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ANTES DEL PACTO ESPIRITUAL

ANTES DEL PACTO ESPIRITUAL

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Elección equivocada / Traiciones y engaños
Popularitas:560
Nilai: 5
nombre de autor: Margaret Gimenez

Black fue uno de los asesinos cazarrecompensas más temidos del Clan Luna Negra, hasta que un desamor y el alcohol lo empujaron al Bosque Oscuro, donde debía morir.

Pero sobrevivió… pagando un precio.
Un collar sellado con un anillo lo convierte en el guardián espiritual de Daily, la nueva y más joven líder del clan Yshir, cuyo poder es más una maldición que una bendición. Ex cazadora de monstruos y demonios, Daily está convencida de que el amor es una estupidez innecesaria.

Atados por un sello divino que ninguno pidió, deberán convivir mientras fuerzas hambrientas de poder, monstruos, demonios y antiguos secretos se alzan. Fingir que no sienten nada será parte del trato… porque cuanto más intenten romper el vínculo, más cerca estarán de perderse a sí mismos.

NovelToon tiene autorización de Margaret Gimenez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Resonancia

Daily atravesó el último límite energético.

El aire se comprimió a su alrededor.

El domo vibró… y se abrió.

Y en el centro…

Black estaba de pie.

Sin cadenas.

El líder enemigo a su lado.

Y él no parecía prisionero.

El suelo aún humeaba por la ruptura del sello. Restos de energía chisporroteaban como brasas azules en el suelo destruido. El silencio que siguió fue más violento que cualquier explosión.

Daily no se detuvo.

No retrocedió.

Lo miró.

Y no hubo sorpresa en sus ojos.

Solo confirmación.

Black sostuvo su mirada. Su expresión era tranquila. Demasiado tranquila. La sombra de una sonrisa fría cruzó sus labios, apenas perceptible, como si hubiese estado esperando exactamente ese momento.

—Tardaste —dijo el líder, con falsa cortesía.

Daily no respondió.

Sus ojos seguían fijos en Black.

Él inclinó ligeramente la cabeza, como si reconociera algo inevitable.

—No estoy encadenado —dijo él con calma—. Nunca lo estuve.

Gran mentira.

Porque en su mano izquierda, donde llevaba el anillo, y en su pecho, aún ardía el poder del vínculo y las huellas invisibles de las cadenas que lo atravesaron.

Aunque lo disimulaba perfectamente.

Sabía muy bien que ella también lo sentía.

Y esa conexión era lo que más odiaba.

El domo terminó de desintegrarse detrás de Daily. El viento arrastró polvo y ceniza entre los tres.

Daily exhaló lento.

—Lo sé.

El líder observó la escena con interés, como si esperara un grito, una acusación, una fractura emocional que pudiera aprovechar.

Pero Daily no era eso.

Nunca lo fue.

—Siempre supe que elegirías tu libertad —continuó ella, su voz baja, estable—. Solo esperaba que no me entregaras.

La sonrisa de Black no desapareció.

Pero sus ojos sí cambiaron.

Un segundo.

Apenas un segundo.

El líder dio un paso adelante.

—No seas dramática. Esto es simple. Entrégame el anillo que tiene este hombre —dijo señalando a Black—, ven conmigo y todo termina aquí.

Su voz se volvió más afilada.

—Sé que el pacto aún no está firmado. Todavía puede deshacerse. Y él está de acuerdo.

Miró a Black de reojo.

—Imagino que no lo has hecho porque es poca cosa para ti… y no es adecuado para cargar con todo ese poder que llevas.

Black frunció el ceño.

El viento se detuvo.

El brazalete en la muñeca de Daily comenzó a vibrar.

No con furia.

Con reconocimiento.

Ella bajó la mirada hacia él.

Ese poder…

Ese vínculo…

Esa carga que nunca quiso aceptar.

Black habló entonces, más firme:

—Hazlo. Deshazte de él. Eso es lo que querías, ¿no? Libertad para ambos.

