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Más Astuta Que Tú

Más Astuta Que Tú

Status: Terminada
Genre:Escuela / Timetravel / Venganza / Reencarnación / Reencarnación(época moderna) / Completas
Popularitas:989
Nilai: 5
nombre de autor: Klarina_za29

Aranza Jordán murió atropellada cuando huía de un matrimonio arreglado... y de un amigo que la dejó desangrándose en plena calle.

Despierta en el cuerpo de Renata Anastasia Salvatierra, la nieta consentida de dos de las familias más poderosas del país. El problema: Renata es el personaje de relleno de una novela que Aranza nunca terminó de leer, la chica ingenua que, en la historia original, acaba muerta por culpa de su prima Selena.

Pero Aranza ya no está dispuesta a ser una víctima. Con una sonrisa dulce que no le llega a los ojos, una inteligencia afilada y un talento oculto para el hackeo, Renata se pone la máscara de la inocencia y juega con las cartas que la novela le dio. Ahora conoce el guion de todos: la prima que finge ser su amiga, la rival que la humilla, el protagonista que aún no sabe lo que se le viene encima.

Cinco primos que la adoran, abuelos que daría la vida por ella, un hacker de mirada fría que parece ver a través de su máscara... y enemigos que están a punto de descubrir que subestimar a la nueva Renata fue el peor error de sus vidas.

¿Astuta tú? Ella lo es más.

NovelToon tiene autorización de Klarina_za29 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

¡No es la verdadera Renata!

Aranza —Renata, desde ahora— iba camino al salón con Paula cuando un grupo de chicos le cortó el paso. Estaba segura de que eran amigos de Sergio. La miraban con lástima, y eso la dejó preguntándose qué les pasaba a todos.

Uno de ellos se adelantó.

—Sergio te espera en la cancha, Rena...

Ella ladeó la cabeza, y a Bastián le dio una ternura que no pudo disimular.

—¿Por qué? —preguntó con dulzura.

Bastián suspiró y miró a sus amigos, que estaban detrás. Les daba pena ver cómo Sergio humillaba una y otra vez a Renata, aunque ninguno se atrevía a pararlo.

—Sergio dice que vas a pedirle perdón a Alina por haberle tendido una trampa. Pero, Renata, ¿de verdad la encerraste a propósito en la biblioteca del colegio?

No era que no le creyera. Sabía de sobra lo buena y lo ingenua que era Renata, y le costaba imaginarla haciendo algo así.

Ja. Así que Alina es una interesada de falsa dulzura, pensó Renata, con una sonrisa por dentro. Pues ahora la que está en el cuerpo de Renata soy yo, y conmigo no se juega tan fácil.

Soltó un suspiro tembloroso.

—Yo no lo hice... ¿Por qué Sergio no me cree? —dijo en un hilo de voz, y todos sintieron aún más lástima.

Paula salió en su defensa.

—Ayer Renata estuvo conmigo preparando cómo confesarle lo que sentía a Sergio. Ni siquiera vio a Alina —aclaró, para que todos dejaran de acusarla sin pruebas.

Renata se limitó a bajar la cabeza.

—Mejor vete al salón —dijo Bastián con un suspiro—. Yo me encargo de Sergio.

—¿Sergio no se va a enojar conmigo? —preguntó Renata, asustada.

—Tranquila, yo le explico.

Bastián le pidió a Paula que la llevara al aula; la primera clase estaba por empezar.

De camino, Renata iba callada, repasando lo que había pasado antes de que ella ocupara ese cuerpo. Si lo que decía Paula era cierto, Alina era igual a Selena: Selena fingía preocuparse por Renata mientras, con sutileza, la alejaba de su propia familia; Alina se mostraba dulce delante de los demás, pero no con Renata.

Al pasar frente a una puerta con un letrero que decía "Laboratorio de computación", se detuvo. Paula seguía maldiciendo a Alina por haberla difamado.

—Paula, adelántate al salón. Voy al baño —dijo.

—Te acompaño —respondió ella, sin ganas de dejarla ir sola.

Desde el día anterior, muchos alumnos buscaban hacerle daño a Renata por defender a Alina, y Paula no quería que la lastimaran otra vez.

Renata, que entendía su preocupación, le tomó la mano con suavidad.

—No te preocupes, solo será un momento.

Paula asintió y la dejó ir.

Renata dio media vuelta, hacia el laboratorio que había visto. En cuanto Paula se perdió de vista, la sonrisa de su rostro delicado se borró y se volvió inexpresiva. Estaba agotada de sonreír como una tonta.

