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Un Destino Escrito En Silencio

Un Destino Escrito En Silencio

Status: En proceso
Genre:Mundo mágico / Romance / Traiciones y engaños
Popularitas:455
Nilai: 5
nombre de autor: Julieth Moreno

SINOPSIS ~


Amaris ha aprendido que sobrevivir significa no llamar la atención, no confiar demasiado y sobre todo ocultar aquello que te hace diferente

Pero al acercarse a sus 18 años su vida comienza a cambiar secretos que nunca pidió conocer salen a la luz

Personas desconocidas entran en su camino y alguien que parece saber más de ella de lo que debería

Entré magia peligros y sentimientos que jamás esperaba encontrar Amaris tendría que descubrir en quien confiar

Por qué hay verdades capaces de cambiar una vida y hay destinos que fueron escritos mucho antes de que pudiéramos elegirlos

NovelToon tiene autorización de Julieth Moreno para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LO QUE QUEDO ATRAS

El bosque había quedado en silencio.

Después de escapar de la carreta, Amaris y Arnold habían caminado durante un largo rato hasta encontrar un pequeño arroyo oculto entre los árboles.

La muchacha se dejó caer sobre una roca y estiró las piernas.

-No puedo sentir los pies -murmuró Amaris.

Arnold se apoyó contra un árbol mientras recuperaba el aliento.

-Eso te pasa por correr tan lento.

Amaris levantó la cabeza de golpe.

-¿Correr lento?

Arnold sonrió.

-Sí.

Ella tomó una pequeña piedra del suelo y se la lanzó.

-¡Tú ibas delante!

Arnold atrapó la piedra antes de que pudiera golpearlo.

-Precisamente. Alguien tenía que enseñarte cómo se hace.

Amaris cruzó los brazos.

-Eres insoportable.

-Y tú sigues siendo una mocosa.

Ella hizo una mueca.

-Tengo dieciséis.

-Para mí sigues teniendo siete.

Amaris se quedó mirándolo durante unos segundos.

-Y tú sigues teniendo diez.

Arnold soltó una carcajada.

-Eso no tiene ningún sentido.

-Nunca dije que lo tuviera.

La sonrisa de ambos permaneció unos segundos.

Pero entonces Amaris recordó algo.

Su expresión cambió.

-Arnold.

Él dejó de reír.

-¿Qué?

Amaris bajó la mirada hacia sus manos.

-¿Qué ocurrió después de que te capturaron?

Arnold permaneció callado.

El sonido del agua corriendo llenó el silencio.

-Sabía que tarde o temprano preguntarías.

Amaris levantó la mirada.

-Han pasado cinco años.

Arnold observó el fuego que había encendido entre algunas piedras.

-Sí.

-Durante cinco años pensé que estabas muerto.

Él bajó la mirada.

-Yo pensé que tú también.

Amaris sintió un pequeño nudo en la garganta.

-¿Por qué?

Arnold no respondió inmediatamente.

Tomó una rama y movió las brasas.

-Cuando me capturaron tenía catorce.

Amaris apretó los dedos.

-Yo tenía once.

Arnold asintió.

-Sí.

Ella recordó aquel día.

Los soldados los habían descubierto después de un robo.

Habían corrido.

Arnold la había empujado hacia un callejón.

-¡Corre, Amaris!

-¡No voy a dejarte!

-¡Hazlo!

Aquellas habían sido sus últimas palabras.

Al menos eso había creído.

Amaris volvió al presente y miró a Arnold.

-Pensé que te habían ejecutado.

Él permaneció en silencio.

-No lo hicieron.

Amaris frunció el ceño.

-Entonces, ¿qué hicieron contigo?

Arnold cerró los ojos durante unos segundos.

-Descubrieron algo.

-¿Qué cosa?

Arnold levantó lentamente una mano.

Una pequeña llama apareció sobre su palma.

Amaris se quedó completamente inmóvil.

-¿Magia?

La llama desapareció.

Arnold movió los dedos y una corriente de agua salió del arroyo, elevándose frente a ellos.

Amaris abrió ligeramente la boca.

-¿Cuándo aprendiste a hacer eso?

-Cuando cumplí dieciocho.

El agua volvió al arroyo.

Entonces unas pequeñas piedras comenzaron a elevarse del suelo.

Amaris dio un paso atrás.

-¿Tierra también?

Arnold sonrió ligeramente.

-También.

Una corriente de aire recorrió el claro y levantó algunas hojas.

Amaris miró alrededor, sorprendida.

-No puede ser...

Arnold cerró la mano y todo desapareció.

-Los cuatro.

Amaris permaneció en silencio.

-Eso explica por qué sigues vivo.

La expresión de Arnold cambió.

-Sí.

Amaris lo observó con atención.

-Te utilizaron.

Arnold apartó la mirada.

-Me convirtieron en un arma.

Ella sintió que algo dentro de su pecho se apretaba.

-¿Te obligaron a pelear?

Arnold tardó en responder.

-Sí.

-¿Mataste personas?

El silencio de Arnold fue suficiente.

Amaris bajó la mirada.

No sabía qué decir.

El chico que tenía delante ya no era exactamente el niño que recordaba.

Tenía cicatrices.

Tenía secretos.

Y había vivido cosas que ella ni siquiera podía imaginar.

Amaris se acercó un poco.

-No eres un monstruo.

Arnold levantó la mirada.

-No sabes lo que hice.

-No.

Ella se encogió de hombros.

-Pero conozco al idiota que me ayudó cuando tenía siete años.

Arnold soltó una pequeña risa.

-Sigues siendo demasiado sentimental.

Amaris le dio un golpe suave en el brazo.

-Y tú sigues siendo un viejo.

-Tengo diecinueve.

-Exactamente.

-Eso no me hace viejo.

-Claro que sí.

Arnold negó con la cabeza mientras sonreía.

Pero ninguno de los dos notó que, entre los árboles, alguien los observaba.

Una figura permanecía completamente inmóvil entre las sombras.

Había visto las llamas.

Había visto el agua.

La tierra.

El aire.

Y había escuchado cada palabra.

Sus ojos se posaron sobre Arnold.

Después sobre Amaris.

Durante unos segundos no hizo ningún movimiento.

Finalmente, una voz baja rompió el silencio.

-Así que sobreviviste...

La figura dio un paso hacia atrás.

Una rama crujió.

Arnold levantó inmediatamente la cabeza.

-¿Escuchaste eso?

Amaris se quedó quieta.

-Sí.

Arnold se puso de pie y miró hacia los árboles.

-Quédate aquí.

Amaris se levantó también.

-Ni se te ocurra.

-Amaris...

-No voy a volver a dejar que desaparezcas.

Arnold la miró durante unos segundos.

Su expresión se suavizó.

-Está bien.

Ambos avanzaron lentamente hacia el lugar donde habían escuchado el ruido.

Pero ya no había nadie.

Solo unas ramas moviéndose con el viento.

Arnold observó el suelo.

-No estamos solos.

Amaris sintió un escalofrío.

-¿Quién era?

Arnold negó con la cabeza.

-No lo sé.

Muy lejos de allí, aquella figura continuaba avanzando entre los árboles.

Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

-Finalmente te encontraste.

Y desapareció entre las sombras.

Amaris y Arnold no lo sabían todavía.

Pero desde aquella noche, alguien más conocía un secreto que debía permanecer oculto.

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