Daily volvió a mirarlo.

Y ahí estuvo la verdad que nadie más entendía.

No le dolía que él la traicionara.

Siempre supo quién era.

Lo que temía…

Era que decidiera entregarla a otro.

El líder extendió la mano.

—Es ahora.

La energía comenzó a acumularse en el centro del bosque. Las grietas del suelo se iluminaron. El aire se volvió pesado, como si el mundo estuviera conteniendo la respiración.

Daily cerró los ojos.

Durante años contuvo ese poder.

Lo selló.

Lo negó.

Lo fragmentó.

Porque sabía lo que implicaba aceptarlo.

Cuando volvió a abrirlos… ya no eran completamente humanos.

—No —susurró.

El líder frunció el ceño.

—¿No?

El líder habló entonces con los brazos cruzados, la voz cargada de fastidio contenido.

—En fin… si no es por las buenas, será a tu manera.

Al terminar sus palabras, el aire se rasgó.

Cuatro figuras enmascaradas emergieron desde los bordes del claro como si hubieran estado ocultas dentro de la misma sombra. No descendieron. No saltaron. Simplemente aparecieron.

Black dejó de sonreír.

—Qué necia… —murmuró, manteniendo ese tono despreocupado que ya no engañaba a nadie.

Y entonces atacaron.

Al mismo tiempo.

Uno desde la espalda.

Otro de frente.

Los otros dos por los costados izquierdo y derecho.

Sin advertencia. Sin sonido previo.

Daily reaccionó por instinto.

Su cuerpo se movió antes de que su mente formulara la orden. Giró sobre su eje y se impulsó hacia atrás, pero apenas logró salir del punto exacto donde convergieron los cuatro ataques.

La explosión de energía que impactó el suelo levantó tierra, raíces y piedra como si el bosque hubiera sido golpeado por un rayo.

Aterrizó sobre una rodilla, deslizando varios metros.

Entonces lo supo.

No eran ejecutores comunes.

Su energía no era desordenada ni impulsiva.

Era técnica.

Precisa.

Incluso más que la de muchos guerreros veteranos del clan.

Se incorporó lentamente.

Las cuatro figuras la rodeaban otra vez, manteniendo la misma distancia entre sí. No hablaban. No respiraban con agitación.

Coordinación absoluta.

El líder observaba con interés.

—Son prototipos de combate —comentó con calma—. Diseñados para enfrentar portadores de sellos.

Black no dijo nada.

Pero su mandíbula se tensó apenas.

La primera figura volvió a moverse.

Esta vez no atacó de frente.

El suelo bajo los pies de Daily se oscureció y se convirtió en una superficie viscosa que intentó inmovilizarla. Al mismo tiempo, una lanza de energía comprimida fue lanzada desde su derecha.

Daily extendió la mano.

El símbolo del clan apareció bajo sus pies y el terreno recuperó su forma sólida en un pulso de luz. Con la otra mano desvió la lanza apenas lo suficiente para que rozara su hombro en lugar de atravesarlo.

El impacto la hizo retroceder.

Sangre tibia descendió por su brazo.

No profunda.

Pero real.

El tercero apareció detrás de ella, demasiado rápido.

Sintió la presencia un segundo antes del golpe. Se inclinó hacia adelante, permitiendo que la hoja espiritual cortara el aire donde había estado su cuello.

Giró y respondió con un golpe directo al centro del torso del atacante.

El impacto no lo lanzó lejos.

Solo lo obligó a retroceder dos pasos.

Demasiado resistente.

El cuarto descendió desde arriba.

Un golpe vertical cargado de energía oscura cayó directo hacia su cabeza.

Daily cruzó los brazos y bloqueó.

La onda de choque hundió sus pies en la tierra.

El suelo se agrietó en círculo a su alrededor.

Por un instante, quedó inmóvil.

Los cuatro no se detuvieron.

