Allegra Vance, una joven heredera criada entre lujos y excesos en la costa californiana, es enviada contra su voluntad a un internado aislado en las montañas del norte de Inglaterra tras protagonizar un escándalo que amenaza la reputación de su familia.
Lo que comienza como un castigo se transforma en un proceso de confrontación interna: el frío del lugar, la rigidez de las normas y el rechazo de sus compañeras actúan como catalizadores de una verdad que Allegra ha evitado durante años: el vacío dejado por la muerte de su madre y su incapacidad para construir vínculos reales.
En ese entorno hostil, donde cada gesto es observado y cada error tiene consecuencias, Allegra deberá decidir si sigue siendo una máscara brillante… o si se permite romperse para reconstruirse.
NovelToon tiene autorización de ska para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 21: Cuando lo tranquilo también asusta
El problema no era que todo estuviera bien.
Era que no confiaba en que fuera a durar.
Allegra lo notó al despertar.
No había nudo en el estómago.
No había esa necesidad inmediata de revisar mentalmente cada posible desastre del día.
Solo… calma.
Y eso, para alguien como ella, era sospechoso.
Se quedó unos segundos más en la cama, mirando el techo como si esperara que algo apareciera de la nada para arruinar el momento.
No pasó.
—Esto es claramente una trampa —murmuró.
—¿Qué cosa? —preguntó Maeve, medio dormida.
—Todo.
Maeve abrió un ojo.
—Ah. Estamos en ese punto.
—¿Qué punto?
—Donde todo va bien y tú decides que eso es preocupante.
Allegra se sentó.
—Porque lo es.
—No necesariamente.
—Siempre hay algo.
Maeve bostezó.
—A veces no.
Allegra la miró.
—Eso es estadísticamente improbable.
Maeve sonrió.
—Y aun así, aquí estamos.
Silencio.
Pero no incómodo.
—No me gusta —añadió Allegra.
—Lo sé.
—No me gusta no esperar el problema.
—Eso suena agotador.
—Lo es.
Maeve la observó con más atención.
—Tal vez puedes… no hacerlo hoy.
Allegra arqueó una ceja.
—¿No esperar el problema?
—Sí.
—Eso suena irresponsable.
—Eso suena saludable.
Silencio.
Allegra dudó.
—Lo pensaré.
—Eso es lo máximo que puedo pedir.
El día empezó sin sobresaltos.
Clases normales.
Conversaciones normales.
Nada fuera de lugar.
Y aun así…
Allegra no bajaba la guardia del todo.
Era como si estuviera esperando una señal.
Un cambio.
Algo que justificara su desconfianza.
—Vas a romper algo si sigues así.
Allegra levantó la vista.
Rowan estaba apoyado contra la mesa, observándola con esa calma irritante de siempre.
—No estoy haciendo nada.
—Exacto.
—Eso no es un problema.
—Para ti sí lo es.
Allegra cerró el cuaderno.
—Estoy… anticipando.
—Estás buscando un problema.
—Es diferente.
—No lo es.
Silencio.
Pero no tenso.
Más bien… directo.
—No me gusta que todo esté tan… tranquilo —admitió Allegra.
Rowan asintió levemente.
—Tiene sentido.
—No ayuda.
—No intento ayudar.
Allegra sonrió apenas.
—Consistencia.
—Siempre.
Silencio.
Pero más suave.
—No tienes que arruinarlo para que sea real —añadió él.
Allegra lo miró.
—No lo haría.
—Lo has hecho antes.
—Antes era diferente.
—¿Y ahora?
Allegra dudó.
Pero no se escondió.
—Ahora… no quiero hacerlo.
Silencio.
Eso sí era nuevo.
Rowan la observó un segundo más.
—Entonces no lo hagas.
Allegra soltó una pequeña risa.
—Eso suena demasiado simple.
—A veces lo es.
—No en mi caso.
—Especialmente en tu caso.
Silencio.
Pero con una leve sonrisa.
—Esto me preocupa más que cualquier pelea que hayas tenido.
Allegra dejó el tenedor.
—Gracias por el apoyo, Maeve.
—Lo digo en serio.
—Yo también.
Maeve la miró.
—Estás tranquila.
—Sí.
—Eso no es normal para ti.
—Lo sé.
—Y no estás saboteándolo.
—Todavía no.
Maeve entrecerró los ojos.
—No lo hagas.
Allegra levantó una ceja.
—No planeo hacerlo.
—Bien.
Silencio.
Pero cómodo.
—Es solo que… —empezó Allegra.
Maeve esperó.
—No confío en esto.
—¿En qué?
—En que se quede.
Silencio.
Pero más suave.
Maeve apoyó los codos en la mesa.
—Tal vez no se quede.
Allegra la miró.
—Eso no ayuda.
—Pero es verdad.
—Genial.
—Pero también puede quedarse.
Silencio.
Allegra no respondió.
—No puedes saberlo ahora —añadió Maeve.
—No me gusta eso.
—Lo sé.
—Nada nuevo.
Maeve sonrió.
—Nada nuevo.
La tarde llegó con esa luz gris constante que parecía no cambiar nunca en ese lugar.
Allegra caminaba sola.
Otra vez.
Pero ya no era aislamiento.
Era elección.
Se detuvo en medio del patio, mirando alrededor.
Todo seguía igual.
El edificio.
El cielo.
La gente.
Pero ella…
no.
—Eso también da miedo.
Allegra giró la cabeza.
Lila.
—¿Qué cosa?
—Cambiar.
Allegra la observó.
—No lo había pensado así.
—Deberías.
—¿Por qué?
Lila se encogió de hombros.
—Porque no siempre puedes volver atrás.
Silencio.
Pero no incómodo.
Más bien… claro.
—No quiero volver atrás —dijo Allegra finalmente.
Lila la miró.
—Entonces deja de actuar como si lo quisieras.
Eso golpeó.
Pero no dolió.
No como antes.
—Estoy… ajustándome —respondió Allegra.
—Eso parece.
Silencio.
Pero más ligero.
—No estás perdiendo nada —añadió Lila—. Solo estás dejando de fingir.
Allegra inclinó la cabeza.
—Eso suena peor.
—Es mejor.
—Lo estoy evaluando.
Lila sonrió apenas.
—Hazlo rápido.
Esa noche, Allegra no estaba en la ventana.
Estaba en su cama.
Mirando el techo.
Otra vez.
Pero no porque estuviera atrapada en su mente.
Sino porque… estaba tranquila.
Y eso seguía siendo raro.
—No voy a arruinarlo —murmuró.
Maeve levantó la vista.
—Eso sonó importante.
Allegra giró la cabeza.
—Lo es un poco.
—Me gusta.
—No te emociones.
—Demasiado tarde.
Silencio.
Pero cómodo.
Allegra cerró los ojos.
Y por primera vez en mucho tiempo…
no estaba esperando que algo saliera mal.
Y eso…
aunque todavía le daba un poco de miedo…
también se sentía bien.