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QUIEN MATÓ A IVY SAWYER?

QUIEN MATÓ A IVY SAWYER?

Status: Terminada
Genre:Casos sin resolver / Escuela / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:628
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

En Markhan College, los secretos tienen precio… y algunos se pagan con sangre.

Ivy Sawyer era hermosa, brillante y aparentemente perfecta. Todos querían ser su amigo, todos la admiraban y muchos la envidiaban. Hasta que apareció muerta.

Rose Dawson no está dispuesta a aceptar la versión oficial. Mientras comienza a investigar, descubre que Ivy había dejado detrás una colección de secretos, mentiras y enemigos. Profesores destruidos por acusaciones, alumnos expulsados injustamente, becas obtenidas mediante accidentes, estudiantes acosados hasta la tragedia y una misteriosa Orden que controla silenciosamente los pasillos de Markhan.

Pero cuanto más investiga Rose, más incómoda se vuelve la verdad.

Ivy no era la víctima inocente que todos creían.

Era una estratega.

Una manipuladora.

Y quizá, la persona más peligrosa de toda la academia.

Ahora Rose deberá descubrir quién la mató… antes de convertirse en el próximo secreto enterrado de Markhan.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El castigo de los sinvergüenzas

Son las tres de la madrugada. Es la hora que Markhan prefiere para sacar la basura. No hay cámaras de televisión, ni testigos; solo el sonido de las ruedas sobre la grava… y luego, silencio absoluto.

Me apoyé en el pilar de piedra de la entrada principal, viendo cómo cargaban las últimas cajas de Támara en una furgoneta negra sin distintivos. Hacía un frío cortante, pero hay algo en ver cómo todo se desmorona… que nunca decepciona.

Támara salió del edificio administrativo escoltada por su padre. Él caminaba con la mirada perdida, calculando mentalmente cuántos favores políticos tendría que gastar para que esto no terminara en una celda. Támara, en cambio, mantenía la barbilla levantada, aunque sus ojos delataban que no había dormido en cuarenta y ocho horas.

Al verme, se detuvo en seco. Me recorrió de arriba abajo con un asco que parecía ser lo único que la mantenía de pie.

—¿Qué miras, perdedora? —escupió. Su voz temblaba de furia contenida—. ¿Crees que esto cambia algo? Mañana mi padre me inscribe en un colegio mejor y tú seguirás aquí, siendo la sombra de una chica muerta. Disfruta tus migajas mientras puedas.

Me separé del pilar con una lentitud deliberada e insultante. Le dediqué esa sonrisa que guardo para las causas perdidas: mitad compasión, mitad veneno.

—Ay, Támara. Sigues sin entender nada —dije, bajando la voz—. No te miro porque me importes. Te miro porque me gusta ver qué pasa cuando el sistema ya no te necesita. En Markhan, la honestidad es como el caviar: todos dicen adorarla, pero nadie quiere pagar lo que cuesta de verdad. Intentaste darte el banquete sin pagar la cuenta, y al final te llegó la factura.

Hice una pausa, señalando con un gesto casual su maleta barata.

—Mucha suerte con tu nueva vida —añadí con una dulzura que cortaba—. He oído que en el mundo real no aceptan sobornos para aprobar matemáticas. Tendrás que usar lo que tienes entre las orejas… si es que todavía te funciona después de tantos años copiando.

Támara apretó los dientes con tanta fuerza que pensé que se los iban a romper. Su padre la tomó del brazo y la arrastró hacia el coche. Antes de cerrar la puerta, me lanzó una última mirada de puro odio. El motor rugió y el coche desapareció entre la niebla, dejando tras de sí una estela de polvo y el puesto más codiciado de la academia ahora vacante.

Se habían ido.

Y el sistema ya había pasado página.

La tormenta mediática de los días siguientes fue una lección perfecta de relaciones públicas. Durante setenta y dos horas, furgonetas de noticias dieron vueltas al recinto como tiburones. Los titulares gritaban "Crisis en la élite", pero Markhan es una bestia vieja con muchas capas de piel.

Para el jueves, la administración ya había activado su protocolo de contención. El Director se acogió a la "jubilación anticipada" y fue sustituido por una mujer de rostro impasible enviada directamente desde el Ministerio. Se anunciaron nuevas becas de honor, se instalaron sistemas de vigilancia biométrica y se contrató una agencia de crisis para limpiar la huella digital de la institución.

