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¡PUEDO CONVERTIRME EN GATO!

¡PUEDO CONVERTIRME EN GATO!

Status: En proceso
Genre:Romance / Mundo mágico / Autosuperación
Popularitas:4.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Bai Qi

Dorius Isolde tiene un secreto: puede convertirse en un gato naranja.

Desde que su abuela murió, vive en una casa de acogida con otros cuatro niños y Sonia, la única adulta que lo ha querido sin condiciones. En el instituto, es invisible. El chico callado de la última fila. El que nadie mira.

Kael Alistar es todo lo contrario. Capitán de baloncesto, popular, guapo, rodeado de gente. Pero su sonrisa es una máscara. En casa, sus padres lo desprecian por el color de su pelo —negro, en una familia de rubios— y le exigen que sea perfecto. En las noches, cuando nadie lo ve, se sienta frente a la ventana y le habla a un gato naranja que aparece los jueves.

El gato es Dorius.

Y Kael no lo sabe.

Todavía.

NovelToon tiene autorización de Bai Qi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO #23: EL CUMPLEAÑOS DE KAEL.

El veinticinco de marzo llegó con un calor que ya no era de verano, sino de una primavera anticipada.

Kael cumplía dieciocho años.

No había organizado nada grande. O al menos, eso decía. Pero cuando Dorius llegó al instituto esa mañana, se encontró con que todo el mundo lo sabía. Flores en su casillero. Globos atados a su silla. Un cartel enorme en la puerta del aula que decía "FELIZ CUMPLE KAEL" con firmas de medio curso.

—¿Esto fue idea tuya? —le preguntó Kael, señalando el cartel.

—Ni siquiera sabía que existía.

—Entonces fue Claudia.

—¿Claudia?

—La de cuarto B. La que siempre organiza cosas.

Dorius no sabía quién era Claudia. Pero durante la mañana, la vio varias veces. Era una chica de pelo corto y sonrisa fácil que se acercaba a Kael entre clases, le preguntaba cosas, se reía con él. No parecía coqueteo. Parecía... amistad. Amistad real.

Y no era la única.

En el recreo, un grupo de chicos se acercó a la mesa donde Kael estaba sentado con Dorius. Uno de ellos, un chico alto con lentes que Dorius recordaba de clase de física, le dio una palmada en la espalda.

—Kael, esta noche vamos a ir a la plaza. ¿Te apuntas?

—¿Quiénes van?

—Los de siempre. Más algunos nuevos. Va a estar bueno.

Kael miró a Dorius.

—¿Tú vas?

—No me invitaron.

—Te invito yo.

El chico de los lentes sonrió.

—Cuantos más, mejor. Ven, Dorius, ¿no?

—Sí, ven —dijo otro—. Siempre estás solo en los recreos, hay que socializar.

No lo dijeron con mala intención. Era un comentario casual, sin filtro. Pero Dorius sintió el peso de esas palabras. Siempre estás solo. Era verdad. Pero dolía escucharlo.

—Voy —dijo.

Kael sonrió.

—Bien.

Esa tarde, después de clases, Dorius fue a casa a cambiarse. Los niños lo recibieron con preguntas.

—¿A dónde vas? —quiso saber Martina.

—Al cumpleaños de Kael.

—¿Puedo ir?

—No.

—¿Por qué?

—Porque es para grandes.

—Tengo once años, soy grande.

—No.

Martina puso mala cara, pero se distrajo rápido con otra cosa.

Sonia lo alcanzó en la puerta.

—¿Vas a llegar tarde?

—No sé. Seguro.

—Diviértete. Te lo mereces.

Dorius sonrió.

—Gracias.

La plaza estaba llena cuando llegó.

Había música, gente sentada en los bancos, otras paradas en grupos. Reconoció a varios del instituto. Compañeros de clase, de otros cursos, incluso algunos que apenas había visto en los pasillos.

Y Kael estaba en el centro.

No porque intentara ser el centro. Simplemente lo era. La gente se acercaba a él, le deseaba feliz cumpleaños, le daban pequeños regalos. Él sonreía, agradecía, conversaba con una naturalidad que Dorius no le había visto antes.

—¿Estás buscando a Kael?

La voz lo sobresaltó. Era Claudia, la chica del pelo corto.

—Sí. Bueno, no. Ya lo vi.

—Está ahí, rodeado de gente. Como siempre.

—Parece que le gusta.

—¿Te parece? —Claudia lo miró con atención—. Yo creo que aprendió a llevarlo. No es lo mismo.

Dorius no supo qué responder.

—Tú eres Dorius, ¿no?

—Sí.

—Kael habla mucho de ti.

—¿En serio?

—Sí. Dice que eres su mejor amigo. Bueno, uno de ellos.

Dorius sintió un calor en el pecho.

