Dos príncipes gemelos unidos por el trono, pero separados por sus propias sombras. Entre secretos de palacio, guerras inminentes y mujeres invencibles que se niegan a ser dominadas, el amor se convertirá en su mayor fortaleza... o en su ruina. Una historia de lealtad, pasión y un destino escrito con sangre que ni el tiempo podrá borrar. Traiciones de corte, pasiones prohibidas y un imperio que renace del caos. Sigue la historia de dos hermanos y las mujeres que conquistaron sus corazones, sin imaginar que la profecía que los unió dejaría una huella imborrable que trascenderá a través de los siglos.
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Capítulo 23: El regreso del Príncipe
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...Capítulo extra por ser jueves de revelación 🥹🫶🏻...
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En las galerías superiores del palacio, donde las vigas de roble centenario sostienen el peso de la bóveda imperial, la penumbra era absoluta.
Una figura alta, envuelta en una capa de lana negra y con el rostro oculto tras una icónica máscara de hierro con grabados de plata, observaba el Gran Salón a través de las celosías de madera. Tenía los brazos cruzados sobre el pecho y sus ojos, idénticos a los del hombre que vestía la túnica del rey abajo, brillaban con una fría determinación.
Kaelen, el verdadero príncipe heredero, el primogénito de la dinastía.
La corte entera creía que Kaelen era un monarca que se había vuelto despiadado tras asumir el poder.
Los ministros creían que luchaban contra el mismo hombre al que habían intentado manipular años atrás. Ninguno sospechaba que el hombre sentado en el trono era el segundo príncipe, el hermano bastardo que había pasado su juventud encadenado en las mazmorras subterráneas, y que el verdadero heredero observaba cada movimiento desde la oscuridad.
Kaelen jamás quiso huir. Jamás quiso abandonar el imperio para disfrutar de una vida de lujos en el extranjero mientras su hermano desangraba a los traidores.
Había cambiado lugares con él por una razón más profunda que la cobardía o la estrategia: quería darle a su hermano el lugar que la historia y la crueldad de su padre le habían robado. Quería que Alistair (Alias) dejara de ser la sombra encadenada y se convirtiera en el rey que siempre mereció ser.
Por ello, durante todos esos meses, Kaelen había operado como el fantasma del palacio. Usando la misma máscara de hierro que su hermano llevó durante su entrenamiento, se deslizaba por las catacumbas del castillo a altas horas de la noche, interceptando mensajeros, falsificando cartas del Consejo para provocar rivalidades entre los ministros y entregándole las pruebas contables a Daría sin que ella supiera quién era el misterioso informante de las sombras.
Él había sido el escudo invisible de la operación.
Sin embargo, esta noche el aire en la galería olía a culpa rancia.
Kaelen miró hacia el pasillo que conducía a los aposentos reales.
Sabía que en esa habitación, su hermano permanecía sentado junto a la cama de Amira, sumido en un dolor devastador.
«Prometí proteger a esa chica», pensó Kaelen, apretando los puños dentro de sus guantes de cuero hasta que las articulaciones le crujieron. «Le juré a Alistair cuando la sacamos de las mazmorras que a ella jamás le pasaría nada... Y fallé».
El recuerdo de la pequeña niña que arriesgaba su vida para llevarle pan a su hermano en la celda también quemaba en la memoria de Kaelen.
Él había sido quien le encomendó a Felipe rescatarla y llevarla a la casa solitaria. Ver a Amira al borde de la muerte por causa de la flecha envenenada del Consejo se sentía como una traición a su propia palabra.
El juego de sombras había llegado a su límite. Alistair ya había masacrado a la Casa de Selia, su dolor lo estaba consumiendo y su humanidad pendía de un hilo. El hermano segundo había entregado su sangre y su vida por esta venganza, pero no podía permitirse perder a la mujer que amaba.
—Has cumplido con tu parte, hermano —murmuró Kaelen para sí mismo en la penumbra, su voz grave resonando contra la máscara de hierro—. Ya no serás más el chivo expiatorio de esta corona podrida.
Ajustó la empuñadura de las dos dagas que llevaba en el cinturón. La batalla final contra los ministros restantes y la embajada del Reino del Sol Naciente no recaería sobre los hombros de Alistair ni sobre la frágil salud de la reina.
Era hora de que el verdadero príncipe heredero bajara de las sombras.
Kaelen estaba listo para dar el cara a cara final, aplastar al Consejo con la autoridad legítima de su linaje y terminar la purga de una vez por todas.
Le devolvería la paz al imperio y, por encima de todo, le daría a su hermano la libertad que legítimamente merecía como segundo príncipe: la libertad de renunciar al peso de la corona de hierro y vivir en paz al lado de Amira.
Kaelen como Rey
Este personaje me encanta 😍✨
lo siento, me quedo con el rey y el príncipe 😅😅
yo creo que el rey ama a la reina, y que ella es su amada. por eso la reina sueña con ese enmascarado