Dentro de nosotros hay una batalla entre dos fuerzas. Unos le llaman el bien contra el mal. Otros en cambio le llaman destino. Pero para Saulo Di Ángelo de Abner esa eterna contienda estaba en las páginas gastadas de un antiguo libro. De pronto sentía el peso de todos sus ancestros a sus espaldas. Pedían sin voz que escuchará y estuviera quieto porque era el resultado del amor de miles antes que él.
¿Podrá cambiar lo que está escrito? ¿Quién triunfará en su alma? El bien, el mal... Acompañame en esta nueva obra y descubrirás si el destino puede torcerse.
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Aquí estoy
Sol miraba las calles desde su carruaje. Otra vez la Corona de Abner necesitaba su ayuda. No obstante, siempre lo haría con gusto y por voluntad propia. Gabriel no era solo su cuñado, sino un amigo muy querido y grato en su corazón. Vio nacer a su sobrino. Fue casi un milagro. Ella misma hizo de comadrona y Saulo de ayudante. Gabriel no quería que nadie le viera en una situación tan absurda. Se había hecho creer al pueblo y a la Corte que él mantenía como amante a una noble de una casa caída de Castela y que la misma esperaba un hijo. La verdad nunca hubo tal amante. Fue ella misma que se cubría la cara para no ser reconocida y se colocaba almohadas entre los vestidos para simular un embarazo. Luego del parto se dijo que la dama había muerto en el proceso. Saulito fue reconocido como el único Príncipe heredero.
Camila era pequeña en ese entonces y Cael se la llevó a sus padres los Marqueses Del Alba. Ese tiempo estuvieron los tres separados. Cael en Sugey al frente de la Academia, Camila con sus padres en el marquesado y ella en Abner. Samuel había quedado prendado de su pequeña sobrina por suerte y se la apropió como a una mascota. Desde entonces siempre se adoraron. Su hermanito era encantador claro y ella lo adoraba, pero no por ello era ciega. Sami había crecido muy mimado. Un día alguien tendría que bajarle los humos, pero no sería ella. Fue un tiempo duro en el que extrañó tanto su hogar y su niña, además tuvo que decirle a Gabriel y a Saulo que el bebé que esperaban traía el peso de un destino terrible para este mundo. Ellos decidirían si seguían adelante con ese embarazo.
Ninguno lo dudó. Querían al niño que aún no había nacido y ya provocaba angustia profunda. Sol les consoló. Dijo que si ella pudo reescribir su propia historia. El niño con el apoyo de todos también cambiaría su destino escrito. Solo debía ser monitoreado todo el tiempo y tener mano dura en la crianza cada vez que hiciera algo indebido. Era una tarea difícil. Teniendo en cuenta que el modelo educativo de Abner para los niños de la Corona, era bastante cuestionable. Este, incluía desde ingerir venenos hasta aprender a matar. Ella no podía oponerse a esto, pero en cambio, podían ver las reacciones de Saulito en el proceso de aprendizaje.
El embarazo masculino era algo tan desconocido para ella como para Gabriel. El pobre sentía que se moría entre náuseas, mareos y fatigas. No quería comer y lloraba por todo. Fue difícil esconder la creciente panza. Gabriel estuvo presentándose al público durante cuatro meses. Hasta que la barriga comenzó a crecer tanto que ya no podía ocultarse. Para ese entonces circulaba el falso rumor de que tenía una amante y Saulo tuvo que enfrentar unas cuantas burlas debido a ello. Después hubo que trasladarse al palacio oscuro. Este, casi no se usaba, solo en temporada de caza. Como no podían llevar servidumbre Saulo y ella se encargaban de todo. La Reina Amalia y el antiguo Rey Gilberto asumieron temporalmente la ausencia de Gabriel y su Consorte Real. Se dijo que la pareja estaba de viaje, reconciliándose por lo de la aventura extramatrimonial del Rey.
El día del parto fue algo que Sol no olvidaría jamás. Por suerte Saulito parecía ansioso por venir al mundo. El momento no se dilató tanto. Solo seis horas en las que Gabriel gritó hasta quedar ronco, se retorció como un pez fuera del agua y lloró como para llenar media piscina olímpica. Sol había leído todo lo que estaba escrito en la teoría sobre nacimientos de bebés. Claro que era sobre partos naturales de mujeres. No obstante, había aplicado los mismos principios en la práctica con su amigo. No había la verdad diferencia. Salvo el conducto de nacimiento. Durante todo el embarazo había llevado un registro de apuntes. Anotó cosas particularmente raras como que Gabriel necesitaba estar oliendo a Saulo cada cierto tiempo o al menos cosas que este hubiera usado recientemente. Esto parecía ayudarle con los síntomas y le permitía dormir tranquilamente.
Sol no dejó de apuntar nada por absurdo que pareciera. Esto serviría de guía en el futuro por si existiera otro caso parecido, al menos poseer alguna referencia. Lo mismo hizo con el procedimiento que empleó en el parto. Ahora sabían que esta habilidad era debida a los ancestros reales de Gabriel. Aunque no entendía mucho al respecto. No todos los niños heredaban la condición de concebir o la maldición de procrear como ellos le llamaban. Era fácil saber si poseían la habilidad porque de alguna forma los que la heredaban podían ver el color de las almas ajenas a voluntad. En el caso de la maldición era diferente. Esta también era fácil de reconocer. Los afectados cambiaban el color de los ojos por un período y en este solo buscaban reproducirse como los animales. No obstante, por suerte esta no se había manifestado por sesenta años.