—Adán es el otro —continuó Claudia—. Pero Adán está raro últimamente.

—¿Lo conoces?

—Somos amigos. Bueno, empezamos a serlo este año. Es buena gente. Pero siempre anda con cara de preocupado.

Dorius miró hacia el grupo donde estaba Adán. Efectivamente, sonreía, pero sus ojos no llegaban a los ojos. Buscaban a Kael. Siempre a Kael.

—Es complicado —dijo Dorius, sin pensar.

—Todo lo que tiene que ver con sentimientos es complicado.

Claudia se despidió con un gesto y se fue hacia otro grupo.

Dorius se quedó solo un momento, observando la escena.

Luego sintió una mano en el hombro.

—¿Qué haces aquí solo?

Era Kael. Sonreía. Sus ojos brillaban.

—Observando.

—Eres raro.

—Lo sé.

—Ven. Te presento a unos amigos.

Lo llevó hacia un grupo. Chicos y chicas de diferentes cursos. Nombres que Dorius fue olvidando apenas los escuchaba. Pero todos lo saludaron con naturalidad, como si fuera uno más.

—Este es Dorius —dijo Kael—. Mi amigo.

—Ah, el famoso —dijo una chica—. Kael siempre habla de ti.

—¿Cosas buenas? —preguntó Dorius, tímido.

—Siempre.

La noche siguió. Hubo risas, conversaciones, bromas. Alguien sacó una guitarra y empezó a tocar. Otros cantaron. Kael, en un momento, se sentó en el pasto y Dorius se sentó a su lado.

—¿Te estás divirtiendo? —preguntó Kael.

—Sí. Es raro.

—¿Qué?

—Estar en un grupo. No estar solo.

Kael lo miró.

—No vas a estar solo nunca más si no quieres.

—¿Cómo sabes?

—Porque yo tampoco quiero estar solo. Y me parece que los dos podemos no estarlo juntos.

Dorius sintió que el corazón se le aceleraba.

—Kael...

—¿Mmm?

—Nada.

Kael sonrió y apoyó la cabeza en su hombro.

Solo un momento. Un segundo. Pero para Dorius fue una eternidad.

Desde algún lugar, sintió la mirada de Adán sobre ellos. Cuando levantó la vista, Adán estaba allí, mirándolos. No con odio. Con tristeza. Con algo que parecía resignación.

Dorius no supo qué hacer. Solo sostuvo su mirada un instante, hasta que Adán desvió la vista y se perdió entre la gente.

La noche terminó tarde.

Cuando Dorius volvió a casa, el cielo empezaba a clarear. Subió a su habitación y se tumbó en la cama, con la ropa aún puesta.

Pensó en Kael. En su cabeza apoyada en su hombro. En sus palabras. En su sonrisa.

Pensó en Adán. En su mirada triste.

Pensó en todo lo que había cambiado en solo unos meses.

Y supo, con una certeza que dolía, que las cosas no podían seguir así para siempre.

Tarde o temprano, tendría que pasar algo.

Tarde o temprano, tendría que decidir.

O dejar que la vida decidiera por él.

1
no tengo dinero pa terapia😌
me da pena🥺
no tengo dinero pa terapia😌
💪eso vv
no tengo dinero pa terapia😌
JAJAJA ni que fuera perro😭
no tengo dinero pa terapia😌
hagan trio yo apoyo y Sonia tambien😭
no tengo dinero pa terapia😌
yo tambien soy negra no te preocupes💪🥺
no tengo dinero pa terapia😌
se le junto el ganado a Kael
⭐~ELISA~⭐
¡Ahhhhh! siiiiiiiiiii lo besó
Jimminie
a dónde tan romántico? 🤭
⭐~ELISA~⭐
noooooo pensé q si le iba a decir😭
⭐~ELISA~⭐
sabes por q mi papá pensaba lo mismo?
no?
por q nací Blanca 🤦JAKDJDSJDJ
⭐~ELISA~⭐
se que es personal pero eso sí me pasó a mí ,si se siente feo pero con el paso del tiempo te acostumbras y lo vas dejando atrás y no le tomas importancia
⭐~ELISA~⭐
Dorius es muy listo
⭐~ELISA~⭐
me gusta la manera en la q poco a poco Adán se hace cada vez más competitivo por su amor hacia kael,eso le da más entusiasmo al leer
⭐~ELISA~⭐
ai q lloro😭
⭐~ELISA~⭐
q bonito🤭
⭐~ELISA~⭐
si la verdad es muy bonito
⭐~ELISA~⭐
zi JAKSJAK
⭐~ELISA~⭐
ponle otorrinolaringólogo
⭐~ELISA~⭐
cuál bonito
Bello, hermoso.😻
⭐~ELISA~⭐
ai q belloo😻
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