“La noche que Alessia Duarte perdió su taller, también conoció al hombre que podía cambiar su destino… o destruir su corazón.”
“Sebastián Ferrer pensó que solo había encontrado a una costurera talentosa… hasta que descubrió que ella era la mujer que podía derrumbar todos sus secretos.”
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A centímetros de cruzar la línea
El evento comenzaba a terminar.
Muchos invitados ya se estaban despidiendo, pero el salón todavía estaba lleno de conversaciones y risas.
Alessia estaba cerca de una mesa revisando algunos bocetos que le había pedido un asistente de la empresa.
Aún llevaba puesto el vestido vino.
Cada vez que caminaba por el salón alguien la miraba, Algunos con admiración, Otros con curiosidad.
Pero había una mirada que ella sentía incluso sin verlo.
Sebastián.
Desde el otro lado del salón, él hablaba con dos inversionistas.
Pero sus ojos regresaban constantemente hacia ella.
Daniel lo notó.
—Vas a perforarla con la mirada.
Sebastián tomó un sorbo de su bebida.
—Estoy pensando.
Daniel sonrió.
—No. Estás celoso.
Sebastián lo miró.
—No digas tonterías.
Daniel soltó una pequeña risa.
—Sebastián te conozco desde hace diez años.
Se inclinó un poco hacia él.
—Ese es exactamente el rostro que pones cuando algo te importa demasiado.
Sebastián no respondió.
Pero sus ojos volvieron hacia Alessia.
En ese momento, uno de los asistentes del evento se acercó a ella.
—Señorita Duarte, el señor Ferrer quiere hablar con usted en la sala privada.
Alessia levantó la mirada.
Su corazón dio un pequeño salto.
—¿Ahora?
—Sí.
Ella asintió.
Caminó por el pasillo del hotel hasta una pequeña sala elegante y silenciosa.
Cuando abrió la puerta Sebastián ya estaba allí.
De pie frente a una gran ventana que mostraba la ciudad iluminada.
Se giró cuando la escuchó entrar.
—Gracias por venir.
Alessia cerró la puerta suavemente.
—¿Pasó algo?
Sebastián caminó hacia ella lentamente.
—Sí.
Se detuvo a poca distancia.
—Quería hablar contigo sin periodistas, inversionistas o curiosos alrededor.
Alessia lo miró con atención.
—¿Sobre el trabajo?
Sebastián negó suavemente.
—No.
El silencio llenó la habitación.
Sus ojos bajaron un momento hacia el vestido.
—Ese vestido
—No puedo creer que lo hayas hecho tú sola.
Alessia sonrió levemente.
—Pasé muchas noches sin dormir.
Sebastián dio un paso más cerca.
—Valió la pena.
El aire entre ellos empezó a sentirse diferente.
Más silencioso, Más íntimo.
Sebastián bajó la voz.
—Cuando saliste a la pasarela no pude apartar los ojos de ti.
El corazón de Alessia comenzó a latir más rápido.
—Sebastián, Él estaba demasiado cerca ahora.
—Y cuando Daniel te estaba mirando en la terraza.
Se detuvo.
—No me gustó.
Alessia lo observó.
—No tienes derecho a sentir eso.
Sebastián sonrió levemente.
—Lo sé.
Sus ojos bajaron lentamente hacia los labios de ella.
Alessia lo notó.
Su respiración se volvió más lenta.
—Esto no es buena idea —susurró ella.
Sebastián levantó la mirada.
—Probablemente no.
Pero ninguno se movía.
La distancia entre ellos era mínima.
El perfume suave de Alessia llenaba el aire.
Sebastián levantó lentamente una mano.
Sus dedos rozaron suavemente el brazo de ella.
Un pequeño escalofrío recorrió la piel de Alessia.
Su corazón latía con fuerza.
Sebastián se inclinó apenas un poco más.
Sus rostros estaban ahora a centímetros.
Alessia sintió su respiración, Sus labios casi se tocaban, Un segundo más Y entonces—
TOC TOC
Ambos se separaron de inmediato.
La puerta se abrió.
Era uno de los asistentes del hotel.
—Disculpe, señor Ferrer.
—Los inversionistas lo están esperando para cerrar el acuerdo.
Sebastián cerró los ojos un segundo, claramente molesto.
—Voy enseguida.
El asistente se retiró.
El silencio volvió.
Pero ahora el ambiente era diferente, Más incómodo.
Alessia dio un pequeño paso hacia atrás, Su corazón seguía acelerado.
—Esto no debería pasar.
Sebastián la miró.
—¿Por qué?
Ella bajó la mirada.
—Porque trabajo para ti.
—Porque tu empresa confió en mí.
—Porque no quiero que la gente piense que estoy aquí por otra razón.
Sebastián se acercó un paso.
—A mí no me importa lo que piensen.
Alessia levantó la mirada.
—A mí sí.
El silencio cayó nuevamente entre ellos.
Luego Alessia respiró profundo.
—Sebastián
—Quiero hacer las cosas bien.
—Quiero que mi trabajo hable por mí.
Sus ojos eran firmes.
—No quiero que nadie diga que llegué aquí por esto.
Sebastián la observó durante varios segundos.
Luego asintió lentamente.
—Entiendo.
Pero antes de salir de la habitación, Sebastián dijo algo en voz baja.
—Pero eso no cambia lo que siento cuando estoy cerca de ti.
Alessia sintió un nuevo temblor en su pecho.
Sebastián abrió la puerta y salió.
Ella se quedó sola en la habitación.
Apoyó una mano en su pecho intentando calmar su corazón.
—Tengo que hacer lo correcto, susurró.
Pero en el fondo sabía algo.
Cada vez era más difícil mantenerse lejos de Sebastián Ferrer.