Vigo Costello solo quiere dejar atrás el oscuro legado de su apellido. Abogado brillante, hijo de un exlíder mafioso, ha intentado construir una vida lejos del crimen... hasta que es secuestrado por un viejo enemigo de su familia. Cuando el FBI interviene, Chloe Hamilton, hija de agentes legendarios y decidida a convertirse en detective, acepta una misión especial: proteger a Vigo.
Lo que comienza como una tarea profesional se convierte en una atracción peligrosa. Pero el pasado nunca se entierra del todo. Cuando Chloe descubre a Vigo a punto de torturar a su captor, todo se desmorona. Ella lo deja huir... y se culpa a sí misma por un crimen que no cometió.
Separados por la traición y la culpa, cada uno deberá enfrentar verdades incómodas sobre sus familias y sobre sí mismos. ¿Puede el amor sobrevivir cuando la lealtad, la justicia y la sangre se entrelazan?
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CAPITULO 24.
CAPÍTULO 24.
Por CHLOE HAMILTON.
El momento de poner mi plan en marcha había llegado. Vigo había salido para reunirse con Rodrigo. Según me ha dicho, encontró la solución para que sea un colega suyo quien lo represente el día del juicio, para que, de esa manera, no corra peligro de ir a prisión. Eso me alegro mucho, sin embargo, mi plan sigue en pie. No podemos seguir escondiéndonos como delincuentes.
Espere una hora para asegurarme de que Vigo no regrese y luego salí de la casa, alejándome lo suficiente como para saber que no será descubierto el escondite de Vigo. Ni bien puse un pie en la ciudad, estaba rodeada de policías que me esposaron enseguida y me llevaron a la estación. Una vez allí, me llevaron a un lugar que conozco demasiado, demasiado bien: la sala de interrogatorios.
Me tuvieron allí por al menos media hora, hasta que Richard y mi antiguo compañero, Ezequiel, se hicieron presentes en el sitio.
-Chloe Hamilton. –Exclamo mi antiguo jefe.
-Richard. –Dije. –Ezequiel. –Exclame observando a mi compañero, quien me veía con algo de lástima. ¿Acaso eso es lo que genero ahora? ¿Lástima? Bueno… es entendible, después de todo me cambié de bando. Deje de ser detective para ser una prófuga por estar siguiendo a un mafioso en rehabilitación.
-Chloe… No quiero que las cosas sean así. –Exclamo Richard.
-¿Así cómo? –pregunte, observándolo fijamente. –¿Conmigo en la cárcel?
-Chloe… Te conozco desde hace mucho tiempo. Realmente me cuesta entender que hayas elegido el camino de la delincuencia.
-¿La delincuencia? –Dije. –¿Eso es lo que crees? Acusas a Vigo sin tener pruebas de nada. No existe nada que diga que los Costello tienen relación con el bajo mundo.
-Existe, Chloe. –Dijo Richard. –Por eso estás aquí.
-¿De qué hablas? –pregunte.
-Hablo del informe que realizaste antes de huir.
-Yo… no hice ningún informe. No encontré nada de esa familia. Ellos están limpios.
-No te creo. –Dijo.
-Pues es la verdad. –Dije relajada. –Si hay algo lo ocultaron muy bien.
-Cuando te llame para preguntar por los avances de la investigación, tu respuesta fue renunciar a tu trabajo. –Dijo Richard, haciendo una pausa. –¿Qué fue lo que encontraste Chloe? ¿Por qué decidiste huir?
-¿Huir? No… Yo no hui… En ningún momento salí del país… Eso lo puedes corroborar. –Dije, segura de que el nombre de Chloe Hamilton no figuraba en ningún registro de salida o entrada al país.
-Chloe… –Dijo Richard. –Estás aquí para colaborar… Si confiesas, te dejare libre… Sabes que aquí quienes nos importan son los Costello y su clan.
-Richard. –Dije. –Ya confesé en su momento. Yo mate a Gagliano y le pedí a Costello que huya. No se donde se está escondiendo.
-Mientes Chloe. –Dijo Richard. –Te conozco.
-Ok. –Dije. –Te diré a que vine…
Richard y Ezequiel se quedaron viéndome fijamente, esperando a que hable.
