NovelToon NovelToon
Sangre Prometida

Sangre Prometida

Status: En proceso
Genre:Síndrome de Estocolmo / Venganza / Mafia
Popularitas:5.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Carola Reyes

Bruno Caruso, un hombre fuerte, calculador y la cabecilla de un imperio levantado a base de sangre. Es el rey indiscutible de la mafia siciliana: no perdona, no olvida… y sobre todo, convierte la traición en castigo.

Xenia, sin quererlo, se convierte en la pieza central de su furia. Y en la oscuridad de su mundo, él decide cuánto debe pagar… pero entre amenazas, secretos y silencios que queman, ¿ambos podrian descubrir que la oscuridad también sabe atraerte?

NovelToon tiene autorización de Carola Reyes para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 20

《Dos semanas después》

El tiempo no se detuvo. No fue amable ni paciente. Simplemente, avanzó, arrastrándome con él, obligándome a adaptarme a una realidad que nunca elegí.

Dos semanas habían pasado desde aquella noche. Desde entonces, cada día fue una mezcla extraña entre rutina y amenaza, entre silencios calculados y miradas que decían más de lo que cualquier palabra se atrevía a pronunciar. Dos semanas en las cuales entendí que sobrevivir en esa casa significaba aprender a callar, a observar y a resistir en silencio.

Hoy hay una fiesta. No una cualquiera. Una organizada por Bruno, en un lugar el cual no conozco. Donde supongo solo asistirán los suyos: familia, aliados, nombres que se dicen en voz baja. Allí anunciaría nuestra boda.

Su boda. Mi condena.

Pensarlo me apretó el pecho. Pero no todo en estas dos semanas había sido completamente oscuro. Betty había sido, sin exagerar, lo único bueno. Su presencia constante, su forma de hablarme sin miedo ni desprecio, como si yo siguiera siendo una persona y no un castigo con nombre propio.

A veces me ayudaba con cualquier excusa solo para quedarse un rato más. Otras, simplemente me escuchaba en silencio. Con ella podía bajar la guardia, aunque fuera un poco. Gracias a Betty, la mansión no logró devorarme del todo.

Pero las noches… las noches eran otra cosa.

Dormir sabiendo que Bruno estaba en la misma cama era vivir en alerta permanente. No siempre decía algo. A veces su presencia se sentía incluso en la distancia, como una sombra que no se despega. Otras noches aparecía solo para recordar, con una frase seca o una mirada prolongada, quién tenía el control.

Nunca fue explícito. Nunca cruzó del todo el límite. Pero tampoco me permitió olvidar lo que esperaba de mí.

Cada noche era una advertencia silenciosa.

Y luego estaba su familia.

No todos eran como sus padres, fríos y calculadores. Algunos eran peores.

Como su primo.

Apareció una tarde cualquiera, cuando la casa estaba casi vacía. No recuerdo ni cómo empezó la conversación. Solo recuerdo su mirada, recorriéndome sin pudor, y la forma en que se acercó demasiado. Sus palabras, dichas en voz baja, cargadas de insinuaciones que me hicieron sentir la piel sucia. Comentarios inapropiados, sonrisas torcidas, la seguridad de alguien que sabe que nadie va a detenerlo.

Se fue como llegó. Tranquilo. Confiado. Dejándome paralizada en el mismo lugar durante varios minutos.

Nunca se lo conté a Bruno. No porque no importara… sino porque, en el fondo, sabía que no cambiaría nada. Tal vez incluso lo vería como algo insignificante. O peor: como algo normal dentro de su mundo.

Ahora, de pie frente al espejo, mientras me preparaban para la noche que se avecinaba, entendí que esa fiesta no era solo un anuncio. Era una demostración de poder. Una forma de decirle al mundo que él decidía… y los demás aceptaban.

Bruno no solo iba a anunciar su boda.

Iba a presentarme como suya.

Tendría que sonreír. Caminar a su lado. Mantener la cabeza en alto frente a personas que me observarían como se observa una pieza más en un juego peligroso.

La habitación estaba demasiado silenciosa para tratarse de una noche importante. Aun así, no tardó en llenarse de movimiento. Dos mujeres entraron sin anunciarse, seguidas por Betty. No hizo falta que dijeran nada. Todas sabían lo que tenían que hacer. Aquella noche no era para preguntas ni dudas, solo para obedecer.

El vestido colgaba frente a mí como una sentencia. Negro, elegante, de líneas limpias, ajustado lo suficiente para marcar cada curva sin resultar vulgar. No era casual. Nada en la vida de Bruno lo era. Al tocar la tela sentí un escalofrío. Era hermoso, sí, pero también pesado. Como si al ponérmelo aceptara algo que aún me negaba a nombrar.

Betty me miró a través del espejo mientras me ayudaban a vestirme. Sus ojos reflejaban preocupación, pero también una ternura que agradecí en silencio. Fue la única que me apretó suavemente la mano antes de soltarla, como si quisiera recordarme que aún existía alguien que me veía más allá del vestido, más allá del apellido que pronto me impondrían.

