Hace tres siglos, la joven reina Isolda fue traicionada la noche antes de firmar un tratado que habría salvado su reino.
En su última hora, una mujer misteriosa le prometió: “Tendrás otra oportunidad, pero no en este tiempo.”
En el 2025, Tomás Vidal, es un arquitecto urbano y orgulloso escéptico de todo lo sobrenatural, encuentra en la restauración de un antiguo palacio europeo a una mujer desorientada, vestida como si acabara de salir de una pintura. Dice ser reina. No recuerda cómo llegó allí.
Entre intentos por adaptarse a un mundo sin carruajes, sin criadas y con “pantallas mágicas”, Isolda se convierte en un fenómeno viral.
Tomás intenta protegerla de la prensa y de sí misma, pero acaba descubriendo que lo imposible tiene su propia lógica y que está empezando a enamorarse de alguien que, literalmente, no pertenece a su tiempo.
Mientras tanto, los fragmentos de la traición que la condenó comienzan a resurgir.
¿Sobrevivirán al pasado o al presente?
HISTORIA DE 25 CAPÍTULOS. GRACIA
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CAPITULO 21
La mañana llegó tarde para ambos. Tomás se despertó con la sensación de que su cerebro seguía funcionando desde la noche anterior.
Había dormido en el sofá. La computadora todavía estaba abierta sobre la mesa y la pantalla mostraba el mismo documento que habían estado mirando horas antes.
El nombre seguía ahí: Fundación Merek. Isolda estaba en la cocina. Observaba con sospecha una cafetera.
—Estoy convencida de que este aparato intenta intimidarme —declaró.
Tomás se frotó la cara.
—Solo hace café.
—Eso dice.
Ella presionó un botón y el aparato comenzó a hacer ruido..Isolda retrocedió medio paso. Tomás sonrió.
—La mujer que sobrevivió a una rebelión medieval teme una cafetera.
—En mi defensa —respondió ella con dignidad—, las cafeteras no existían en mi época.
Tomás se levantó y se acercó.
—Tranquila. No muerde.
Sirvió café en dos tazas..Isolda aceptó la suya con curiosidad.
—Esto explica muchas cosas sobre tu siglo.
—¿Qué cosas?
Ella tomó un pequeño sorbo.
—Ahora entiendo por qué todos hablan tan rápido.
Tomás rió. Durante unos segundos el ambiente volvió a ser ligero..Pero luego ambos miraron la mesa. La pantalla seguía encendida. La palabra Merek parecía observarlos desde el pasado.
Isolda dejó la taza.
—No es un simple nombre.
Tomás asintió.
—No.
Giró la computadora hacia ella.
—La organización existe desde hace ciento veinte años.
—Eso no es suficiente tiempo.
—Exacto.
Tomás amplió otra página.
—Pero esto sí.
Era una lista de patronos históricos. Varios apellidos antiguos. Uno de ellos hizo que Isolda frunciera el ceño.
—Ese nombre lo conozco.
Tomás la miró.
—¿De tu época?
—Sí.
Se inclinó hacia la pantalla.
—Era un noble menor que apoyó la rebelión.
Tomás soltó un suspiro.
—Entonces no es una coincidencia.
Isolda negó.
—No.
El silencio se instaló lentamente. Tomás cerró la computadora.
—Hay alguien que podría saber más.
Isolda levantó la mirada.
—Richard.
Tomás asintió.
—La Fundación Idolen tiene vínculos con casi todas las organizaciones históricas importantes.
Ella lo pensó unos segundos.
—Entonces debemos preguntarle.
Tomás levantó una ceja.
—¿Directamente?
Isolda sonrió con una calma que ya empezaba a preocuparlo.
—Claro.
—Eso suena como una mala idea.
—Las malas ideas suelen ser las más útiles.
Tomás suspiró.
—Definitivamente pasé demasiado tiempo contigo.
La Fundación Idolen estaba mucho más tranquila que la noche de la cena. Richard los recibió en una sala luminosa llena de libros antiguos.
—No esperaba verlos tan pronto —dijo con una sonrisa.
Tomás fue directo al punto.
—Tenemos una pregunta.
Richard levantó una ceja.
—Eso suena peligroso.
Isolda caminó lentamente por la sala observando los estantes.
—¿Conoce una organización llamada Fundación Merek?
La sonrisa de Richard desapareció por un instante. Solo un instante, pero Tomás lo notó.
—Sí —respondió finalmente.
Isolda se volvió hacia él.
—Entonces sabe que financian investigaciones históricas.
—Entre otras cosas.
Tomás cruzó los brazos.
—¿Y sabe quién la fundó realmente?
Richard los observó con más atención ahora.
—Oficialmente, un historiador del siglo XIX.
Isolda inclinó la cabeza.
—Oficialmente.
Richard sonrió levemente.
—Señorita Doren… empiezo a sospechar que usted tiene una relación muy peculiar con la historia.
Tomás intervino antes de que la conversación se volviera peligrosa.
—Solo digamos que nos interesa la rebelión de Edevane.
Richard apoyó las manos sobre la mesa.
—Eso ya lo había notado.
Isolda sostuvo su mirada con absoluta calma.
—Entonces díganos algo.
Richard guardó silencio un momento. Como si evaluara cuánto debía decir. Finalmente habló.
—La Fundación Merek ha financiado varios proyectos relacionados con ese periodo.
Tomás frunció el ceño.
—¿Por qué?
Richard se encogió ligeramente de hombros.
—Porque algunas familias no olvidan sus historias.
Isolda lo observó fijamente.
—Ni sus derrotas.
Richard sonrió.
—Exactamente.
Tomás sintió un leve escalofrío.
—Entonces alguien ha estado estudiando esa rebelión durante generaciones.
Richard lo miró.
—No estudiándola.
Hizo una pequeña pausa.
—Preparándola.
El silencio cayó sobre la sala. Isolda fue la primera en hablar.
—Entonces Merek nunca terminó su juego.
Richard levantó una ceja.
—Interesante forma de decirlo.
Tomás miró a Isolda y le susurró
—Creo que acabamos de encontrar a nuestro enemigo.
Isolda sonrió. Una sonrisa tranquila y peligrosa.
—No.
Tomás frunció el ceño.
—¿No?— murmuró.
Ella lo miró.
—Lo encontramos hace cuatro siglos— dijo entre dientes.
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