregunta.
—Sí.
—Se nota.
No respondí.
El siguiente intercambio fue más lento y controlado. No porque no pudiera hacerlo mejor, sino porque no era relevante.
—No estás usando toda tu capacidad —dijo Serah, devolviendo el golpe con precisión—. ¿Por qué?
La miré apenas.
—Porque no es una competencia.
—Todavía.
Eso me hizo observarla un segundo más, aun así no dije nada.
Seguimos practicando.
Mira intervenía poco, pero cuando lo hacía… no fallaba. No era técnica, no exactamente. Era otra cosa.
Ella percibía antes de actuar.
—Tú tampoco estás usando todo —dije, sin mirarla directamente.
Mira no respondió, pero el siguiente movimiento lo confirmó.
El intercambio se volvió más fluido con el tiempo. Más natural. No perfecto, pero suficiente como para no llamar la atención.
Eso era lo importante.
La clase terminó sin incidentes. Nadie destacó demasiado y nadie falló lo suficiente.
Equilibrio.
Como todo en ese lugar. Parecía que ese era su lema.
El regreso a los dormitorios fue automático. El pasillo estaba lleno, pero no desordenado. Había una rutina ya instalada, incluso después de solo un mes.
Un mes, no parecía tanto.
Entré a mi habitación sin detenerme.
El agua caliente ayudó a despejar la mente. No por cansancio, sino por la acumulación constante de estímulos. Clases, personas, magia… todo en ese lugar exigía atención. Demasiada, para mi gusto.
Me coloqué el uniforme poco después.
Salí cuando el pasillo empezaba a vaciarse, no tenía un destino claro, solo quería un poco de aire fresco antes de la siguiente clase.
Fue ahí cuando los vi.
No estaban en el centro del movimiento. Tampoco completamente apartados. Lo suficiente como para no ser ignorados, pero tampoco interrumpidos.
Evan fue el primero en hablar, en cuanto me acerqué.
Cabello negro despeinado, postura relajada, ojos verde selva que no dejaban pasar nada por alto.
—Llegas tarde.
—Yo no —respondí—. Ustedes.
Sonrió apenas.
Eiden no.
Su mirada ámbar se mantuvo fija en mí, sin desviar, sin suavizar.
—No era opcional —dijo.
—Viaje —añadió Evan—. Familiar.
Asentí.
No pregunté más, no me importaba, la verdad.
—Pensé que no volverían —dije.
—Siempre volvemos —respondió Evan.
Se hizo el silencio, no era incómodo, pero tampoco casual.
—Has cambiado —dijo Eiden.
Lo miré.
—No.
Evan soltó una risa baja.
—Sí.
No respondí. No iba a hacerlo.
—Sabemos qué te pasa —añadió, directo y sin rodeos.
No reaccioné, pero tampoco lo ignoré.
—No —respondí—. No lo saben.
Eiden inclinó apenas la cabeza.
—Lo suficiente.
—Entonces dilo.
Evan negó.
—No todavía.
—¿Por qué?
—Porque necesitamos confirmar.
—¿Qué?
Eiden habló.
—Que es lo mismo.
El silencio cambió, se volvió más pesado y más preciso.
—¿Lo mismo que qué? —pregunté exasperada.
Evan me sostuvo la mirada.
—Eso es lo que vamos a comprobar.
No me moví. No aparté la mirada.
—Hablen claro.
—No aquí —respondió Eiden.
—Entonces no hablen.
El silencio se convirtió en uno más tenso y más… contenido.
Evan exhaló suavemente.
—Nuestro padre llegó ayer.
Eso sí fue nuevo, no lo esperaba. No porque fuera imposible… sino porque no lo había considerado.
—¿Y?
—Queremos que hables con él.
No respondí de inmediato, no porque no entendiera, sino porque lo hacía demasiado bien.
—Está bien —la respuesta fue automática.
Eiden no se sorprendió, Evan tampoco.
—Genial —habló este último.
—¿Dónde y cuándo? —cuestioné. Habían pasado dos años desde que estuve esperando este momento.
—Mañana —respondió Eiden.
Lo miré.
—¿Dónde? —volví a preguntar.
Silencio.
—En la biblioteca—dijo Evan.
Eso me hizo detenerme, solo un segundo. Era arriesgado hablarlo aquí en la academia.
—¿No hay otro lugar?
—No —cortó Eiden, directo.
—Bien —dije, rendida —. Pero antes quiero que me digan lo que saben.
—No.
Evan intervino.
—Porque si lo decimos y no es… no sirve.
Eso tenía sentido.
—Habla con él —añadió—. Después de eso, hablamos nosotros.
—¿Y si no puedo ir?
Eiden no dudó.
—Lo harás.
Esa certeza… no me gustó.
—No saben nada —repetí.
—Sabemos suficiente.
Silencio otra vez, más largo y más incómodo.
—Dos años —dije finalmente, haciendo referencia al tiempo sin vernos—. Y esto es lo primero que dicen.
Evan ladeó la cabeza.
—No parecía necesario empezar por otra cosa.
Tenía razón, no lo era, pero tampoco era algo casual.
Los miré evaluándolos; no estaban jugando, no estaban suponiendo. Sabían algo, no todo, pero algo.
Y eso era suficiente para que fuera un problema.
Exhalé lentamente.
—Bien.
No añadí nada más, no hacía falta.
Eiden asintió apenas.
Evan sonrió.
—Entonces hablamos pronto.
No respondí, me giré sin esperar más. El pasillo seguía igual: las voces, los pasos, la rutina. Pero ya no se sentía igual.
Un mes desde que ingresamos en la academia y recién ahora aparecían. No era una coincidencia, nada lo era.
Y si su padre realmente estaba involucrado…
Si trabajaba con lo que yo creía…
Entonces esto ya no era solo observación, era intervención.
Y eso…
Cambiaba las reglas.
Así que vele pensando en las posibles variantes que pueden traer los "cambios" que puedas o quieras hacer para que no te tomen de sorpresa y desprevenida 🤷♀️🙎♀️🧐
Además el destino no dicierne y sólo proyecta los diferentes caminos que puedes tomar según las buenas o malas decisiones que tomes.🤷♀️🙎♀️
La que la llama es ella del futuro o quien puede ser!?