Es un mundo de fantasía medieval mezclado con elementos de mitología oriental y épica clásica, existe una fuerza primordial llamada Ether, la “Esencia de la Creación”. El Ether otorgó poder a un grupo antiguo de guerreros supremos conocidos como los Semidioses, capaces de cambiar el curso de la historia con una sola voluntad. Los Semidioses ocultaron la ubicación del Ether para evitar que cayera en manos de reyes, imperios y criaturas ambiciosas. Esto desató la legendaria Guerra Primordial, un conflicto que destruyó reinos y terminó con la muerte de todos los Semidioses. Con su desaparición, también se perdió el secreto del Ether.
A partir de entonces, las razas del mundo, humanos, elfos, orcos, enanos, bestias espirituales, se lanzaron a una búsqueda desesperada. La aventura se convirtió en profesión.
Nacieron los Aventureros. Se formaron los Gremios. Y comenzó la Era de la Aventura. En este escenario surge un chico llamado Kael , debil… hasta que el destino intervie
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CAPÍTULO 03: PRIMER ENTRENAMIENTO REAL.
El amanecer llegó como un suspiro frío que entró por las ventanas del dormitorio común, un espacio amplio donde docenas de jóvenes guerreros dormían en literas de madera robusta. Kael abrió los ojos antes de que sonara la campana del inicio de actividades. No estaba nerviosismo… bueno, tal vez un poco, pero era más bien esa mezcla entre emoción e incertidumbre que le hervía siempre en el pecho desde que había entrado a la Escuela de Guerreros. En la cama de arriba, Ryn roncaba inclinando la cabeza hacia un lado, con el cabello negro desordenado y una expresión de absoluta paz. Leon dormía con la pierna colgando del borde de la cama, como si desafiara a la gravedad. Y Densel… Densel murmuraba dormido palabras incomprensibles mientras abrazaba su almohada como un tesoro. Eran un grupo extraño, sí, pero Kael sonrió al verlos: pese a haber entrado hacía apenas unos días, ya se sentía parte de algo. Casi… casi como tener una pequeña familia alternativa.
Cuando sonó la campana, todos se levantaron con un sobresalto generalizado. Los murmullos llenaron el dormitorio: quejas por el frío, comentarios sobre el entrenamiento, apuestas ridículas sobre quién caería primero en vergüenza. Kael se ajustó su coleta negra y se puso su ropa de entrenamiento, una combinación entre tela ligera y protecciones básicas. El estilo de la parte superior, con cuello elevado y pliegues cruzados, delataba el toque oriental que había heredado de su madre. Eso también era motivo de alguna burla esporádica, pero Kael lo llevaba con orgullo silencioso. Salieron los cuatro hacia el patio principal. El aire matinal les acarició la piel y el cielo apenas comenzaba a teñirse de un azul claro. En el centro del patio estaba el profesor Aren, con su habitual postura recta y sus manos detrás de la espalda. Su mirada era como acero templado: firme, cortante, observadora. No había dudas: Aren no era un simple instructor. Había sido guerrero de rango plata de etapa Alta, y su historial era tan extenso como las leyendas que algunos susurraban sobre él en los pasillos. A su alrededor había varios instructores asistentes y mesas con objetos que parecían más propios de un mercadillo extraño que de un entrenamiento militar: cuerdas, sacos con arena, cubos de agua, pelotas de madera, un muñeco con armadura vieja y un barril repleto de pequeñas piedras redondeadas. Aren habló apenas los estudiantes estuvieron presentes.
—Hoy dejaréis de ser meros observadores. Tendréis vuestro primer entrenamiento real. Aquí— señaló las mesas —pondréis a prueba cuerpo, mente y… si queda algo, vuestro sentido común.
Algunos rieron, pero el profesor no. Kael sintió que su corazón se aceleraba. Ryn, a su lado, murmuró:
—¿Crees que sobrevivamos?
—Mientras no te desmayes, sí —susurró Kael.
—Yo no me desmayo, solo descanso agresivamente —protestó Ryn.
Leon soltó una carcajada tan fuerte que incluso Aren le lanzó una mirada afilada. Densel, más nervioso, tragó saliva. Aren continuó:
—Los equipos ya están asignados. Cuatro por grupo. Algunos ya sabéis con quién os toca. Tendréis que superar tres pruebas simples… en teoría. Recordad algo: la fuerza sin cabeza sirve de poco, y la astucia sin acción es humo. Usad lo que tengáis.
