Lyhia era una lectora que gritaba a la pantalla: «¡Este tirano es un padre de mierda!» hasta que tropezó con un cable y ¡pum! Despertó como Alice Sigrid, la niña de siete años que en la novela termina con la cabeza rodando por culpa del mismo tirano.
Plan perfecto; escapar antes de que papá Draven afine la guillotina familiar. Pero sorpresa, un sistema le regala puntos por soltar chismes mentales .
Lo peor; sus pensamientos son un megáfono invisible. Alice planea fugas épicas mientras piensa «¡Huyo esta noche, adiós palacio de locos!».
Resultado: todo falla “por casualidad”, mamá la abraza más fuerte y papá la mira como si fuera su posesión más preciada.
Chismes que salvan vidas, pensamientos que la condenan y un tirano que, contra todo pronóstico, empieza a parecer… ¿humano?
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Capítulo 24
El primer golpe resonó claro, seguido de otro y otro más, marcando un ritmo imposible de ignorar. Cada bofetada caía precisa, sin exceso, pero sin piedad, obligando el rostro de Vespera a girarse una y otra vez mientras su compostura se desmoronaba frente a todas. Nadie se atrevía a mirar directamente, pero tampoco podían apartar la vista. Una por una, las demás damas comenzaron a arrodillarse, casi al mismo tiempo, como si el miedo hubiera recorrido el salón en silencio. Cabezas inclinadas, manos tensas sobre sus regazos, y respiraciones contenidas. Cuando el noveno golpe cayó, el sonido pareció quedarse suspendido en el aire un segundo más. Los guardias soltaron a Vespera sin ceremonia, dejándola en el suelo, obligada a sostenerse por sí misma. Seraphina, en cambio, de un pequeño sorbo a su té, tranquila, como si nada extraordinario hubiera ocurrido, como si aquello no fuera más que una simple corrección dentro del orden que ella misma acababa de imponer.
—Queridas hermanas. Recuerden esto. Después del emperador y laemperatriz yo estoy por encima de todas ustedes, no es una sugerencia es una ley. Si alguna vuelve a desafiarme o a faltarme al respeto... Entonces no me culpen por lo que decida hacer después; porque la próxima vez no me limitaré a corregir modales, sino que eliminaré el problema desde la raíz. ¿Quedo claro?…
Las damas se miraron entre sí, para luego asentir con un movimiento de cabeza.
El silencio que siguió fue incómodo para las demás, pues Seraphina parecía muy tranquila. Nadie se movía, nadie hablaba... ni siquiera se atrevían a levantar la mirada más de lo necesario. Incluso el leve sonido de la porcelana al tocar la mesa pareció demasiado fuerte en ese momento. Seraphina no necesito repetir nada, ni alzar la voz, ni mirar a cada una. Ya lo había dejado claro. El orden había cambiado. Lo que antes era un espacio de competencia disfrazada de cortesía, ahora se sentía como un territorio marcado.
...............
Regresando al palacio, el ambiente allí aún no se había relajado del todo... después del tema anterior, aúnque todo parecía haberse estabilizado, la tención seguía presente flotando entre los ministros como una advertencia silenciosa.
—¿Hay algún otro asunto? —preguntó finalmente, con una voz baja y firme —. De no ser así, daremos por terminada la audiencia de hoy.
Hubo un leve movimiento entre los presentes. Dudas, miradas cruzadas... hasta que, sin titubear una figura dio el primer paso al frente. El vice ministro Sheldon.
—Su Majestad —inclinó la cabeza con respeto —. De hecho… hay un asunto que considero ya no puede seguir posponiéndose. —dijo y el silencio volvió a instalarse. Draven no hablo, pero su mirada se posó directamente sobre él indicándole que continuara.—Ha pasado tiempo suficiente. El imperio no puede permanecer sin una emperatriz de manera indefinida. Es necesario... dar estabilidad a la corte y al pueblo.
Un murmullo bajo recorrió la sala. Varios ministros asistieron ante las palabras de Sheldon.