El mensaje era claro: la anomalía ha sido eliminada. Por favor, sigan enviando sus pagos de matrícula.

La calma volvió con la misma artificialidad que los céspedes perfectamente recortados del campus. Los estudiantes retomaron sus rutinas, pero con una diferencia sutil. Ya no se sentía esa invulnerabilidad. Ahora, cada vez que alguien intentaba pasar una nota o susurrar una respuesta, miraba por encima del hombro.

Me senté en mi mesa del rincón en el comedor, observando la nueva dinámica. El ecosistema se estaba reajustando. Sin Támara, el vacío de poder era inmenso, pero nadie se atrevía a reclamar el trono. El miedo es un regulador mucho más eficiente que la ambición.

Entonces la vi entrar.

Claudia.

Ya no era esa sombra asustadiza que se escondía detrás de Támara. Caminó por el centro del salón con la cabeza alta y los hombros hacia atrás. Llevaba un vestido azul intenso que gritaba estoy aquí, y su sonrisa no pedía permiso para existir.

Se acercó a mi mesa. No caminaba; parecía flotar sobre las ruinas de su antigua vida.

—Hola, Rose —dijo. Su voz sonaba firme. Clara.

—Te ves… radiante, Claudia —comenté, apartando mi taza—. El aire libre te sienta mucho mejor que la sumisión.

Soltó una risa genuina. Se sentó frente a mí, cruzando las piernas con una seguridad que antes solo pertenecía a quienes la atormentaban.

—Es justicia, Rose. Por primera vez, siento que piso tierra firme. Se han ido. Todos. Y el Ministerio anuló las notas del año pasado. Tendrán que empezar de cero en otro sitio donde nadie sepa quiénes son sus padres.

—Es un buen comienzo —asentí.

—No —me corrigió, inclinándose hacia adelante—. Es el final de su juego. Y el comienzo del mío. Mañana me presento a delegada. Sin trampas. Solo yo.

Claudia ya no se escondía.

Eso era suficiente.

El sol de la tarde empezó a ocultarse tras las agujas góticas de la biblioteca, proyectando sombras largas sobre el patio. Observé a los estudiantes más jóvenes —los recién llegados que habían visto todo con los ojos muy abiertos, llenos de temor—. Ellos serían quienes de verdad mantendrían el nuevo orden. Habían visto lo que les ocurre a los intocables.

Terminé mi café. Estaba frío y amargo.

Salí al final del día y me crucé con Malcolm junto a la estatua del fundador. No dijo una palabra, pero sus ojos me siguieron con una intensidad nueva. No parecía sorprendido.

Eso era suficiente.

Crucé las pesadas puertas de la entrada principal. El olor a madera vieja y cera de suelos seguía ahí, ese aroma que antes me asfixiaba y que ahora sentía como territorio conquistado. Bajé los escalones de piedra; mis zapatos golpeaban el pavimento con un ritmo constante y decidido.

Todo estaba exactamente donde debía estar. La hiedra seguía aferrada a las paredes con su paciencia eterna. Los guardias en sus puestos, con los uniformes impecables y rostros impasibles. La transición estaba completa. Markhan había tragado el escándalo, digerido a los culpables y pulido su imagen hasta que volvió a brillar.

Llegué a la verja.

La cerré tras de mí.

El sonido se perdió enseguida.

Aquí nada dura para siempre.

Ya nadie hablaba de ello.

Ni de Támara.

Ni del escándalo.

Ni de los videos.

Simplemente… desapareció.

Como si nunca hubiera ocurrido.

Me quedé ahí un momento.

Pensando.

No en ellos.

En lo fácil que había sido.

Más fácil de lo que debería haber sido.

Eso no encajaba.

Me puse los auriculares y empecé a caminar.

El campus se quedó atrás. Limpio. Silencioso.

Perfecto.

Por supuesto que lo estaba.

Lugares como este no se rompen.

Se adaptan.

Miré atrás una vez.

Solo una vez.

Y seguí caminando.

Doblé la esquina; la música en mis oídos ahogaba el resto del mundo.

El frío se sentía más fuerte aquí afuera.

Bien.

Así se ven las cosas con más claridad.

No me sentí como una heroína.

Tampoco como una villana.

Simplemente… despierta.

Markhan se quedó atrás.

Perfecto.

Intacto.

Como siempre.

Seguí caminando.

Porque ahora yo sabía algo que Ivy no supo ver.

En un lugar como este…

no se trata de ganar.

Se trata de durar más que los demás.

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