Cuando terminaron, me dejaron sola unos minutos. Me acerqué al espejo con lentitud. La mujer que me devolvió la mirada parecía segura, incluso imponente. Pero yo sabía la verdad. Esa seguridad era solo una máscara más, una que tendría que llevar puesta toda la noche.

Respiré hondo. No podía derrumbarme. No esa noche.

El trayecto hasta el lugar de la fiesta fue silencioso. Bruno estaba a mi lado, impecable en su traje oscuro, la postura relajada de quien sabe que controla cada variable del juego. No me habló. No hizo falta. Su mano descansaba sobre mi rodilla, firme, posesiva, como un recordatorio constante de lo que los demás verían en cuanto bajáramos del auto.

El lugar era imponente. Una propiedad privada, aislada, rodeada de seguridad discreta pero evidente. Autos de lujo alineados con precisión, hombres trajeados conversando en grupos pequeños, miradas que analizaban, evaluaban, juzgaban. Mujeres elegantes, sonrisas calculadas, joyas que brillaban tanto como la ambición en sus ojos.

Al entrar, sentí el peso de todas las miradas posarse sobre mí. Algunas curiosas, otras críticas, muchas demasiado interesadas. Sabían quién era Bruno. Y ahora querían saber quién era yo.

Bruno me guio con una mano firme en la espalda. Saludos aquí, apretones de manos allá. Nombres que no intenté memorizar. Hombres que hablaban de negocios con la naturalidad de quien habla del clima. Mujeres que me observaban con una mezcla de cortesía y desconfianza.

Yo solo caminaba y asentía. No sonreía. No tenía motivos.

Noté a algunos miembros de su familia mirarme con descaro. Uno de ellos, su primo, sostuvo mi mirada más de lo necesario. Sentí un nudo en el estómago. Él sonrió como si compartiéramos un secreto que solo a él le divertía.

Me acerqué un poco más a Bruno sin pensarlo. No me apartó. Al contrario, su mano se cerró con más fuerza, como si también hubiera notado esa mirada.

La música bajó de volumen de repente. El murmullo general se apagó poco a poco. Bruno se adelantó un paso, una copa en la mano. Yo quedé a su lado, expuesta.

—Gracias por venir —comenzó, con una voz firme, segura— Todos aquí me conocen y saben que no hago reuniones sin motivo.

Algunas sonrisas aparecieron. Asentimientos. Expectativa.

—Esta noche quiero anunciar algo importante —continuó— Algo que concierne tanto a mi familia como a mis aliados.

Sentí cómo mi corazón empezaba a latir con fuerza. Sabía que ese momento llegaría, pero la realidad siempre golpea distinto cuando ya no hay marcha atrás.

Bruno me miró entonces. No con ternura. Con posesión.

—Esta mujer, que ven al lado mío, llamada Xenia, se casará conmigo.

El impacto fue inmediato. Murmullos, expresiones de sorpresa, miradas que se clavaban en mí con una intensidad casi incómoda. Algunos sonrieron. Otros parecieron evaluar rápidamente qué significaba eso para sus propios intereses.

Bruno rodeó mi cintura con el brazo, reclamándome frente a todos. Y sé que no lo hacía por gusto.

—Será pronto —añadió— Y espero contar con su presencia cuando llegue el momento.

Los aplausos comenzaron de forma dispersa, luego se volvieron más firmes. Aceptación. Aprobación. Para todos ellos esto era por alianza, pero para Bruno y su familia, es por venganza.

Alguien se acercó a felicitarnos. Luego otro. Y otro más. Frases amables, comentarios medidos, promesas de apoyo. Yo respondía lo justo, con educación, cuidando cada palabra. Bruno hablaba por los dos la mayoría del tiempo.

No quería decir nada que incomodara, estaba cuidando todo lo que decía. No quería tener problemas esta noche. No está noche en la cual estaba decidida a escapar de este mundo al que no pertenezco. Sea como sea.

Tomé una copa de vino de un mesero qué iba pasando y empecé a tomarla despacio.

—Vengo en un momento, si quieres ve a la barra o a donde quieras— Dijo sin más y se fue.

Perfecto. Justamente lo que necesitaba. Que se fuera. Si cree que me quedaré para ver todo el espectáculo se equivocó.

Tomé de la copa de vino mientras que al mismo tiempo mi mente buscaba salidas.

Y entonces la vi.

Una puerta lateral, apenas vigilada. Dos hombres de seguridad distraídos con una conversación baja. Un movimiento mínimo, casi imperceptible, pero suficiente. Nadie me miraba en ese instante. Bruno estaba ocupado estrechando manos, sellando pactos, recibiendo felicitaciones que no le importaban.

Sentí algo que no había sentido en semanas.

Oportunidad.

No lo pensé. Pensar era peligroso. Pensar de más podria detenerme.

Aproveché el momento en que alguien se interpuso entre Bruno y yo. Di un paso atrás. Luego otro. Me mezclé entre dos mujeres que reían con copas en la mano. Bajé la cabeza. Caminé sin correr. El corazón me golpeaba las costillas con violencia, pero mis pasos se mantuvieron firmes.

