Una actriz de Hollywood convertida en estrella de villanas, Lobelia Sánchez, muere de cáncer terminal pero renace en el cuerpo de su homónima de la novela Trono de la Perdición – una joven ilegítima y débil destinada a un final cruel. Con su inteligencia, astucia y conocimientos del arte de la seducción y manipulación, la nueva Lobelia decide cambiar su destino: destruir a quienes la condenaron en la historia original, especialmente su hermana Rosa y el príncipe Taylor, mientras se alza hacia el poder supremo.
Mediante la creación de un imperio en las sombras – con una tienda de fachada, un gremio de información y un burdel – va eliminando obstáculos, sembrando desconfianza y seduciendo al emperador Teodore Drakon para alcanzar su objetivo final: convertirse en emperatriz viuda. Una historia de intriga palaciega, poder y venganza, donde la protagonista abraza su naturaleza de villana para conquistar el trono sin piedad.
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EL GOLPE FINAL – LA CAÍDA DE ROSA Y LA EMPERATRIZ
La emperatriz Isadora reunía a sus últimos aliados en una sala oculta de su palacio – unos pocos nobles resentidos por mi ascenso, junto a un mercenario conocido por sus crímenes despiadados. Rosa estaba a su lado, con los ojos llenos de odio y la mente obsesionada con vengarse de mí.
"Lobelia cree que ya no podemos hacer nada contra ella," dijo Isadora con voz rasposa, golpeando la mesa con su puño – "Pero tendremos nuestra venganza. He contratado a los bandidos del Bosque Negro para que secuestren a la Reina Consorte cuando salga del palacio para visitar a la condesa Teresa. La desfiguraremos, la deshonraremos y la echaremos del imperio. Así recuperaremos el poder que nos pertenece."
Rosa asintió con ferocidad: "Yo mismo los guiaré hasta su camino. Sé cuándo sale y qué ruta toma. Esta vez no escapará."
Pero lo que no sabían es que mi red de espías había infiltrado a una sirvienta en la sala – una joven que había sido salvada de la pobreza por mí meses atrás. Esa misma tarde, Elle me trajo la noticia completa del plan.
"Mi señora, ya sé todo lo que están tramando," dijo Elle, entregándome un pergamino con los detalles – "La emperatriz ha pagado una fortuna a los bandidos, y Rosa planea estar presente para asegurar que te hagan el mayor daño posible."
Yo sonríe fríamente mientras movía las fichas de ajedrez sobre la mesa: "Entonces les daremos justo lo que quieren... pero al revés. Prepara todo según mi plan. Esta será la última vez que Rosa intenten moverse contra mí."
Seguí el plan al pie de la letra: salí del palacio con una escolta reducida, tomando la ruta que Rosa conocía. A mitad del camino, cuando llegamos al Bosque Negro, un grupo de bandidos enmascarados salió de entre los árboles, bloqueando el camino.
"¡Bajan de sus caballos, Lobelia!" gritó uno de ellos, empuñando una lanza – "Hoy pagarás por todos tus crímenes."
Pero en ese instante, el general Víctor Solen apareció con sus hombres desde los árboles contiguos, rodeando a los bandidos. "¡No se muevan!" ordenó el general – "Están rodeados. Sus armas son inútiles contra nosotros."
Rosa, que se encontraba entre los bandidos con su rostro cubierto, intentó escapar, pero mis guardias la detuvieron antes de que pudiera huir. Le quitaron el pañuelo que la cubría, y su cara de horror se hizo evidente al ver que habíamos previsto todo.
"No puede ser... cómo supiste?" gimió, mientras los guardias la sujetaban con fuerza.
Yo bajé de mi caballo y me acerqué a ella con paso lento y seguro: "Siempre sé todo lo que haces, Rosa. Pensaste que podías usar a estos bandidos para hacerme daño, pero en realidad los contraté yo misma – les dije que fingieran seguir las órdenes de la emperatriz para atraparte a ti y a tus cómplices."
