Tras morir en su mundo anterior, Ariel despierta en el cuerpo de un omega marcado como villano en una sociedad omegaverse brutal y jerárquica. Todos aseguran que este omega traicionó, manipuló y causó la muerte de varios alfas importantes.
Pero Ariel no recuerda haber hecho nada de eso.
Condenado a un matrimonio arreglado con un alfa violento —un enlace que, en realidad, es una sentencia de muerte encubierta—, Ariel intenta sobrevivir en silencio… hasta que aparece Kael, un delta poderoso, temido por muchos y leal a nadie… excepto a él.
Kael no solo lo ayuda a escapar.
Lo protege.
Lo reconoce.
Lo ama.
Y Ariel pronto descubrirá que:
Ya se conocieron en otra vida
En esta misma vida, Kael lo conoció cuando ambos eran niños
Kael lo ha buscado en cada existencia
Y que la historia del “omega villano” es una mentira cuidadosamente construida
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CAPÍTULO 23 – ENCUENTROS INESPERADOS
El día comenzó con un cielo despejado, pero Ariel no podía quitarse la sensación de que algo estaba por suceder. Mientras preparaba el desayuno para sus hijos, escuchó pasos acercarse a la puerta. Era un visitante inesperado: un antiguo aliado de su pasado, alguien que conocía historias que él preferiría olvidar.
—Ariel… —dijo la voz, con un tono que mezclaba respeto y curiosidad—. Hace tiempo que quería verte.
Ariel se tensó, pero Kael apareció detrás de él, firme y protector.
—¿Quién es? —preguntó Kael, con una voz que no admitía dudas.
—Alguien que sabe… quién fui y quién soy ahora —respondió Ariel, con una mezcla de ansiedad y determinación—. No tienes que intervenir todavía.
El visitante los miró a ambos, percibiendo la tensión entre ellos, y finalmente asintió con respeto.
—Solo quería asegurarme de que estabas bien. He oído cosas… y no todas son ciertas.
Ariel lo invitó a entrar, mientras Kael observaba con la calma de quien sabe que cualquier amenaza se puede manejar. El visitante se sentó, y la conversación giró en torno a rumores del pasado, antiguas historias que algunas personas aún repetían como verdades absolutas. Ariel escuchó, pero no se permitió ser absorbido por la ansiedad. Cada palabra que llegaba era solo un recordatorio de cómo había cambiado su vida.
Después de que el visitante se marchara, Ariel se recostó sobre el sofá, exhausto y pensativo. Kael se sentó a su lado, rodeándolo con un brazo.
—Estás bien —dijo Kael suavemente—. No dejes que lo que dicen los demás borre lo que somos.
—A veces siento que el pasado siempre volverá —susurró Ariel—. Que nunca podremos escapar de esas miradas, de esos juicios.
—No necesitamos escapar —replicó Kael, apoyando su frente contra la de Ariel—. Solo necesitamos recordar quiénes somos ahora. Y eso es más fuerte que cualquier sombra.
Esa tarde, decidieron salir al parque con los niños. Mientras jugaban, Ariel observaba a Kael interactuar con ellos, cada gesto lleno de cariño y paciencia. Se sintió abrumado por la emoción: no solo había sobrevivido a su pasado, sino que ahora tenía la familia que siempre había deseado, y la certeza de que Kael lo amaba profundamente.
Cuando los niños corrieron hacia un carrusel, Ariel sintió un cosquilleo en el estómago, la emoción de verlo sonreír y de sentir la seguridad de Kael cerca. Se acercó y tomó su mano, entrelazando sus dedos.
—Te amo —susurró, sin poder evitarlo.
Kael lo miró con una intensidad que hizo que el corazón de Ariel latiera más rápido.
—Y yo a ti —respondió—. Cada día más.
Mientras los niños giraban en el carrusel, Ariel y Kael compartieron un momento íntimo, un beso largo y suave, lleno de ternura y promesas silenciosas. Los transeúntes podrían mirarlos, pero ellos estaban en su propio mundo, un universo donde solo importaban ellos y su familia.
Esa noche, de regreso a casa, Ariel se sentó frente a la chimenea, contemplando el fuego. Kael se sentó a su lado, apoyando la cabeza en su hombro.
—Nunca imaginé que podría sentirme tan… completo —dijo Ariel, con voz baja—. Aun con todo lo que pasó, con todo lo que podría venir, aquí… siento que todo vale la pena.
Kael lo abrazó más fuerte, susurrando en su oído:
—Todo vale la pena porque estamos juntos. Y juntos, nada nos puede derrotar.
Los niños se durmieron poco después, y Ariel observó cómo Kael los cubría con cuidado. Sintió un amor tan profundo que casi le dolía. Era un amor que no dependía del pasado, ni de los juicios de los demás; era un amor construido con confianza, paciencia y ternura.
—Kael… gracias por quedarte conmigo, incluso cuando yo dudaba de mí mismo —susurró Ariel.
—Amarte también es resistir contigo —replicó Kael, besando suavemente su cabello—. Siempre.
Ariel cerró los ojos, dejando que la calma lo envolviera. Sabía que los desafíos no habían terminado, pero también sabía que mientras estuviera con Kael y sus hijos, podría enfrentar cualquier sombra del pasado.
El viento nocturno acarició las cortinas abiertas, llevando consigo los ecos de risas y caricias, de promesas cumplidas y futuros asegurados. Ariel comprendió, con una claridad serena, que aunque la vida podía traer nuevos desafíos, mientras estuvieran juntos, cada obstáculo podía transformarse en un puente hacia la felicidad.
Esa noche, mientras se recostaba junto a Kael, Ariel se prometió a sí