—¿Cómo hace Renata para sonreír a todas horas? —murmuró, incrédula.

Cuando era Aranza solo sonreía a la gente cercana, y eso si no estaba cansada. Renata, en cambio, sonreía a cualquiera, incluso a desconocidos, y todavía los saludaba. No sabía si aguantaría fingir bondad con todo el mundo. Pero no importaba: Aranza era fría y seria, aunque con la cabeza más astuta del mundo, y sin duda sobreviviría en esta novela de porquería. Convertiría a la Renata original, ingenua de verdad, en una Renata inocente de cara y astuta por detrás.

Al llegar a la puerta, echó un vistazo alrededor; no quería que nadie viera lo que iba a hacer. Al comprobar que no había nadie, entró al laboratorio.

Se sentó en el rincón más apartado, un lugar medio tapado desde afuera. Encendió una computadora y empezó a teclear códigos. Sabía que había cámaras de seguridad por todo el colegio. Iba a hacer que Alina se arrepintiera de haberla difamado.

Ting...

Consiguió acceso a las grabaciones y frunció el ceño: el video que buscaba ya estaba borrado.

—Qué lástima, el video que borraron lo puedo recuperar yo —dijo, riendo entre dientes. Tuvo suerte de que su habilidad también se hubiera mudado al cuerpo de Renata. Al menos le serviría para sobrevivir.

Sus dedos corrían por el teclado, tecleando nuevos códigos para recuperar la grabación.

Pasaron unos minutos...

El video quedó restaurado, y pudo ver con sus propios ojos cómo Alina y varias amigas habían planeado todo a propósito.

—Esa niña de verdad es una interesada de falsa dulzura —masculló, fastidiada.

—Alina... ¿cómo vas a poner la cara cuando se riegue este video...? —murmuró, encantada.

Abrió la cuenta del colegio, accedió a ella y programó el envío del video. A la hora del recreo ya estaría circulando por todo el colegio. Además añadió otros videos y fotos de las fechorías de Alina. Al menos dejaría una huella imborrable en ella antes de mudarse de regreso al país.

—Listo —dijo, tras borrar las cámaras donde aparecía su presencia, y parte de sus movimientos por el pasillo. Eliminó la grabación por completo para que nadie pudiera recuperarla. Solo entonces se fue.

En vez de ir al salón, se dirigió a la dirección. Hoy mismo tramitaría el traslado; a los verdaderos padres de Renata ya los convencería después. Lo importante era cambiar el rumbo de su vida.

Toc, toc...

—Adelante.

Abrió la puerta con calma y entró.

—Ah, eres tú. Siéntate, Renata —dijo el director, señalándole el sofá del despacho.

Ella se sentó con modales y le explicó para qué había ido. Con cara triste, le pidió que su traslado se mantuviera en secreto hasta que regresara al país.

—¿Tus padres están de acuerdo, Renata? No puedo tomar una decisión a medias.

Ella asintió.

—Mis padres están de viaje fuera de la ciudad, señor. Ya aceptaron mi decisión —dijo en voz baja.

—Está bien, yo me encargo. Ahora vuelve a clase.

Renata pidió permiso para retirarse y sonrió de medio lado, impaciente porque llegara la hora del recreo.

Va a ser espectacular, pensó.

* * *

—Vamos a la cafetería, que tengo hambre —le dijo a Paula, que todavía guardaba sus útiles en la mochila.

—Espera un momento.

En cuanto terminó, caminaron juntas hacia la cafetería. Renata alcanzó a oír las burlas de los alumnos. Total, la Renata a la que insultaban era la original, no ella.

—Miren, ya volvió la falsa inocente...

—Tienes razón, ¿cómo todavía se atreve a venir al colegio?

—Como siempre, sin vergüenza, jajaja...

—Pobre Alina, siempre la está acosando. Con lo linda que es y qué horrible carácter tiene.

Paula miró a Renata con inquietud, temiendo que se pusiera triste como antes. Pero pasaron varios minutos y no vio tristeza en su cara. Soltó el aire, aliviada; le gustaba el cambio que notaba en su amiga.

En la cafetería se sentaron en una mesa vacía y se pusieron a elegir qué pedir. Renata levantó la mano para llamar a la mesera, pero se sobresaltó al oír que alguien gritaba su nombre.

—¡RENATA!

1
Josefa Villalta
Excelente
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