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Desafiando Al Sistema

Desafiando Al Sistema

Status: En proceso
Genre:Aventura / Romance
Popularitas:760
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Abandonado en una raid urbana, Cael fue dado por muerto.
En las profundidades de una mazmorra oculta, despertó un Sistema prohibido que el mundo jamás debió conocer.
Mientras la ciudad sigue sus reglas…
él aprende a romperlas.
Y cuando regrese, no cambiará el ranking.
Cambiará el sistema.

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21 — El nombre que resuena en el concreto

El reconocimiento no llegó con aplausos.

Llegó con un papel doblado en cuatro.

Cael lo sostuvo entre los dedos sin apuro, de pie en el galpón del Equipo Gris. El membrete de la Asociación ocupaba la parte superior, pulcro, oficial, distante. Leyó la frase principal dos veces, no porque no la entendiera, sino porque no estaba acostumbrado a que su nombre apareciera así, en un documento que no fuera una citación o un registro frío.

“Se reconoce la intervención decisiva del cazador independiente Cael Verdan en la contención del nodo primario de interferencia y la mitigación de focos secundarios. Se autoriza acceso prioritario a recursos de estabilización en misiones conjuntas.”

Maira se inclinó para leer por encima de su hombro.

—Eso es… grande —murmuró.

—Eso es… peligroso —añadió Ivo—. Cuando te ponen nombre, te ponen objetivo.

Lara no dijo nada al principio. Se cruzó de brazos y lo miró con esa mezcla rara de orgullo ajeno y preocupación que no se disfraza.

—No te van a colgar una medalla —dijo al fin—. Te van a pedir que estés cuando otros no puedan.

Cael dobló el papel y lo guardó en la chaqueta.

—No hice nada para que me miren —respondió—. Pero si me miran, que sea cuando haga algo que valga la pena.

No sonó heroico. Sonó cansado. Y eso lo hacía más real.

El aviso llegó antes de que el galpón volviera a quedar en silencio.

Intercambiador del Sur. Brecha activa. Retiro de equipos preliminares. Solicitud de apoyo avanzado.

—Nos piden —dijo Lara—. Y… —miró a Cael— te piden.

El tirón en el pecho apareció antes que el Sistema.

[Alerta: Entidad de alto umbral detectada.]

[Recomendación: Coordinación avanzada. Uso controlado de picos.]

—Controlado —murmuró Cael—. Claro.

El intercambiador era un esqueleto de concreto bajo la llovizna.

Los niveles superiores rugían con el tránsito, y el eco caía en capas hasta el nivel inferior, donde el aire se sentía torcido, como si la gravedad tuviera dudas. Las farolas naranjas estiraban su luz en líneas deformadas por la brecha abierta. No había gritos. Había tensión.

La entidad emergía del aire ondulado como un ensamblaje imposible: placas de sombra superpuestas, unidas por filamentos de luz distorsionada que vibraban como tendones. Cada paso que daba hacía crujir el asfalto. No era rápida. Era inevitable.

Un agente retrocedió y resbaló en una mancha de aceite.

—¡Atrás! —gritó alguien.

La placa frontal cayó como un martillo. El concreto explotó en fragmentos. Lara se lanzó, tomó al agente del arnés y lo arrastró fuera de la línea de golpe. El zumbido de la entidad se metía en los oídos, bajo, insistente.

—¡Mantengan línea! —ordenó Lara.

Cael avanzó.

No corrió. Caminó para medir el ritmo del monstruo. El Filo de Energía se encendió con un susurro azul que delineó la hoja y el antebrazo. Las gotas de lluvia, al tocar la luz, se evaporaban en vapor breve.

Un filamento de sombra se estiró como un látigo. El golpe rozó el hombro de Cael. El frío le mordió la piel. La Tenacidad del Caído amortiguó el shock, pero el mundo se le ladeó un segundo.

—No ahora —se dijo.

Se deslizó a un costado, clavó el talón en el asfalto mojado y lanzó el primer tajo. No buscó “cortar al monstruo”. Buscó el borde del pulso que sostenía su movimiento. El aire se plegó como una hoja invisible mal doblada.

La entidad titubeó.

—¡Anclajes, ahora! —gritó Cael.

Maira activó el patrón de contención. Ivo disparó cargas que explotaron en destellos opacos, obligando a la entidad a redistribuir sus placas. Lara cerró el flanco, empujando a un agente mal posicionado sin mirar atrás.

La entidad aprendió.

Las placas se reacomodaron con un chirrido que dolía en los dientes. Otro látigo de sombra cayó en arco. Cael bajó el centro de gravedad, dejó pasar el golpe por encima del hombro y avanzó por debajo del arco oscuro. El Filo trazó una curva envolvente, una media luna azul que mordió el pulso del aire sin tocar la “carne” de sombra.

El intercambiador rugió por el eco.

Un agente dejó caer su arma sin darse cuenta.

—Eso no fue un corte… —murmuró alguien— fue… desarmarla.

Cael marcó el pulso una vez más, tensándolo como una cuerda a punto de romperse.

—No la rompan de golpe —dijo, con la voz raspada—. Partan el ritmo.

Maira sincronizó los anclajes. Ivo creó “islas” de contención en el suelo. Lara se movía como un péndulo, cerrando huecos, sosteniendo la línea humana.

La entidad lanzó su último embate. Placas de sombra se levantaron como escudos y cayeron al unísono. Cael avanzó contra el golpe. La luz azul envolvió su antebrazo hasta el codo. El impacto lo empujó medio paso atrás. Ruido blanco. Un segundo sin aire.

—Ahora —susurró.

El tajo final fue un arco amplio que rodeó el núcleo del pulso. El aire vibró como una campana golpeada desde adentro. La “cuerda” invisible se cortó. La entidad se fragmentó en piezas pequeñas que perdieron cohesión y cayeron al asfalto como sombras cansadas.

El silencio que siguió fue pesado.

La lluvia volvió a sonar normal.

Cael apoyó la mano en la baranda para no caer. Lara estuvo a su lado sin tocarlo, lista.

—Respirá —dijo—. Dos veces.

Respiró. Una. Dos.

Un agente bajó el arma con las manos temblando.

—Nunca vi algo así…

Otro asintió en silencio, con la boca entreabierta. No había aplausos. Había respeto. Del que no hace ruido.

Un funcionario de la Asociación se acercó con la cabeza levemente inclinada.

—Buen trabajo, Verdan. No todos saben cortar el pulso sin provocar colapso.

—Hoy salió —respondió Cael—. Mañana puede no.

El funcionario aceptó la honestidad con un gesto mínimo.

En la camioneta, el cansancio era denso.

—Te vieron —dijo Ivo—. En serio.

—No te subas a eso —advirtió Maira—. Subirse termina mal.

Lara miró a Cael, directa.

—No te creas invencible.

—No lo soy —respondió él—. Solo… vuelvo.

Ella asintió.

El Sistema apareció por última vez esa noche:

[Estado: Estable con carga elevada.]

[Recomendación: Recuperación prioritaria.]

Cael cerró los ojos.

El reconocimiento había llegado.

No como aplauso.

Como un peso nuevo que aprender a llevar sin romperse.

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