"Antes de la leyenda, existió una verdad oculta entre las sombras del bosque. María Clara solo buscaba sanar con sus brebajes, pero una premonición de muerte y un amor prohibido marcaron su destino para siempre
Precuela de la novela amor sobrehumano
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Capítulo 24 - Luciana salva a Nicolás de morir ahogado
El pánico se apoderó de la zona prohibida. Julieta, cegada por el instinto de supervivencia, huyó hacia la espesura dejando a Nicolás a merced de la bestia.
—¡Julieta! —gritó el joven, pero solo recibió el eco de sus pasos y el rugido ensordecedor del oso que se abalanzaba sobre él.
El Rescate en las Aguas
Nicolás corrió desesperado hasta que el terreno se terminó bajo sus pies. Frente a él, un acantilado y, abajo, el rugido de un río caudaloso. Sin otra opción, se lanzó al vacío. El impacto contra el agua helada le robó el aire y la corriente, implacable, comenzó a arrastrarlo.
—¡Auxilio! —logró gritar antes de que el agua inundara sus pulmones y la oscuridad lo reclamara.
A lo lejos, Luciana se detuvo en seco. Sus oídos captaron el agónico pedido de ayuda. Con una velocidad sobrenatural, atravesó el bosque y llegó al risco. Sin dudarlo, se lanzó al agua. Nadó con una fuerza que ningún humano poseería y alcanzó el cuerpo inerte de Nicolás justo antes de que se hundiera en un remolino.
La Mentira y la Verdad
Mientras tanto, Camilo y Lina eran escoltados por un guardabosque. Al encontrarse con Julieta, que lloraba desconsolada, la verdad salió a la luz.
—¡La dejaste solo! ¡Lo abandonaste a su suerte! —rugió Camilo, fuera de sí—. Si mi amigo está muerto, será tu culpa, Julieta.
En la orilla del río, Luciana arrastró el cuerpo de Nicolás hasta la arena. El joven no respiraba. Desesperada, Luciana se inclinó sobre él y le dio respiración boca a boca. Tras unos segundos de angustia, Nicolás tosió, expulsando el agua de sus pulmones. Sus ojos se abrieron ligeramente, pero la luz del sol y el agotamiento solo le permitieron ver una silueta borrosa de una belleza celestial.
—Ya estás bien... —susurró Luciana con alivio. Al escuchar los pasos del guardabosque acercándose, desapareció entre los árboles como un fantasma de luz.
El Regreso de las Sombras
Horas más tarde, Luciana entró sigilosamente en su casa, empapada y exhausta. Soledad la esperaba con el rostro severo.
—Llegas tarde, Luciana. ¿Qué pasó?
—Un chico se estaba ahogando en el río y lo rescaté, tía. Por eso estoy así.
Soledad, al ver la nobleza en los ojos de su sobrina, suavizó la mirada.
—Eres igual a tu madre, Luciana. Tienes su corazón. Ahora cámbiate antes de que enfermes.
En la oficina de los guardabosques, el reencuentro entre los amigos fue amargo. Nicolás, aún débil, rechazó el abrazo de Julieta con frialdad.
—Me dejaste solo, Julieta. Gracias a eso, sé exactamente quién eres —sentenció él—. Si estoy vivo, es gracias a una chica que me rescató del río... a ella le debo la vida.
Julieta guardó silencio, carcomida por el odio hacia esa "desconocida", mientras Nicolás tocaba sus labios, sintiendo todavía el rastro del aliento de Luciana, la joven que, sin saberlo, acababa de salvar a su propio destino.
El guardabosque observó a los jóvenes con severidad mientras los escoltaba a la salida.
—Espero que esta sea la última vez que los veo merodeando por la zona prohibida —sentenció.