Ciento veintitrés años después de que la Inquisición del Primer Mandato silenciara un ritual prohibido, extraños acontecimientos comienzan a extenderse por todo el Imperio.
Enkyo, un joven de la ciudad de Newline, sueña con seguir los pasos de los soldados imperiales a pesar de la oposición de su padre. Sin embargo, cuando una expedición de caza termina en tragedia, presencia algo que no debería existir.
Bajo la superficie del mundo, antiguas fuerzas olvidadas desde hace mucho tiempo comienzan a despertar. Mientras verdades ocultas vuelven a emerger y las sombras de una era perdida regresan, Enkyo se verá atrapado entre el Imperio, el conocimiento prohibido y un legado más antiguo que la propia humanidad.
Algunos heredan reinos. Otros heredan pesadillas.
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Capítulo 19: Las filas de la ausencia
Cuando los enfrentamientos de las primeras ocho divisiones llegaron a su fin, los capitanes se reunieron en el centro del campo.
Los reclutas permanecieron en sus respectivas formaciones, esperando conocer los resultados.
El capitán de la quinta división fue el primero en dirigirse a los suyos:
—Quienes sean seleccionados deberán permanecer junto a su formación. Los demás tendrán que retirarse del campo.
Un murmullo se extendió entre los aspirantes.
El capitán de la tercera división mostró cierta impaciencia ante las reacciones, mientras que el de la primera permaneció frente a su grupo con una expresión serena.
Luxtel Keywell levantó la voz:
—¿Cuál fue entonces el propósito de los enfrentamientos?
El capitán de la primera división fijó la mirada en él.
—Evaluarlos.
Luxtel frunció ligeramente el ceño.
—Gracias —respondió con voz sarcástica—. Eso ha aclarado todas mis dudas.
Algunos reclutas dirigieron la atención hacia él, pero el capitán no reaccionó ante su tono.
—Vencer no era suficiente —continuó—. Se evaluó la manera en que combatieron junto a sus respectivas parejas: su coordinación, sus decisiones y su capacidad para responder ante las acciones del contrario.
El silencio regresó a la formación.
El capitán observó a los treinta reclutas antes de consultar la lista que sostenía entre las manos.
—Tristan Farbir. Aurora Wrythen.
Ambos abandonaron la formación.
Tristan dejó escapar lentamente el aire que había estado conteniendo, mientras Aurora avanzó sin apartar la mirada del capitán.
—Colóquense a un lado —indicó este.
Los dos obedecieron.
Entre quienes permanecían en la formación, más de uno observó la lista con creciente inquietud.
«Que diga mi nombre».
El capitán continuó:
—Marcus Houres. Lucian Aryed.
Los dos avanzaron y ocuparon su lugar junto a la primera pareja.
Tristan los siguió con la mirada, sorprendido por la decisión, pero no dijo nada.
El capitán volvió al documento.
—Syngler Asther. Rumina Luminor.
Rumina dirigió una breve mirada hacia Syngler antes de que ambos dejaran la formación.
—Junto a los anteriores —ordenó el capitán.
Los dos ocuparon sus lugares.
Todavía quedaban varios reclutas esperando.
Algunos mantenían la vista al frente. Otros comenzaban a mover las manos con inquietud.
—Flurel Ardys. Gleydes Beller.
Ambos intercambiaron una mirada antes de avanzar.
El capitán esperó hasta que se colocaron con los demás y regresó a la lista.
Solo quedaba una pareja por seleccionar.
El silencio se volvió más profundo.
—Beluard Northen. Evary Marthel.
Los dos abandonaron la formación y ocuparon los últimos lugares junto a los seleccionados.
El capitán dobló la lista.
—La selección de la primera división ha terminado.
Algunos de los reclutas que no fueron llamados comenzaron a protestar. Varios manifestaban su descontento, mientras otros afirmaban que todo había sido una pérdida de tiempo.
El capitán esperó a que las voces disminuyeran antes de hablar:
—Quienes no fueron seleccionados podrán volver a intentarlo el próximo año. Por ahora, deberán retirarse del campo siguiendo las instrucciones de los subcapitanes.
No elevó la voz ni respondió a las protestas.
Después, dirigió la atención hacia los diez elegidos.
—Ustedes permanecerán aquí hasta que concluya el proceso. Después podrán marcharse, cambiarse y recibir atención por cualquier herida que tengan. Luego tendrán libertad para entrenar o descansar.
Hizo una breve pausa.
—Lo que les espera será más exigente. Espero que estén preparados.
El capitán llevó una mano al pecho.
—Que la luz del Creador guíe nuestros pasos.
Mientras las demás divisiones continuaban con sus respectivos procesos de selección, Tristan se acercó a Marcus.
—No pensé que los seleccionarían después de haber perdido.
—Supuse que ya lo habías entendido —respondió Marcus—. Estaban comprobando si podíamos trabajar en equipo.
