El amor no siempre aparece como lo soñamos.
A veces llega envuelto en errores, promesas rotas y despedidas que dejan el alma cansada. Idealizamos su forma, su fuerza, su duración, y cuando la realidad no coincide, la decepción nos empuja a pensar que el amor verdadero es solo un mito.
Tropezamos una y otra vez, aprendiendo a proteger el corazón, hasta casi convencernos de que sentir ya no vale la pena.
Pero incluso en esa duda, cuando menos creemos, el amor encuentra la manera de recordarnos que si existe… aunque no sea como lo imaginamos,mucho menos perfecto.
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capitulo 24 reencuentros forzados
Se cumplían nueve meses desde la huida de Bruna del aeropuerto.
Había recuperado, poco a poco, su vitalidad y realizaba pequeños trabajos de contabilidad.
También ayudaba a su madre en el mercadito, que crecía de manera constante hasta comenzar a modernizarse.
Tenía una moto que le permitía moverse con mayor rapidez.
Cuando no la utilizaba, Ezequiel se encargaba de las entregas a domicilio.
Don Lauro sabía desde hacía mucho tiempo dónde se encontraba Bruna.
Con una extensa red de contactos a lo largo y ancho del país, casi nada se le escapaba.
Sin embargo, nunca se lo había confesado a su hijo.
Desde que estaban en Colombia lo notaba distinto, incluso algo descontrolado.
Le había inquietado, sobre todo, escucharlo afirmar que obligaría a Bruna a vivir con él, si fuera necesario.
Aquello lo llevó a sospechar que su interés por la jóven iba mucho más allá de lo que intentaba aparentar.
Su empeño por volver a encerrarla le resultaba obsesivo.
Por eso, incluso miró hacia otro lado cuando la vio escapar en el aeropuerto.
Es más, la ayudó, desviando la atención de su hijo para darle el tiempo necesario de huir hacia donde quisiera.
Después de perder a su esposa durante el parto, su mayor desafío era dejar de ser tan impulsivo y aprender a dominar sus pasiones, incluso en el amor.
Esa pérdida de control, en su percepción, lo estaba volviendo imprevisible.
Gianni necesitaba recuperar la cordura ,existían soluciones que sólo el tiempo te las puede dar.
Sin embargo, notaba algunos cambios.
Con cada conversación que tenían , notaba como aprendía a contenerse.
Y eso, paradójicamente, era una buena señal.
No sería un celestino, solo los acercaría y luego dejaría que la vida hiciera lo suyo.
Después de recibir la información más reciente sobre su nuera, decidió ponerlo a prueba y observar de cerca su reacción.
Justamente había un negocio que le interesaba con el frigorífico de la localidad donde vivía Bruna.
Lo alojaría en un hotel cercano al pequeño mercado , aunque no fuera de los mejores.
Era el sitio ideal para propiciar un encuentro.
Ni siquiera a Jairo ,le había revelado cuáles eran sus verdaderas intenciones, al enviarlo a aquel fin del mundo.
Tampoco por qué insistía en invertir en ese frigorífico en particular.
Gianni aceptó a regañadientes sustituirlo, cuando su padre fingió un malestar repentino.
En principio, solo debía sondear aquella oportunidad de negocios, para que luego ,cuando se sintiera mejor, su padre se hiciera cargo del resto de las negociaciones.
Bruna regresaba a su casa , cuando se topó con un auto de lujo estacionado cerca del mercadito.
El mecánico del barrio, junto con otro muchacho, intentaba colocarle una cadena para remolcarlo.
Asustada, volvió a ajustarse el casco y se alejó todo lo que pudo, por las dudas.
Pero su pesadilla estaba lejos de terminar.
Un poco más adelante, bajo la sombra de un árbol, estaba el motivo de sus desvelos.
Su flamante esposo, sudoroso como un novio debutante.
Y no era para menos;vestía ropa poco apropiada para la época.
Otro auto se detuvo a su lado y de él bajó su asistente, con una botella de agua y un par de vasos descartables.
Seguramente no se marcharían tan rápido.
Aquel vehículo venía, a sustituir al que aparentemente estaba averiado.
Bruna siguió su camino, algo más tranquila.
No quiso alertar a su madre de nada, aunque no podía dejar de distraerse en especulaciones.
— Demoraste bastante,el pobre Ezequiel consiguió la bici con el vecino y fue a hacer unas entregas.
¿Te paso algo?.— le preguntaba.
— Nada mamá,un pinchazo tuve que caminar varias cuadras.— le daba la primera excusa que se ocurría.
— Ahh ok,ve a cambiarte y toma mi lugar.
Quiero cocinar algo y poner ropa a lavar.— le pedía.
— Si quieres lo puedo hacer yo.— encantada se metería en la casa para no ser vista.
