Es la corta historia de Helena, la Viuda del magnate, Edwards Cox.
Un fiel y amoroso esposo.
Un filantropo.
Un gran hombre y ejemplo para la sociedad.
Su asesinato está rodeado de misterio, en donde el principal sospechoso, será Helena.
👀OBRA ORIGINAL.
"PROHIBIDO SU PLAGIO O CUALQUIER ADAPTACIÓN "
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Capítulo XXI
Ocho años atrás.
Los días pasaban tan deprisa, que en un abrir y cerrar de ojos, ya habían pasado cuatro meses.
Helena había aceptado una relación con Edwards Cox, había un poco de ilusión al estar junto él, pues creía que era el hombre perfecto, el que necesitaba en su vida.
Por otro lado Nicolás parecía llenarse de amargura.
Judith tenía una sonrisa amplia y el corazón negro.
—Judith—Tengo una maravillosa noticia, que te hará muy feliz.
Nicolás la miró atento.
—Judith—¡Estoy embarazada!.
Judith gritó de emoción y se arrojó a los brazos de Nicolás.
Los ojos de Nicolás se abrieron de par en par, por la impresión de aquella inesperada noticia.
—Nicolás—¿Estás segura?.
—Judith— Sí, mi médico me lo confirmó. ¿Estás feliz?.... ¿Nicolás?.
—Nicolás—...... Sí.
Fue lo único que logro decir.
—Judith—Tenemos que casarnos pronto ahora que seremos padres. Quiero caminar al altar con hermoso vestido, ya tengo al diseñador que lo hará.
Judith era la única que sonreía feliz. Pues a pesar de ser una noticia tan hermosa, había golpeado con gran fuerza el corazón de Nicolás. Esa noche fue una de las más largas para él, pues las noticias no paraban ahí.
En la mansión Cox, se habían reunido los hermanos con sus parejas, para festejar un nuevo acontecimiento, además del nuevo integrante de la familia Cox.
—Edwards—Helena, sé que el tiempo que hemos estado juntos es corto y que aún nos falta mucho por recorrer, pero me gustaría que los hiciéramos como un matrimonio.
Lógicamente, Helena había sido la más sorprendida esa noche.
Edwards estaba hincado frente a Helena con un anillo en la mano.
Nicolás sintió cuando su corazón se detuvo, mientras todos estaban en la espera, de la respuesta de Helena.
—Helena—Yo...
Sin poder evitarlo levantó la vista, para buscar la mirada de Nicolás. A pesar de su tristeza, él le sonrío.
Edwards apretó la cajita con fuerza, no era tonto, pues sabía que entre Nicolás y Helena había surgido algo. Pero él ya había decidido que Helena sería suya y estaba por demás decir, que a él no le importaba su propia sangre.
—Edwards—¿Mi amor?.
Era un gran esfuerzo para Edwards contener su enojo.
—Helena —... Sí.
Aceptó ella, con la esperanza de crear un bonito matrimonio al lado de ese maravilloso hombre, que se desvivía por ella.
Edwards beso los labios de Helena.
Mientras tanto, Judith moría de rabia.
—Judith—¿Cuándo será boda?.
Pregunto ella con su singular sonrisa, llena de hipocresía y de odio.
—Edwards—En tres semanas.
—Helena—¿Qué? Pero es demasiado pronto Edwards. Además la próxima semana tengo un caso importante y debo prepararme.
—Edwards—Pero para mí es mucho tiempo, mi amor.
Edwards le dejo un beso tierno en los labios.
—Edwards—Déjame a mí los preparativos, tú encárgate de terminar pronto tu trabajo y de hablar con Florence, porque nos iremos de luna de miel por un mes.
No muy convencida, Helena terminó por aceptar.
Más tarde, Judith se excusó y desapareció por varios minutos, mientras Edwards fingió que atendería una llamada.
Una vez que se quedaron solos, Nicolás se acercó a Helena.
—Nicolás—Felicidades, Helena.
La abrazo con fuerza y Helena lo rodeó de la cintura con sus brazos, recargo su mejilla en el pecho de Nicolás, ahí podía escuchar el ritmo desenfrenado de su corazón.
—Nicolás—Te deseo que seas feliz, a lado de Edwards.
Murmuró él, teniéndola aún entre sus brazos y vaya que le había dolido decirlo.
—Helena—Gracias, Nicolás. Felicidades a ti también por el bebé, serás un gran padre.
Dijo Helena con un nudo en la garganta.
—Nicolás—Gracias, Helena.
El abrazo fue el más largo y lleno de emociones distintas.
Judith empujó a Edwards cuando se acercó a besarla.
—Judith—No quiero que me toques.
Edwards la tomó de la barbilla y lo obligo a besarlo.
—Judith—Eres un imbecil Edwards.
—Edwards—Te advertí que no me volvieras a insultar Judith.
—Judith—Y como no quieres que lo haga, si te atreviste a pedirle matrimonio a Helena. ¿Por que lo haces? Fui muy clara, cuando te dije que no te quería cerca de ella.
—Edwards—Ya basta Judith, deja tus estúpidos celos. Deberías de estar feliz porque quitaré una piedra de tu camino.
—Judith—Pero esta no era la manera...
—Edwards—¡Cállate!. Me estas cansado, ya deja de ser tan caprichosa. Las cosas se hacen como yo quiero y si no te place, esto se termina aquí, me escuchaste.
Judith reventaba de enojo; sin embargo, intento controlarse, ya que no podía darse el lujo de perder a Edwards.
—Judith—Perdóname, tienes razón, mi amor.
Terminó por decir, se sentó sobre Edwards y comenzó a besarla con todo el deseo, de unirse a él de manera carnal.
Pero Judith no era mujer que se quedara tranquila.
Llegando al departamento, Judith aventó su bolso. Nicolás no entendía su molestia.
—Nicolás—¿Qué es lo que pasa?.
Pregunto él, del mejor modo.
—Judith—No puedes permitir que Helena se case con tu hermano Edwards.
—Nicolás—¿Por qué?.
—Judith—Hay algo que no te he dicho sobre Helena y creo que es importante que lo sepas.
Judith había clavado la espina en Nicolás.
Tal vez hay más oscuridad que Luz, y el tal Edwards termine siendo 🙈una joyita que lo que realmente le hacía a Helena era maltrato físico, verbal y psicológico para mantenerla a su lado