—El ministro Sheldon tiene razón, el pueblo nesecita una figura central femenina—añadio otro —. No solo por tradición... sino por orden.
Draven escuchó todo sin interrumpir, sin reaccionar. Como si nada de eso le sorprendiera para nada.
—Ya veo... —murmuró finalmente —. Siendo ese el caso... ¿Tienen alguna candidata en mente?
La pregunta cayó directa, sin rodeos. Sheldon no dudó, pero antes de responder lanzó una mirada discreta casi imperceptible hacia el general.
—Sí, su Majestad —dijo con seguridad —Considero que la candidata más adecuada es la gran concubina real... hija del gran general Malakor. Su linaje es impecable, proviene de una familia militar de gran prestigio. Además, su posición actual dentro del harén la coloca naturalmente por encima de otras candidatas. Así que nombrarla emperatriz consolidaría la autoridad militar y reforzaría la estabilidad política interna. Sería... una decisión lógica.
El peso de sus palabras quedó suspendido en el aire. Hasta que otra voz intervino.
—Me temo que no puedo estar de acuerdo.—comentó el ministro de justicia, Elden dando un paso al frente. —La gran concubina real carece de méritos suficientes para ocupar ese lugar. —término de decir. El silencio fue inmediato. Tenso, pesado. Los ojos de Malakorse movieron lentamente hacia él.
—Ministro Elden...—dijo con voz controlada —¿Está insinuando que mi hija es incapaz?
Elden inclinó apenas la cabeza.—No me atrevería a decir algo así de forma directa...—respondió con calma. —Pero tampoco puedo ignorar la realidad. La posición de emperatriz no puede sostenerse únicamente en el linaje. Todo requiere presencia, influencia... y acciones que beneficien directamente al imperio. En ese sentido... la consorte real ha demostrado más méritos.— continúo y algunas miradas se dirigieron hacía él—Ha llevado a cabo obras a favor del pueblo. Donó dos cofres de oro para la reconstrucción de las zonas afectadas por el derrumbe del este. Ha financiado refugios, alimentos... y ha ganado el favor de la gente.—hizo una pausa —Sin mencionar... que ha dado a luz al primogénito imperial, y a la pequeña princesa real. Además, aunque muchos parecen olvidarlo...su origen no es tan insignificante como se quiere hacer ver.
Malakor entrecerró los ojos. —Explíquese.
— La consorte real es hija de un comerciante, sí— admitió Elden— .Pero su madre... era hija del difunto general de este imperio. Su sangre no está tan alejada del ámbito militar como algunos pretenden insinuar.
Alice, desde su lugar, observaba la escena con atención y por dentro no puede evitar soltar ciertos comentarios.
"Wow... Este ministro si que sabe hablar " paso su mirada en Elden, claramente impresionada. " Por fin alguien con un poco de cerebro en esta sala. "
Sin embargo, su mirada se movió lentamente hacia Malakor... pero mucho más indiferente.
" Y tú ... te atreves a criticar a mi madre. ¡Claro que tu hija es incapaz! ¿ Además de tramar trucos sucios qué más sabe hacer? "
En el salón todos se habían dividido en dos facciones claras, dos fuerzas enfrentadas. Y en mediode todo, Draven. Que solo miraba en silencio sin intervenir.
—Parece... —añadió Malakor sin siquiera mirarlo, con voz baja pero cargada de filo — que el ministro de Justicia tiene algo personal en contra de este general. Me resulta curioso... que cada vez que se menciona el nombre de mi hija usted encuentre razones para desestimarla, mientras eleva a otros con una facilidad admirable. —su mirada se deslizó lentamente hacia Elden — ¿Debo asumir entonces que su juicio es completamente imparcial... o que está influenciado por preferencias personales? Porque si hablamos de méritos... mi familia ha servido a este imperio durante generaciones. Hemos derramado sangre en sus fronteras, hemos mantenido la estabilidad cuando otros solo debatían en salones como este. Y sin embargo, usted reduce todo a esto a "falta de méritos".