**Saga Vannecelli**
Sandra es una joven encantadora y divertida, apasionada por las carreras ilegales de motocicletas. Es hija adoptiva de Santiago Vannecelli, sublíder de la mafia italiana, y de la empresaria María Romero. Desde los 15 años, Sandra se enamoró de su primo Thyler Vannecelli, y juntos hicieron una promesa: informar a su familia sobre su relación cuando ella cumpriera 17 años. Sin embargo, el gran día llegó y nada salió como esperaban. A partir de ese momento, la vida de Sandra se convierte en un caos, repleto de traiciones, lujuria, odio y amor.
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Capítulo 23 Una velada excepcional
Sandra Vannecelli
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-Al salir del baño, me dirijo hacia Renzo, a quien encuentro conversando amenamente con mis amigos. Me alegra ver que se llevan tan bien. Le propongo que bailemos, y juntos caminamos hacia el centro del salón, donde disfrutamos de una canción titulada Fairytale. De repente, escucho unos gritos y noto que varias personas corren hacia el baño, lo que indica que es momento de irnos. Se lo comunico a Renzo y le hago una señal a mis amigos para avisarles que me voy. Al salir, Renzo amablemente me abre la puerta del auto. He observado que muchas personas están saliendo de la fiesta visiblemente asustadas. Sonrío mientras Renzo se sube al auto y empieza a manejar. En un momento, me pregunta- ¿Mataste a la chica?
-Lo miro arqueando una ceja y le respondo- ¿Te interesa mucho?
-Él me mira con una sonrisa ladeada y dice- Claro que no. Si la has matado, se lo merece por hablar mal de ti. Pero creo que por tu culpa, el próximo año no habrá fiesta anual.
-Ambos estallamos en carcajadas. Luego, él me dice-Quiero llevarte a un lugar especial.
-Después de unos minutos, llegamos a una encantadora cabaña. Sacando un pañuelo morado de su pantalón, me lo coloca sobre los ojos. Sale del automóvil y, un momento después, escucho cómo abre la puerta y toma mi mano para ayudarme a descender. Le pregunto- ¿A dónde me llevas, Renzo?
-Un tono sereno me dice-Tranquila, pronto lo sabrás.
- Él me guía, caminamos durante varios minutos hasta detenernos. Luego, con suavidad, me quita el pañuelo. Al abrir los ojos, me sorprende una hermosa decoración de rosas. En el centro, hay una mesa dispuesta con esmero. Él toma mi mano y me dice- Quería darte esta sorpresa, espero que sea de tu agrado.
-Le sonrió con emoción y le doy un beso en los labios, expresándole- Gracias, el lugar es maravilloso y tu atención es muy especial.
- Caminamos hacia la mesa y, como un verdadero caballero, me ayuda a tomar asiento. En unos momentos, dos empleadas se acercan para servirnos. Al terminar la comida, brindamos con una copa de vino. Él toma mi mano para invitarme a bailar un rato. Luego, acaricia mi mejilla, me da un beso y me dice- Te amo, Sandra, con todo mi corazón.
- Me quedo en silencio y, tras unos segundos, le digo- Te quiero, Renzo. Poco a poco te estás ganando mi corazón. Te pido que no lo hagas sufrir, ya que no creo que pueda soportarlo.
-Él me abraza y me dice- Te juro que no te haré sufrir. Lo único que deseo es verte feliz y amarte hasta el final de mis días.
- Luego, toma mi mano y me lleva a otro lugar donde hay un gran árbol iluminado por varios faroles. Allí, hay una pequeña mesa con aperitivos sobre el suelo; también hay una manta y varias almohadas.
Me dice- Deseo que esta noche te quedes a mi lado para presenciar las hermosas estrellas, aunque ya que tú eres una de ellas. ¿Aceptas?
-No sé cómo expresar lo que siento, las palabras se me escapan. Nunca imaginé que Renzo pudiera ser tan detallista y romántico; siempre lo había percibido como una persona más ruda, algo agresiva y con un carácter malhumorado. Esta nueva faceta de él me encanta, ya que me demuestra su lado sentimental, y eso me cautiva profundamente. Le digo que sí, nos recostamos, yo me apoyo en su pecho mientras él me da un beso en la cabeza y sonrío. Puedo notar que el cielo está repleto de estrellas. Él hace un comentario-
Si me hubieran dicho hace algunos años que los dos terminaríamos así, no lo habría creído; lo consideraría una locura.- Él toma mi mejilla y me dice- Te amo, Sandra. Te amo de verdad; nunca lo olvides.
-Me besa en los labios y yo le correspondo. No puedo decirle que lo amo, pero sí lo quiero, y él se está ganando mi corazón. Sé que en poco tiempo me enamoraré de él perdidamente. Continuamos besándonos, y nuestro beso se convierte en algo más apasionado. En un momento, él se detiene y me dice- Debemos detenernos, Sandra. No quiero faltarte al respeto como lo hice antes; deseo que hagamos las cosas de manera adecuada.
-Con una sonrisa tímida, le digo- Sí, Renzo, me gustaría que hiciéramos el amor en este lugar.
-Él, con los ojos iluminados, me pregunta en voz baja- ¿Estás segura?
- yo le respondo- Sí.
-El me toma suavemente de la mejilla y me besa mientras se posiciona sobre mí. Sus besos son delicados y comienza a besarme en el cuello. Minutos después, ambos nos incorporamos y él me ayuda a bajar la cremallera de mi vestido. Puedo sentir cómo me besa en la espalda, mientras el vestido cae al suelo. Yo le ayudo a quitarse la camisa y nos recostamos en el suelo. Él me besa mientras su mano acaricia mi muslo, comenzando a explorar cada parte de mi cuerpo con sus labios, sin dejar de darme besos en ningún rincón.Está tan cuidadoso, él comienza a tocarme en la zona baja mientras besa mis senos. Siento una vergüenza al quitarme él la panty y coloco mis manos en mi cara. Él me sonríe y me dice- No tienes nada de qué avergonzarte, tienes un cuerpo hermoso. Ante mis ojos, eres perfecta.
-Él chupa mis senos y comienzo a sentir sus dedos en mi interior. Arqueo mi cuerpo y siento una gran sensación; mi cuerpo comienza a temblar mientras él juega con su boca en mi zona,hasta que una corriente pasa por mi cuerpo, me vengo. Él me besa los labios con pasión, me da besos en el cuello. Él se acomoda y entra en mí con cuidado; siento un pequeño ardor. Mientras él me besa, comienza a moverse lentamente; después comienza a moverse más rápido. Empiezo a sentir placer; esto me gusta. Sus movimientos son cada vez más fuertes, besa mis pechos con desesperación. Siento como me voy a venir, los escucho gemir; en sus ojos se nota la lujuria. Hasta que no pudimos más y decidimos unirnos. Se recostó a mi lado, me dio un beso en la frente y luego en los labios, y me dijo- Me haces tan feliz, pitufina. Te amo.
-Yo le sonreí mientras él me abrazaba, y juntos contemplábamos el cielo. En un susurro, con un toque de timidez, le dije- Quiero experimentar todo lo relacionado con el sexo.
-Él me miró con sorpresa, acompañada de una sonrisa de lado, y me respondió- ¿Estás segura, cariño?