Él es Leonardo "Leo" Santamaría, hijo de uno de los dueños del hospital más prestigioso del país. Un médico brillante, pero arrogante y mujeriego. Es conocido por sus noches de fiesta, su actitud despreocupada y su fama de ser un profesor insoportable. Para él, la vida es un juego en el que nunca ha tenido que luchar por nada… hasta que la conoce a ella.
Ella es Isabela "Isa" Moreno, una estudiante de medicina determinada a convertirse en doctora para asegurar un futuro para su hijo. A sus 24 años, ha aprendido a ser fuerte, a sobrevivir sin ayuda y a mantener su vida privada en secreto. La última persona con la que querría cruzarse es con un profesor prepotente como Leo, pero el destino tiene otros planes.
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capítulo 22
Isa estaba en el vestidor, cambiándose después de un turno largo y agotador. De repente, la puerta se abrió de golpe, y Leo entró a paso firme, casi chocando con todo a su paso.
“¿Cómo estás?”, preguntó con su tono serio, pero un poco cargado de incomodidad, como si no estuviera seguro de querer saber la respuesta. “Porque, para ser sincero, pensaba que ayer ya te habías ido.”
Isa levantó una ceja, sorprendida por su llegada tan abrupta. “¿En serio, Leo? ¿Ahora te preocupas por mí?”
Leo la miró sin cambiar su expresión. “No es que me preocupe, pero tampoco me quiero quedar con la duda de si sobreviviste o no. No todos los días veo a alguien en una situación como esa y luego seguir caminando por los pasillos como si nada.”
Isa soltó una risa sarcástica. “¿Y esperabas que me desmayara o qué? Estoy bien, no pasa nada.”
Leo cruzó los brazos, aún manteniendo ese tono serio, pero había algo en su mirada que lo delataba. “No sé... conociéndote, pensaba que te gustaba la idea de hacer las cosas a lo grande, ¿pero arriesgar tu vida así? Un poquito extremo, ¿no?”
Isa lo miró, divertida, pero con algo de desafío. “¿Y tú, qué? ¿Te molesta que siga con vida? Si esperabas un drama, lamento decepcionarte.”
Leo no pudo evitar un pequeño resoplido, aunque su mirada seguía siendo de irritación. “No me molesta, pero, ya sabes... con lo bien que te sale la actuación, pensé que quizás te habrías quedado en el suelo un buen rato. Pero bueno, sigues sorprendiendo.”
Isa se encogió de hombros, sonriendo con ligereza. “Pues parece que no todo en esta vida es un espectáculo. Quizá ahora me toque sorprenderte un poco más.”
Leo la miró por un instante más, como si estuviera a punto de decir algo, pero se limitó a dar un paso atrás. “Bueno, sigue sorprendiendo, Isa. Sólo no me hagas el favor de hacerlo tan cerca de un accidente la próxima vez.”
Antes de que pudiera añadir algo más, se giró rápidamente y salió del vestidor, dejando a Isa con una sonrisa irónica y sabiendo que, en el fondo, algo de preocupación sí había ahí.
Isa estaba en medio de su discusión con Leo, cuando el sonido de su teléfono interrumpió el momento. Miró la pantalla y vio que era su hijo. Sin pensarlo dos veces, contestó rápidamente, su rostro cambiando al instante.
“¡Mamá! ¡Mariana se rompió el tobillo y abuela no está en casa! Estoy solo con ella y... está llorando mucho, y no sé qué hacer. ¡Ayuda!” La voz de su hijo sonaba llena de miedo y angustia.
Isa sintió como un nudo en el estómago. “¡Dios mío, hijo! ¿Dónde estás? ¿Mariana está bien? ¿Está muy mal herida?”
“Está llorando, mamá. No se mueve... no sé qué hacer. Por favor, ven rápido.”
Isa apretó el teléfono con fuerza, su corazón apretado de preocupación. Sin pensarlo, dejó caer su teléfono en la mesa y rápidamente empezó a recoger sus cosas, ignorando por completo a Leo que aún estaba de pie, observándola.
Leo frunció el ceño al verla tan alterada. “¿Qué pasa, Isa?”
“Mi hija, Leo... se rompió el tobillo y no puedo perder ni un segundo más. Necesito ir a casa.”
Sin pensarlo, Leo dio un paso hacia ella, su actitud cambiando. “Te llevo. No hay tiempo para que vayas sola.”
Isa levantó la vista, sorprendida por su ofrecimiento. No dijo nada, simplemente recogió sus cosas con rapidez y salió del vestidor, casi corriendo hacia la salida. Leo la siguió sin dudar, dando por hecho que ella no iba a decir que no.
“Isa, ¿dónde vas tan rápido?” preguntó, pero al ver su expresión, entendió que no era el momento para discutir.
Isa lo miró brevemente, casi como si no pudiera ni pensar. “A mi casa... ya te lo dije.”
Leo no dijo más. Sin preguntar ni un detalle más, se acercó y la alcanzó, ofreciéndole su coche. “Vamos, yo te llevo. No puedes manejar en ese estado.”
Isa lo miró con una mezcla de agotamiento y alivio, pero agradecida en el fondo. No había tiempo para discutir ni para preguntas.
Mientras caminaban hacia el coche, Leo guardó silencio, pero su presencia era la única que la acompañaba en ese momento tan difícil.
Estimada escritora, ojo con los cambios de nombres y apellidos.