A Kael esas palabras le golpearon directamente. Fuerza no tenía, al menos no comparado con los demás. Pero cabeza… bueno, esperaba que eso sirviera de algo. El profesor anunció:
—Equipo 7: Kael, Ryn, Leon y Densel.
Los cuatro amigos chocaron los puños con entusiasmo… y miedo apenas disimulado. La Prueba del Equilibrio, una prueba que pone a trabajar la habilidad de caminar por los lugares más complicados. Consistía en cruzar una serie de troncos colocados sobre un arroyo artificial. Sencillo para los talentosos. Una desgracia para los torpes. Ryn, confiado, fue primero. Cayó al agua a los tres segundos exactos.
—¡He resbalado a propósito! —gritó mientras salía, empapado.
Densel cruzó sin dificultad, avanzando con pasos ligeros; era sorprendentemente ágil. Leon casi cae cinco veces, pero llegó al final temblando como una hoja. Kael miró el tramo. El agua se movía rápido y el viento no ayudaba. Respiró hondo. Observó los troncos, el patrón del movimiento, el tiempo entre bamboleos. Luego cruzó. No con gracia, desde luego, pero con precisión: pasos cortos, calculados, siguiendo un ritmo. Llegó al otro lado sin caer.
—¡Kael! —exclamó Ryn— ¡Mi caída era estratégica, para estudiar tu técnica!
—Claro —respondió Kael, sin creérselo ni un segundo.
La Prueba de Cooperación el trabajo en equipo es lo más vital para los guerreros y los Aventureros. Debían trasladar un saco enorme lleno de arena desde un extremo del patio al otro. Pesaba como si contuviera una vaca dormida. Leon y Densel lo levantaron con esfuerzo. Ryn empujó desde atrás. Kael iba delante, indicando el ritmo y las zonas donde el suelo estaba más firme para que no resbalaran. Aren observaba. Sin expresar nada. Como siempre.
—A la derecha, hay barro —avisó Kael—. Si pisáis ahí, caemos de lado.
—¿Cómo ves eso desde aquí? —preguntó Leon.
—Los bordes del barro son más oscuros —explicó Kael sin dejar de caminar— y el brillo indica que no se ha secado.
Leon parpadeó.
—Hermano… tú ves cosas que yo no.
Con esfuerzo, sudor, y un pequeño traspié final, lograron llevar el saco al punto indicado. La Prueba del Instinto los guerreros deben ser personas con Instintos bien desarrollados. En esta parte debían atrapar pequeñas bolas de madera lanzadas hacia ellos por varios instructores. No podían usar armas ni magia. Solo reflejos. Una bola impactó la frente de Ryn de inmediato.
—¡Me atacan! ¡Son salvajes! —gritó dramáticamente.
Densel logró atrapar dos, pero se llevó un pelotazo en el estómago. Leon atrapó tres seguidas con la confianza de quien había entrenado algo semejante antes. Kael… Kael observó los movimientos de los instructores. La forma en que cargaban el brazo, la dirección de su mirada, el ángulo. No tenía reflejos veloces, pero sí capacidad para anticipar.
Y así atrapó cuatro bolas. Un murmullo se extendió entre los alumnos. Algunos que se habían burlado de él los días anteriores lo miraron con extrañeza… y una pizca de respeto.
Aren dio por finalizada la jornada.
—Equipo 7 —dijo, mirándolos con un brillo apenas perceptible—. Buen trabajo. No sois los más fuertes. No sois los más rápidos. Pero… sabéis pensar. Y eso vale más de lo que creéis.
Los cuatro se miraron. Ryn sonreía de oreja a oreja. Leon asentía satisfecho. Densel parecía a punto de llorar de alegría o de cansancio. Kael respiró profundamente.n****Había sobrevivido al primer entrenamiento real. Había hecho algo útil. Y mientras observaba el patio iluminado por la luz del mediodía, sintió algo que no había sentido nunca en su vida. Un pequeño destello en el pecho. Confianza. No tenía maná. No tenía fuerza. Pero por primera vez… tenía un camino que avanzar. Y este era solo el comienzo. Su verdadero destino todavía se ocultaba.