Atacaron otra vez.

Una secuencia impecable.

No buscaban matarla rápido.

Buscaban agotarla.

Desgastar el sello.

Forzarla a liberar más poder.

Y finalmente rendirse y ceder ante el líder.

Daily comprendió la estrategia.

—Quieren medir cuánto puede soportar —murmuró apenas.

Desde el centro, el líder sonrió.

—Exactamente.

Uno de los atacantes logró rozar su costado. El corte no fue profundo, pero la energía adherida intentó infiltrarse bajo su piel como veneno espiritual.

Daily apretó los dientes.

Su respiración comenzó a volverse más pesada.

Black la observaba sin intervenir.

Pero el anillo en su mano ardía.

La marca en su pecho reaccionaba al mismo ritmo que el brazalete de ella.

Y eso lo enfurecía.

Porque cada impacto que recibía Daily vibraba dentro de él.

Uno de los enmascarados logró sujetar su muñeca por detrás.

El segundo apareció frente a ella, preparando un golpe directo al corazón

El tercero selló el espacio lateral.

El cuarto bloqueó cualquier retirada.

Coordinación perfecta.

Por primera vez, Daily no intentó esquivar.

Cerró los ojos.

Y soltó.

No todo.

Solo lo suficiente.

El símbolo bajo sus pies se expandió más allá de su perímetro habitual. No como explosión, sino como presión concentrada.

La figura que la sujetaba fue lanzada hacia atrás por una descarga limpia.

El golpe dirigido a su pecho se desvió cuando el aire frente a ella se comprimió en una barrera invisible.

Los otros dos fueron empujados varios metros por una onda que no era caótica.

Era quirúrgica.

El bosque entero vibró.

Las hojas se desprendieron de los árboles en una espiral ascendente.

Cuando el polvo se asentó, Daily seguía de pie.

Su cabello se movía lentamente por la energía residual.

Sus ojos ya no eran completamente humanos.

El negro y carmesí en ellos brillaba con una intensidad fría.

—Suficiente —dijo.

Los cuatro atacantes dudaron por primera vez.

Pequeña fisura.

El líder frunció el ceño.

—Interesante…

Black dio unos pasos atrás, apretando con fuerza el puño donde llevaba el anillo, y se sentó sobre un tronco para tomar más distancia de ella.

Cada vez sentía con más intensidad un dolor agudo que lo arrastraba en su dirección.

Por esa razón prefería alejarse.

Y lo sintió.

Ese poder no era solo del clan.

Era algo más antiguo.

Algo que no había sido registrado en los archivos del Consejo.

Uno de los enmascarados intentó un último ataque frontal, concentrando toda su energía en una lanza que atravesó el aire con un sonido agudo.

Daily no se movió.

La lanza se detuvo a centímetros de su pecho.

Suspendida.

La energía alrededor de ella cambió de forma.

No era luz.

Era dominio.

Con un leve gesto de su mano, la lanza se fragmentó en partículas que se disolvieron antes de tocar el suelo.

Luego miró directamente al líder.

—Ya midieron.

Silencio absoluto.

El viento no regresó.

El bosque parecía inclinarse hacia ella.

Los cuatro atacantes retrocedieron, aún en posición de combate, pero claramente conscientes de que la ventaja ya no estaba de su lado.

Black la observaba sin expresión.

Pero por dentro, algo se estaba quebrando.

No por miedo.

Por reconocimiento.

Porque lo que estaba viendo no era a una heredera obligada.

Era a alguien que estaba aceptando algo que llevaba años conteniendo.

Y eso…

Eso sí era peligroso.

El líder bajó lentamente los brazos cruzados.

—Bien —dijo finalmente—. Entonces probemos algo más interesante.

La energía en el centro del claro comenzó a concentrarse otra vez.

Pero esta vez no solo alrededor de Daily.

También alrededor de Black.

Y el vínculo entre ambos respondió al mismo tiempo.

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