En el poderoso reino de Valdoria, la belleza es poder… y el amor, una condena.
Lady Anya Naville, segunda hija de un influyente archiduque, ha sido admirada toda su vida como el diamante del reino. Prometida desde la infancia al príncipe heredero, Maxime Iker Lindberg, Anya creció creyendo que su destino era convertirse en reina… y esposa del único hombre que había amado.
Pero todo se derrumba cuando una noble extranjera cautiva el corazón del príncipe.
Consumida por los celos y la humillación, Anya comete un acto imperdonable usando la magia prohibida que corre por su sangre. Su crimen la convierte en la villana del reino y la lleva a enfrentar la ejecución pública.
Sin aliados. Sin amor. Sin esperanza.
Hasta que, en su última hora de vida, lanza un hechizo imposible.
Anya despierta años en el pasado, atrapada nuevamente en su cuerpo de cinco años, pero conservando todos los recuerdos de su trágico futuro.
Esta vez no cometerá los mismos errores.
NovelToon tiene autorización de Callenta001 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 23 | Ritmos distintos
El día siguiente empezó antes de que el sol terminara de salir.
No porque fuera una regla, por costumbre. Siempre me levantaba temprano o, mejor dicho, no podía dormir más.
Abrí los ojos sin apuro, dejando que el silencio de la habitación se asentara unos segundos antes de moverme. No había ruido en el pasillo todavía, lo que significaba que la mayoría seguía durmiendo.
Me levanté igual.
El uniforme estaba donde lo había dejado la noche anterior. Verde oscuro, negro, el escudo bordado en el lado derecho del pecho. No había nada destacable en él, salvo lo que representaba.
Lo ajusté sin prisa, no era incómodo. Pero tampoco era algo que pudiera ignorarse.
No necesitaba de sirvientes a mi alrededor, era más que capaz de arreglármelas sola.
Salí de la habitación cuando el movimiento empezaba a aparecer en los pasillos. Pasos, voces bajas, puertas que se abrían y cerraban. Nada era caótico, todo contenido.
Sabía a dónde ir.
El aula de primer año no era difícil de encontrar. No porque estuviera señalizada, sino porque el flujo de estudiantes llevaba directamente ahí.
Entré sin detenerme.
El espacio era más pequeño que el salón principal, pero suficiente. Filas de escritorios, una ventana amplia en uno de los lados, luz suficiente para no depender de nada más.
Algunos ya estaban sentados, otros dudaban. No me detuve a observar demasiado.
Vi a mi grupo casi de inmediato, no estaban juntos todavía. Eso no duraría.
Caminé hacia ellos sin decir nada y tomé asiento en uno de los lugares disponibles. No en el centro, pero tampoco en el borde.
Equilibrio.
Tarek fue el primero en reaccionar.
—Bueno, al menos uno de nosotros llegó temprano.
—No es temprano —respondí—. Es la hora.
Eso le sacó una leve sonrisa.
—Sí, claro.
Serah se sentó frente a nosotros, cruzando una pierna con naturalidad.
—Van a obligarnos a sentarnos así, ¿no?
—Sí —respondió Elian, acomodándose con rigidez—. Dijeron que los grupos trabajan juntos.
—Perfecto —murmuró Tarek—. Más tiempo para conocernos.
Mira tomó asiento sin decir nada, como el día anterior. Pero estaba escuchando como siempre.
El silencio duró apenas un momento, no incómodo, pero tampoco cómodo. Era raro.
—Bueno —dijo Tarek, apoyando un brazo sobre la mesa—. Ayer fue… breve.
—Fue suficiente —respondió Serah.
—Para nombres, sí. Para todo lo demás… no tanto.
Elian dudó un segundo antes de hablar.
—Podríamos… profundizar un poco más.
—Eso sonó raro —dijo Tarek.
—No lo dije así —se quejó Elian.
—Pero lo sonó.
Serah exhaló apenas, como si estuviera decidiendo si intervenir o no.
—Tiene razón —dijo finalmente—. Si vamos a trabajar juntos, necesitamos saber más que solo nombres y tipos de magia.
Eso era lógico.
—Empieza tú entonces —añadió Tarek.
Serah no dudó.
—Mi magia es manipulación de energía —repitió—. No solo canalizarla. Puedo redirigirla, alterarla en cierto nivel.
Más específico.
—¿Defensa o ataque? —preguntó Tarek.
—Ambos.
Directo.
Elian asintió.