—Eso ya lo sé, pero me pareció extraño. Algunos habían ganado su batalla y, aun así, los habían expulsado.
—Entonces ya sabes que el resultado no era lo más importante. Si una victoria no garantizaba continuar, cada entrenamiento podría ocultar una nueva prueba.
Aurora intervino:
—Si siguen discutiendo así, van a hacer que me den ganas de marcharme.
Después, dirigió la atención hacia las demás formaciones.
—Además, tendremos que esperar para saberlo. Me pregunto si las otras divisiones estarán siendo evaluadas de la misma manera.
Rumina cruzó los brazos mientras observaba el otro extremo del campo.
—Quién lo diría… Al parecer, ya terminaron.
Syngler siguió la dirección de su mirada.
Varios grupos comenzaban a aproximarse.
—Y no vienen solamente con sus capitanes —advirtió—. También está lord Derek.
Los murmullos no tardaron en extenderse entre los aspirantes.
Las divisiones de la novena a la decimoquinta regresaban al campo acompañadas por sus respectivos capitanes.
Cerca de ellas avanzaba lord Derek.
Enkyo y Emily observaron los grupos que se acercaban.
Emily dirigió brevemente la mirada hacia los integrantes de la octava división, quienes ya permanecían en el campo.
—En la octava quedaron seis parejas.
Luego fijó la atención en el primero de los grupos que regresaba.
—La novena parece conservar siete.
Enkyo observó las formaciones que avanzaban detrás.
—En la décima solo quedan dos.
Desplazó la mirada hacia uno de los grupos más próximos a lord Derek.
—La duodécima tiene tres.
Los demás avanzaban a distintas distancias, por lo que resultaba difícil distinguir con precisión cuántas parejas conservaba cada división. Algunos grupos parecían mucho más reducidos que otros.
Enkyo dirigió la atención hacia la última formación.
—En la decimoquinta quedaron seis.
A medida que se acercaban, comenzaron a advertir algo más.
Muchos de los reclutas tenían rastros de sangre en las manos y cerca del rostro.
Enkyo los observó con atención.
«¿Por qué estarán así si permanecieron separados? ¿Los sometieron a otro tipo de entrenamiento? Y, si realizaron la misma prueba que nosotros, ¿qué clase de combates tuvieron?»
Su mirada recorrió los grupos hasta detenerse en el hombre que avanzaba cerca de la duodécima división.
Al reconocerlo, entrecerró ligeramente los ojos.
—Lord Derek… —murmuró.
Emily percibió el cambio en su expresión.
—¿Cómo conoces a lord Derek?
Enkyo guardó silencio.
En lugar de responder, desvió la mirada hacia ella.
—Me impresiona que decidieras hablar más desde que viste regresar a las otras divisiones.
Emily lo observó de reojo, pero no respondió.
Enkyo volvió la atención hacia la duodécima división.
Entre sus integrantes distinguió a una joven con una expresión eufórica.
«¿Qué habrá pasado con el resto de los reclutas?»
Lord Derek avanzó mientras los aspirantes continuaban observándolo.
La joven de la duodécima división caminaba junto a él.
Al llegar frente a uno de los capitanes, Derek se inclinó ligeramente y le habló al oído en voz baja.
El capitán se limitó a asentir.
—Sí, mi lord.
Enkyo avanzó un par de pasos, dejando a Emily ligeramente atrás.
Sin embargo, se detuvo cuando la joven volvió el rostro hacia él.
Lo observaba con una mirada perturbadora.
Derek se apartó del capitán y comenzó a alejarse con las manos entrelazadas a la espalda.
—Debemos marcharnos —le indicó a la joven.
Ella levantó una mano y se limpió la sangre que permanecía adherida a su rostro.
Aquella sangre no le pertenecía.
El gesto atrajo aún más la atención de quienes la observaban.
Entonces, dejó escapar una risa contenida antes de seguir los pasos de Derek.
Enkyo siguió sus movimientos con la mirada, intentando relacionar la sangre, aquella risa y el reducido número de parejas que había regresado con la duodécima división.
Ninguna conclusión terminaba de encajar.
Emily tampoco apartó la mirada de la joven.
«¿Qué demonios fue lo que sucedió?»
también me gusta que cada uno tenga una persona la diferente a pesar de que todavía no hay un desarrollo completo de personajes, también puedo notar que en este tipo de trabajo mejor dicho obra, veo una forma expresiva y un léxico muy notable, la manera en Cómo surge una batalla y cómo se logra entender es algo que pocos autores logran describir
estoy muy ansioso de seguir con este tipo de obra la verdad, no muchas veces se ve algo con bastante potencial y de verdad me enamoro de las relaciones que tiene los personajes y el conflicto que hay🩷🩷
I'm truly surprised; the story is increasingly drawing me in and captivating me. And I really don't know how to explain the feeling of how all of this is unfolding at a spectacular pace../Drool//Drool/