-Vine a entregarme a cambio de que dejen de perseguir a Vigo Costello y a su familia.
-¿Acaso estás loca? ¿Cambias tu vida para defender a un mafioso? –pregunto Ezequiel, quien hasta el momento no había dicho una palabra.
-¿Con qué respaldo dices eso, Ezequiel, ah? ¿Acaso tienes pruebas? Porque yo no las encontré y es por eso que estoy aquí.
-Si son inocentes, ¿por qué huyen?.- pregunto él.
-¿Huir? Puedes buscar a los señores Costello en su casa. Estoy segura de que los encontraran allí… Y en cuanto a Vigo, ya les dije, yo le di la orden de que huya y busque un refugio.
-¿Es tu ultima palabra, Chloe? –Dijo Richard.
-Es mi ultima palabra. Quiero un trato por escrito en el cual diga que exoneran totalmente a la familia Costello a cambio de que yo cumpla mi condena.
-Muy bien… Espero que no te arrepientas de eso. –Dijo Richard, dándole un asentimiento a Ezequiel para que vaya a redactar el trato.
Mientras tanto, yo pensaba si realmente estaría haciendo lo correcto. En el fondo sabia que sí, amo demasiado a Vigo, lo suficiente como para saber que si él cae en la cárcel será imposible sacarlo.
Una hora más tarde, Ezequiel regreso a la sala con el trato por escrito. Me tomé el tiempo para leerlo y comprobar que todo esté correcto y después de analizarlo por un rato, decidí firmarlo. Levante mi vista para ver a Richard y asentí, entregándole el documento.
-Muy bien. –Dijo Richard. –Informaremos inmediatamente que Vigo Costello y su familia están libres de culpas. En cambio, informaremos que quien asumió la culpa por los últimos hechos, es la señorita Chloe Hamilton. –Dijo esta vez, viendo a Ezequiel. Este último me miro con pena y luego salió de la sala de interrogación.
Durante unos días, estaría detenida allí, hasta que finalmente se presenten las pruebas a la fiscalía y den la orden de llevarme a una prisión de máxima seguridad. Probablemente, sin posibilidad de salir pronto. Este sería mi destino. Pero eso no me importaba.
Al día siguiente, Richard vino a mi celda para avisarme que tenía una visita. Me pidió que lo acompañe, me llevo a una sala donde, al entrar, vi a Vigo sentado. Se veía muy mal. Como si no hubiese dormido en días.
-Chloe. –Dijo él al verme y me abrazo fuertemente. –¿Amor que ocurrió? ¿Por qué estás aquí?
-Porque estaba cansada de que tú y tu familia sean perseguidos. Ustedes son inocentes. –Dije. Intentando transmitirle a Vigo con la mirada de que no diga nada que pueda llegar a comprometerlo, ya que probablemente estábamos siendo observados.
-Chloe… No debiste hacerlo. Hubiésemos encontrado la forma. –Dijo él.
-No la hay. –Dije. –Vigo… Lo mejor es que te olvides de mí… No se cuanto tiempo pasare en la cárcel. Sobre todo si me acusan de todos los cargos que salen en televisión. Aún no llego la autorización de la fiscalía.
-No voy a dejarte, Chloe. ¿Qué mierda dices? –Dijo Vigo preocupado. –Soy abogado, voy a defenderte en el juicio.
-No puedes Vigo. –Dije. –Se supone que tú también eras buscado por la ley.
-Pero eso era mentira. –Dijo. –Chloe, puedo armar un caso, puedo acusar a la policía de corruptos, de ineptos… No lo se, dame unos días amor… Te prometo que voy a sacarte de aquí.
-No. No, Vigo. –Dije. –Termina con tus asuntos y vete de aquí. Vuelve a tu país. De lo contrario no tendrán paz aquí.
-No puedo creer que me digas esto. –Dijo él.
-Es la única manera de que estén tranquilos. –Dije. –Tanto tú, como tu familia y también la mía.
-No, Chloe… Hablare con mis colegas… Alguien que pueda tomar tu caso… Te sacare de aquí… Tú también eres inocente… No es justo esto que nos pasa.
-Señor. –Dijo un guardia. –Se acabó el tiempo.
Vigo asintió.
-Mi amor. –Dijo él. –Te amo… Voy a sacarte de aquí.