Crucé la puerta.

El aire frío me golpeó el rostro como una bofetada. Seguí caminando. Luego aceleré. Tacones contra piedra. La música quedó atrás. El murmullo desapareció.

Corrí. Pero solo hasta el hombre del parking. No podía irme a pie, no es sensato.

—Hola —saludé con una sonrisa— Necesito el carro del señor Bruno por favor.

—Señorita, no estoy autorizado a darle la llave. Disculpe, pero es protocolo de seguridad— Comentó.

—¿Sabes quién es Bruno Caruso? —asintió— Que bien, yo soy su futura esposa, ¿acaso quieres perder tu trabajo?... ¿O que te pase algo peor?

Se asustó.

—En un momento le traigo la llave— Dijo y se fue.

No me quedó de otra que usar ese chantaje. Casi vomitaba al decir que era su futura esposa.

El chico llegó en el auto.

—Aquí tiene señorita— Me entregó la llave.

—Gracias.

Me subí al coche y arranque a toda prisa.

Mis manos están temblando del miedo. Al alejarme de aquel lugar me sentí en paz. No veo el momento de estar con mi familia nuevamente.

Luego de un rato en carretera, vi una estación de policía.

Lloré. Está vez de felicidad.

Parquee el carro y entré. Entré sin aliento, descompuesta, con el maquillaje corrido y el vestido negro convertido en una prueba muda de todo lo que no podía decir sin temblar.

—Necesito ayuda —dije apenas— Por favor.

Me sentaron. Me dieron agua para tranquilizarme. Y cuando lo estuve entonces hablé.

Conté lo del secuestro. La mansión. El control. El compromiso forzado. Dije su nombre. Bruno Caruso. Vi cómo algunas miradas cambiaban, cómo el ambiente se volvía más tenso, más rígido.

—Quiero ver a mi familia —pedí— Solo eso. Por favor.

Asintieron.

—Claro que sí, pero debe de darnos la información de su domicilio, nosotros personalmente la llevaremos— dijo uno de ellos.

Lloré más. No podía creer que estuviera aquí. Que estuviera a punto de ver a mi familia otra vez.

Asentí y le dije la dirección de mi familia. Lo vi teclear en el computador.

Luego de un rato llegó otro policía y le susurró algo al que me había pedido la dirección de mi casa.

— Es mejor que nos vayamos ahora— Comentó.

Asentí con entusiasmo. Ya quiero ver a mi familia, mi corazón está saltando de alegría.

1
Judith Arvallo
prefiero no leerla tardes mucho para actualizar
Laura Puente
Hola !!
Esto está increíble !!
Laura Puente
changos ...este no se mide con nada /Whimper/
Laura Puente
cielos ... que orror 😭
Laura Puente
cómo hay personas que disfrutan viendo el sufrimiento de las personas 🤬
Anonymous
Siii es poco respeto para las lectora gracias!!
Gloria Claveria Romero
cada cuanto actualizA
Liseth paola Mosquera mejia
que sucede con la continuidad
Anonymous
Nunca pusieron la denuncia los familiares de su desaparición , demasiado para mi gusto
Maru
Ya antes había estado desnuda cuando la golpearon salvajemente con el látigo
Maru
Bien! Lo dice el movimiento #metoo el silencio 😶🤫 te hace cómplice y permite que esos hombres infames sigan cometiendo esas bajezas.
Maru
Horrible 😔 los sucesos de ella pero capté cierto descuido en lo que respecta a su seguridad: sin mal no recuerdo dijo supermodelo y no tiene guardaespaldas?:Los traumas que arrastra desde la niñez por su padrastro y ahora profesional e independiente no busca ayuda y protección? Sabiendo que ese hombre que no va a desistir
Maru
🤔💭De verdad que sí! Pasear por la playa bajo el cielo nocturno consciente de que no había nadie alrededor y a ella se le ocurre pasear
Maru
Saludos! 🙋🏼‍♂️Solo espero NO! incluyan la violación pretendiendo normalizarla y revestirla de romanticismo, que ese trauma tenga a juro tenga que ser el estandarte para que la protagonista avance.
Tania
Amiga basta ya me aburrió lo sumisa y tonta que es … ni hablar se queda muda todo el tiempo
Teresa Gámez
hay Dios que pasará la llevarán para casa de su familia o para la casa de Bruno? no te espera nada bueno Xenia 🤔🤔
Judith Arvallo: más capitulos por favor 🫢
total 2 replies
Teresa Gámez
a bruno lo veo mal ,se va a enamorar de Xenia y le va a dolor mucho por tana maldad que le hizo ☺️☺️
Elilu 🇲🇽
pobre Xenia mientras más leo más rabia me da su situación
Teresa Gámez
que pare el mafioso investiga tiene su gente que mueven todo porque no han inventado bien , para que agarre al padrastro de ella y le den hasta en la cédula 🤭🤭
Eli
hay no , tanto dinero el mafioso más poderoso y no investiga para que sepa la verdad
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play