Giré hacia los bandidos y les hice una señal: "Como acordamos, cumplid vuestro parte del trato... pero no conmigo. Con ella."
Los bandidos se acercaron a Rosa, quien gritaba y suplicaba por ayuda. Uno de ellos sacó un cuchillo afilado y le pasó por la cara con fuerza, dejando cicatrices profundas que desfiguraron su belleza anterior. "Esto es por lo que hiciste a mi madre," murmuré en su oído – "Ahora sabrás cómo se siente ser deshonrada y rechazada."
Después de ello, ordené a los guardias que la llevaran hasta la mansión del príncipe Taylor y la echaran fuera de las puertas, con una carta que explicaba que había sido descubierta conspirando contra la Reina Consorte y el emperador.
Con la prueba irrefutable de la conspiración de la emperatriz Isadora – incluyendo las cartas que ella había enviado a los bandidos – el emperador convocó a todo el consejo de nobles. La emperatriz fue traída ante la asamblea, con las manos atadas y la cara pálida de terror.
"Isadora," dijo el emperador con voz helada – "He confiado en ti durante años, pero has demostrado una y otra vez que tu ambición es mayor que tu lealtad. Ayer, intentaste secuestrar y desfigurar a la Reina Consorte, nuestra única esperanza de un heredero y la salvadora de mi vida."
Presenté las pruebas ante los nobles: "Su majestad, los documentos aquí presentes demuestran que la emperatriz ha estado conspirando contra el trono desde hace meses. También ha sido descubierto que ella fue la que financió a los rebeldes del sur junto al ex duque Octavio."
Los nobles murmuraron entre sí, indignados por la traición. El emperador levantó la voz para que todos lo escucharan: "Por estos crímenes, declaro a la emperatriz Isadora destituida de su título. Será exiliada del imperio para siempre, y nunca podrá volver a pisar nuestras tierras. Además, ordeno que todos sus bienes sean confiscados y destinados a ayudar a los pobres de la capital."
Mientras los guardias llevaban a Isadora fuera de la sala, ella gritaba improperios contra mí, pero nadie la escuchó. Su poder se había desvanecido como el humo, y ahora era solo una mujer derrotada y olvidada.
Rosa, con la cara envuelta en vendas y vestida con ropas harapientas, fue echada de la mansión de Taylor por orden del príncipe. Lyra, la nueva princesa, se encontraba en el porche y la miró con compasión pero firmeza: "No puedes quedarte aquí. Tu traición ha manchado para siempre tu nombre, y el príncipe no puede asociarse con alguien que conspira contra el trono."
Taylor se asomó por la ventana y dijo con voz seria: "Rosa, te di una oportunidad cuando te degradé a concubina, pero tú la desperdiciaste. Ahora debes pagar por tus actos."
Sin más palabras, los guardias cerraron las puertas de la mansión en su rostro. Rosa se quedó en la calle, sola y desamparada, con la cara desfigurada y sin ningún lugar donde ir. Los pasantes la miraban con lástima o con desprecio, y algunos recordaban cómo ella había participado en la deshonra de mi madre años atrás.
"Así termina la historia de Rosa pensé mientras recibía la noticia en mi sala de estar – "Ya no hay nadie que se atreva a oponerse a mí. El imperio está en mis manos, y mi hijo gobernará después de mí. El trono de la perdición se ha convertido en el trono de mi gloria."
Elle entró en la habitación con una copa de vino rojo: "Mi señora, todo ha salido según lo planeado. La emperatriz está exiliada en el palacio de lágrimas.Rosa ha sido echada del palacio de Taylor, y los nobles ahora te obedecen sin cuestionar."
Yo levanté la copa hacia la ventana, donde la luna brillaba con un tono rojo oscuro: "Esto es solo el principio de nuestro imperio. Ahora gobernaremos con mano firme y justicia, y nadie podrá detenernos. El mundo conocerá el poder de Lobelia, Reina Consorte del imperio y muy pronto emperatriz.