Pero había que pensar en el futuro. También estaba el hijo de Lidia, el joven Caden. Por las demás hermanas, no había que preocuparse. Las pocas que tuvieron varones. Ya eran abuelas de nietas hermosas. Sus hijos se habían casado con mujeres por lo que no hubo problemas. En cuanto a la maldición esta no se había manifestado en ninguno hasta la fecha. Incluso tampoco lo hizo en Gabriel. Sin embargo, su sobrino parecía haber heredado la maldición a edad muy temprana. Esto era terrible porque podía reclamar a cualquiera como compañero y esto era desafortunado. Era el Príncipe heredero. No es como que pudiera casarse por el capricho momentáneo de su entrepierna.
El chiquillo era precioso, encantador y muy hábil para esconder sus reacciones. Utilizaba el encanto como un disfraz. A ella no le engañaba ni un tantito y posiblemente era la única persona que realmente temía y respetaba el niño. Nunca le pegó, ni le alzó la voz, pero fue muy severa con él. Cuando hacía algo malo, lo obligaba a ponerse en el lugar del otro para que practicara la empatía y le repetía hasta el cansancio que en la vida recibes lo que siembras y te devuelve el doble de lo que hagas ya sea malo o bueno. Esos años se los pasó viajando entre Sugey y Abner. Como a los nueve años ya Saulito aunque era de naturaleza cruel. No iba camino a convertirse en un psicópata. Sol había logrado inculcarle las diferencias entre el bien y el mal. También le enseñó a sentir remordimientos.
Después de eso dejó de visitar con tanta frecuencia el Palacio de Abner y se concentró en su propio hogar. Cael seguía siendo un cielo. El mejor hombre del mundo. La amaba con devoción y la apoyaba en todo como le había prometido cuando se comprometieron. El problema era Camila. Esa niña era una salvaje. Entablar comunicación con ella era tan difícil como que le dieran cita en la NASA. A menudo sentía que era una pésima madre. A medida que crecía Camila más desafiante y rebelde se ponía. En un intento desesperado por conectar con ella la llevo por primera vez a la Academia y allí fue que encontraron el equilibrio y cosas en común. Nadie le explicó lo complicado que era ser madre.
Por su hija estaba dispuesta a caminar sobre cristales ardientes si hacía falta, pero por momentos perdía los estribos. Camila era un reto con voluntad de hierro y caprichosa hasta la pared del frente. Cuando decía por ahí voy, por ahí iba. Aunque se cayera por un barranco. Ahora iba a su encuentro. Estaba ansiosa por verla. Desde que se vino a Abner no le había escrito ni una línea ni a ella ni a su padre. Claro que sabían que estaba bien y lo que hacía. Saulo le escribía todas las semanas. No podía dejar de pensar en cómo la recibiría.
Lo que nunca imaginó fue que Camila y Saulito estaban en el Marquesado de Santa Cruz con Melody y Claudio. Tampoco estaba Saulo. Se había ido a saber Dios por dónde. Allí solo estaban Gabriel, Rafael y ella. Gabriel tan deslumbrante como siempre les hizo pasar a su despacho y aunque Sol estaba cansada del viaje accedió. En los ojos de Gabriel vio que tenía que comunicar algo urgente. Además esto tenía que ver con la maldición de Saulito. Su amigo había puesto "Ha empezado" y ella sabía a qué se refería. Ahora lo que sí no comprendía era por qué todos se habían ido y menos cómo Saulo permitió que su hija y su hijo fueran a lo de Claudio, cuando entre ellos apenas se soportaban. ¿Estarían Gabriel y Saulo peleados? ¿Y qué hacía Rafael acá?
Todas sus dudas fueron disipadas Gabriel contó todo lo que estaba pasando. A Rafael amenazaba con caérsele la quijada. Su boca permaneció abierta desde las primeras revelaciones y permaneció así hasta el final de la feria de los horrores por la que su amigo estaba pasando y en el que su niña estaba involucrada. Como madre sintió un de todo. Rabia porque Camila no le dijo lo de sus sueños y no confió en ella. Orgullo por cómo había enfrentado y resuelto las cosas y miedo por estar al lado de un potencial monstruo. No quería lastimar a Gabriel y no dijo nada al respecto de esto último. Se puso en su lugar ¿Y si fuera Camila la que estuviera acechada y poseída por algo? ¿No buscaría ella también apoyo? Sacrificando el mundo incluso si hacía falta. No, Gabriel necesitaba ayuda. Su Camila había sido valiente y si escogió luchar a su lado para salvar a su primo no la defraudaría. Al mismo tiempo ella y Rafael dijeron:
-Aquí estoy Gabriel, para lo que necesites. Se miraron asombrados y luego se echaron a reír. Era como si hubiesen vuelto a Delta Adhara y planearan alguna trastada inocente. Las obligaciones habían separado sus caminos, pero no sus corazones.