—La mía es refuerzo. Puedo aumentar propiedades físicas. Fuerza, resistencia…
—¿Propias o de otros? —pregunté.
Me miró apenas sorprendido.
—Principalmente propias… pero estoy trabajando en extenderlo.
Asentí, eso tenía utilidad.
Tarek se recostó apenas en la silla.
—Proyección —dijo—. Energía a distancia. No muy complicado.
—Nada en este lugar es “no complicado” —murmuró Serah.
—Bueno, relativamente.
Mira habló sin levantar mucho la voz.
—Sensitiva —silencio breve—. Percibo cambios. Energía, intenciones… cosas así.
Eso explicaba su forma de observar.
—¿Siempre? —preguntó Tarek.
—No.
Corto y claro.
Todos me miraron otra vez, era inevitable.
—Arcana —dije.
El silencio cambió. No fue evidente, pero estuvo ahí.
—¿Arcana? —repitió Elian sorprendido.
—Sí —respondí tranquila.
Tarek se inclinó apenas hacia adelante.
—Eso es… amplio.
—Lo es.
—¿Qué haces exactamente? —cuestionó intrigado.
Lo miré.
—Depende.
No insistió de inmediato, pero la curiosidad seguía ahí.
—Manipulación de energía —añadí—. En niveles más… variables.
Serah me observó con más atención.
—Eso no es común.
—No —dije, sabiendo bien que quería que explicara a más profundidad.
Elian parecía estar procesando la información.
—Entonces puedes… ¿Adaptarte?
—Sí —podía más que adaptarme, pero no les iba a decir.
No expliqué más, no hacía falta. El silencio volvió, pero esta vez no era incómodo, era… diferente. Más enfocado y más consciente.
—Bueno —dijo Tarek finalmente—. Eso explica por qué nos juntaron.
—Equilibrio —murmuró Serah.
—Sí, claro. Equilibrio.
Elian asintió otra vez, Mira no apartó la mirada.
La puerta se abrió antes de que alguien más hablara y el profesor entró sin anunciarse. El aula se silenció de inmediato.
—Buenos días —su voz no era fuerte, pero era suficiente para ser escuchada—. Es su primera clase.
Nadie respondió.
—No vamos a empezar con teoría —algunas miradas se tensaron—. Vamos a observar.
Eso sí llamó la atención.
—Cada grupo va a trabajar junto —miró el aula—. Quiero ver cómo se mueven.
No cómo peleaban, no cómo atacaban. Cómo se movían.
—No se preocupen por hacerlo perfecto —hizo una pausa breve—. Eso sería un error.
El ambiente cambió.
—Empiecen.
No dio más instrucciones, ni explicaciones de nada.
Tarek soltó aire lentamente.
—Bueno… eso fue rápido.
Serah ya estaba de pie.
—Entonces no perdamos tiempo.
Elian la siguió, Mira también. Me levanté última, no por duda, por elección.
El espacio frente a nosotros estaba libre, esperándonos. Y, por primera vez en ese lugar… no estaba recordando qué hacer. Estaba viendo cómo lo hacían ellos.
Y eso… era más interesante.
El ejercicio no duró tanto como esperaba o, al menos, no de la forma en que lo plantearon.
No hubo combates, ni demostraciones exageradas. Nada que permitiera destacar de inmediato. Solo movimiento, coordinación, intentos de sincronizar algo que todavía no estaba del todo construido.
Predecible.
Tarek fue el primero en intentar tomar control.
—Bueno, algo simple —dijo, mirando el espacio frente a nosotros—. Nada complicado.
—Nada aquí es simple —respondió Serah, pero no lo contradijo.
Elian dudó apenas, Mira observaba y yo… no intervine de inmediato. Los dejé empezar, era más útil así.
Tarek lanzó la primera proyección, directa, sin demasiada fuerza. No era un ataque real, más bien una prueba. Serah reaccionó rápido, desviando la energía con un movimiento limpio.
Elian reforzó su posición casi al mismo tiempo, aunque un segundo tarde. Mira no se movió, pero lo sintió antes que los demás. Lo noté.
No estaban mal, solo… desordenados. Sin coordinación real.
—Otra vez —dijo Serah.
Esta vez fue más rápido, más ajustado y con menos duda.
Intervine en la tercera repetición. No hice algo visible, no del todo, solo… ajusté.
La energía que Tarek proyectó se estabilizó antes de dispersarse. El movimiento de Serah fue más limpio. El refuerzo de Elian llegó en el momento justo.
