Una vez más Thiago (Rayo) tendrá que enfrentar a sus amigos, pero está vez su estrategia será otra,.
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Sospecha acertada.
Al estilo de Rayo, Enrique cayó en bancarrota después de aquella visita.
Lo insólito fue que no se opuso, lo que confirmó las sospechas del enmascarado.
Una vez que el trabajo estuvo hecho, se retiraron del lugar.
Al subir al auto, Alberto se quitó la máscara y miró a su padre, quien le preguntó:
—¿Qué opinas? ¿Crees que tienes razón?
Hasta la pregunta estaba de más. Alberto asintió con la cabeza.
—Por supuesto que la tengo. Para mañana Enrique volverá como si nada hubiera pasado, ya lo verás.
Alberto había heredado la sabiduría del gran Rayo, y su ataque tuvo como fin comprobar que Enrique estaba siendo protegido por Octavio Gómez. Si es así confirmaría otras cosas.
Esa noche, volvieron a casa y se reunieron a la mesa: Rayo junto a Nicole, Alberto con Aurora. Santi regresó a sus deberes, pero Osvaldo se incorporó con ellos.
En medio de la cena, Nicole comentó los problemas que habían tenido y cómo los resolvieron.
—¿Cómo que Aurora será la imagen juvenil? ¿No piensas modelar en traje de baño? —su pregunta fue directa, incluso fuerte.
—Uhmm… —Rayo carraspeó—. Hijo, no tiene nada de malo. Tu madre también modeló para Casa Moda.
De inmediato, Aurora sonrió.
—¿Es cierto eso, señora? No lo sabía. Usted es muy bella, por supuesto que conquistó las pasarelas.
Se sintió más tranquila al saber que Nicole también había sido imagen de su propia marca.
—Así es, por un tiempo fui la modelo estrella y de catálogo. No veo por qué Alberto se opone. Después de todo, ustedes no son nada; no pueden intervenir en sus decisiones.
La tensión fue inmediata.
Lo dijo a propósito, pensó Alberto apretando con fuerza su cuchara.
Si Aurora ya había tomado su decisión, él no podía hacer nada. Quizás, en el fondo, tenía razón: lo de Mariana siempre fue solo una bonita amistad que había malinterpretado.
Si su futuro era Aurora, tendría que afrontar una prueba muy grande junto a ella. Pronto pondría a prueba esos sentimientos.
Antes de irse a dormir, Alberto pasó por la habitación de la chica y le dijo:
—No me vayas a buscar hoy, el tonto de Osvaldo ha decidido quedarse en la habitación.
—No te preocupes, no pensaba ir de todos modos —respondió ella, tajante.
—¿Estás molesta? —Alberto frunció el ceño.
—No, no lo estoy. Tampoco debería… No somos nada, y tomé la decisión por mi cuenta.
De inmediato comprendió el motivo de aquella molestia. Se acercó a Aurora, haciéndola retroceder hasta que su espalda chocó contra la pared.
—Por favor, no me presiones. Existe un motivo muy grande para guardar silencio. Solo debo comprobarlo.
Alberto no podía irse a dormir sin verla ni sin robarle un beso. por se inclinó y la besó.
—No deberías jugar así conmigo —dijo ella con timidez.
Alberto solo sonrió y salió.
Los días pasaron, y un día antes del lanzamiento de Casa Moda, Alberto comprobó lo que sospechaba: Larios volvió a levantarse como si nada hubiera pasado.
En el despacho de Rayo se reunieron para discutirlo.
—Papá, si Alberto ya tenía sus sospechas, ¿por qué no atacamos al hacker? —preguntó Diego, recién incorporado a la conversación, mientras Douglas escuchaba en silencio.
—Había que comprobarlo. Esto no solo confirma que Larios tiene el respaldo de Gómez, sino que también deja claro que lo del matrimonio es cierto —Rayo hizo un gesto y señaló con disimulo a su hijo menor.
—Pero Alberto no es un tonto. No me importa Mariana, ella puede hacer lo que desee; es su corazón, su futuro. Lo cierto es que nosotros estamos expuestos.
—Con lo que hicimos, hemos puesto furioso a Enrique, pero no es de él de quien debemos cuidarnos.
—Solo quería comprobar el poder de Octavio —intervino David—. Ya sabemos de lo que es capaz ese hombre. Que no nos agarre desprevenidos.
Rayo sonrió de lado.
—No, nosotros lo vamos a sorprender. Pero será después del lanzamiento, no podemos dañar este evento.
Ricardo asintió y miró a Kenneth.
—Hijo, serás el responsable de mantenernos al tanto de todo. El evento de Casa Moda puede ser una excusa perfecta para darnos un golpe.
No solo las chicas Beach estaban pendientes del lanzamiento, los hombres de la familia también lo estaban. Larios les había confirmado que el enemigo era fuerte.
Al caer la noche, Nicole se fue a la cama con una gran sonrisa; hacía mucho tiempo que no tenía a toda su familia reunida.
—Mi amor… —vio a Thiago esperándola en la cama—. Hoy estoy sumamente feliz, solo me hace falta un poco de tus apapachos.
Rayo sonrió al escucharla.
—¿Quieres que te haga el amor? ¿O solo buscas mimos? —él ya sabía la respuesta.
—Quiero que me ames, que me hagas sentir en las estrellas… —no había terminado cuando Rayo la silenció con un beso y fue bajando lentamente.
Nicole siempre lograba tranquilizarlo; entre sus brazos, Thiago dejaba de ser Rayo y se volvía un hombre con un gran corazón, que solo luchaba por los suyos.
El día del lanzamiento, el salón se llenó de invitados. En primera fila estaba Rayo con toda su familia. Alberto, obligado a usar un traje entero que evitaba a toda costa, no podía ocultar lo que era: un joven prominente, heredero del imperio de Rayo.
Sus hermanos y tíos estaban presentes, apoyando a las chicas.
El evento abrió con unas palabras de la dueña de Casa Moda:
—Sean todos bienvenidos. Esta noche presenciarán un evento inolvidable, bajo el nombre Sueño de verano. La creadora y diseñadora: Victoria Beach.
Los aplausos retumbaron cuando Victoria salió.
—¡Esa es mi chica! —exclamó Kenneth, sacando pecho con orgullo.
Rayo tenía un brillo único en la mirada: orgullo de su hija y de sus logros.
Y así, el evento dio inicio para que todos disfrutaran de una noche inolvidable.