No dije nada, no hacía falta, pero lo notaron. Mira fue la primera en mirarme, no preguntó. Solo entendió.
—Otra —dijo Tarek.
Esta vez no dudaron. No fue perfecto, pero fue mejor, mucho mejor.
El profesor no intervino en ningún momento, solo observaba, era simplemente un espectador.
Como había dicho, cuando la clase terminó, no hubo correcciones. Eso también era parte del sistema.
Salimos del aula sin que nadie dijera mucho, el silencio no era incómodo, era… procesado.
—No estuvo mal —dijo Tarek finalmente.
—No —respondió Serah—. Pero tampoco bien.
—Progreso —añadió Elian.
Mira no habló, pero seguía observando.
Sabía lo que venía después, el desayuno.
No dije nada, no porque no quisiera, sino porque no llegué a hacerlo.
—Anya.
La voz fue suficiente. No necesité girarme para saber quién era.
Ian.
Antes de poder reaccionar, ya estaba a mi lado.
—Ven.
No fue una sugerencia.
—Estoy con mi grupo —respondí.
—Después vuelves.
No me dio tiempo a añadir nada más. Kael apareció del otro lado.
—No te vamos a robar tanto tiempo.
No sonaba como una petición.
Tarek levantó una ceja.
—Bueno… eso fue rápido.
—Nos vemos en la siguiente clase —dijo Serah, sin intervenir más.
No insistieron, no tenía sentido. Ian ya me estaba arrastrando hacia otra dirección. Literalmente.
—Podrías avisar —murmuré refunfuñando.
—Podrías venir sin que te arrastre.
—No lo haría.
—Exacto —dijo con obviedad.
Kael caminaba a nuestro lado, sin apuro.
El comedor estaba lleno.
Mesas largas, organizadas sin un orden rígido, pero tampoco caótico. Cada grupo ocupaba su espacio de forma natural.
Los encontré antes de que llegáramos. Maxime y Alexei ya estaban sentados, no sorprendía… siempre llegaban antes.
Ian me soltó cuando alcanzamos la mesa.
—Listo.
—No necesitabas hacer eso —dije, sentándome.
—Sí necesitaba.
Me senté sin discutir más, no valía la pena. Kael tomó asiento a mi lado. Maxime levantó la mirada apenas.
—¿Cómo fue?
Directo, como siempre.
—Bien.
—Eso no dice nada —dijo Ian.
—Dice lo necesario.
Alexei apoyó los brazos sobre la mesa.
—¿Tu grupo?
—Funcional.
—¿Solo eso? —preguntó Ian.
Lo miré.
—Por ahora —mis repuestas comenzaban a incomodarlos.
Eso pareció ser suficiente, pero para él no.
—¿Qué hacen?
—Refuerzo, proyección, manipulación de energía… y una sensitiva.
Silencio breve.
—Variado —murmuró Kael.
—Ese es el punto —respondí.
Maxime no apartó la mirada.
—¿Y tú?
—Arcana.
No era nuevo para ellos, pero tampoco algo que ignoraran.
Ian apoyó el codo en la mesa.
—¿Te están siguiendo el ritmo?
—No tienen por qué.
—Sí lo tienen —me miraba con una sonrisa socarrona.
—No —lo miré un segundo más—. Tienen que encontrar el suyo.
Eso lo hizo sonreír apenas.
—Sigues igual.
—No.
Kael intervino antes de que Ian respondiera.
—¿Cómo se movieron?
No era una pregunta casual.
—Desordenados —respondí—. Pero ajustables.
Encogí los hombros. Maxime asintió levemente.
—Eso es suficiente.
Alexei no habló de inmediato.
—¿Interviniste?
Lo miré.
—Lo necesario.
No preguntó más.
Ian se recostó en la silla.
—Suena aburrido.
—No lo fue.
—Entonces lo estás contando mal —se quejó.
—O no necesitas saber más —respondí graciosa.
Eso le sacó una risa baja.
—Sí, definitivamente sigues igual.
No respondí, no era cierto. Pero tampoco iba a explicarlo.
El desayuno continuó sin tensión, aun así tampoco era ligero. Había algo distinto, no en lo que decían, sino en cómo lo hacían. Era más directo y más… consciente. Como si todos estuvieran midiendo algo al mismo tiempo.
No me incomodaba, pero lo notaba. Y eso… era suficiente para mí.
La que la llama es ella del futuro o quien puede ser!?