— No querida,anda ve a cambiarte, también necesito un baño.
¡¡Que calor por dios!!.— reclamaba acomodándo el ventilador a más velocidad y en su dirección.
— Creo que deberías pensar en colocar un aire acondicionado en el local, atraerías mas clientes.— le sugería.
— Si ,tal vez en la tarde vaya a ver eso, pero no se a quien contactar para que lo coloque.— no le parecía una mala idea.
— Lo averiguamos,no te preocupes, ya vengo mamá. — entró apurada y enseguida regresó con ropa cómoda a colaborarle.
Mientras no tenía que cobrar nada, hacía llamadas averiguando el precio de los benditos aires, hasta que consiguió uno con la instalación de regalo.
Sin pensarlo demasiado lo compró.
Para la tarde el mercado estaba un lujo,los clientes venían y se quedaban más de la cuenta adentro.
Hasta a las dos, les daba ganas de dormirse una buena siesta dentro del local.
Cerraron tarde , las ventas fueron mejores, las frutas demoraban mas en marchitarse.
En la madrugada no se podían dormir por el calor sofocante dentro de la casa.
Así que decidieron mudarse al mercado, a dormir en el suelo.
La cuenta de luz sería astronómica ese mes ,pero se merecían un buen descanso.
— ¿Sucedió algo señora?.— preguntaba Ezequiel que fumaba sentado en el patio, sin dormir por lo mismo que ellas.
— Ta insoportable el calor, vamos a dormir en el mercadito.
Dejamos la puerta de atrás sin llave por si querés venir.— lo invitaban.
— No sería conveniente.— no le parecía molestarlas.
— Deja de bobadas,si quieres vamos.— seguían su camino.
En primer momento no quiso ir, pero al acostarse,hasta el aire que tiraba del ventilador estaba caliente.
Se estaba volviendo fino.
No recordaba que en las calles, hasta los mosquitos se hacían la fiesta con el.
Un poco avergonzado tomaba una sábana y una almohada para seguirlas.
Luego tranco la puerta.
Las dos dormían a sus anchas , parecía que estaban en otoño,con un clima más fresco y agradable.
Hasta frio sintió esa noche,no como las mujeres que habían venido prevenidas.
Antes del amanecer estaba en su cama de nuevo con el ventilador a todo dar.
Ya sabía como debía ir para la próxima.
Se despertó con las risas de sus patronas y el olor café.
— Buen día,¿dormiste en el sauna al final?.— le preguntaban.
— La verdad es hasta fui con ustedes ,pero no llevé nada para taparme y me morí de frío.— se burlaban de él muertas de risa.
— Jajaja jajaja, si estaba frío pero lo apagamos más tarde y dejamos sólo el ventilador, pero no te vimos.
Ven desayuna.— lo llamaban.
— Muchas gracias, creo que me duele un poco la garganta.— la sentía seca,irritada.
— Entonces te jodio el aire,pero es lindo sentir frio.
Va a venir un muchacho a sacar los motores de las vitrinas para afuera.
El mismo que instaló el aire.
Nos explicaron que así se puede economizar.
Esas cosas calientan todo el ambiente y se hace mas cara la cuenta de luz por el tiempo que pasa funcionando,sin parar.
De nuestra parte si sigue el calor,de noche nos quedamos en el mercado.
Hay que reponer la cerveza ,ayer vendimos mas de la cuenta.
El agua mineral llega temprano por suerte ,eso es lo que más nos piden.— le daba órdenes doña Soledad.
— Mamá, si quieres hacer esa limpieza que tienes postergada, me encargo del mercado.
Tu no te preocupes, no tengo ningún trabajo para hacer.— sabía lo maniática que era con la limpieza.
— En ese caso,te toca abrir.
Mejor empiezo temprano que está más fresco,porque en la tarde va a estar imposible.— se iba a las habitaciones a quitar la ropa de cama inmediatamente.
Ezequiel se quedaba limpiando botellas y reponiendo las heladeras.
Y su primer cliente de la mañana, Jairo, lo habia visto tantas veces en Colombia junto a Gianni.
Recorrió el lugar comprando pasta de dientes,cepillo, desodorante y algunas cosas para comer.
Pagó y se fue en silencio.
Empezaba a sentirse nerviosa,así que llamó a su ayudante.
— Me falta esa otra heladera.— le explicaba ,pensaba que lo enviaría a hacer otra cosa.
— Estoy asustada.— esa afirmación lo dejaba alerta.
— Que o que,¿alguien te quiso asaltar?.— se estaba volviendo distraído, no habia visto nada raro.
— Ese tipo que salio recién.— la sentía nerviosa
—¿ Que te hizo?.— iría a golpearlo si se hubiese pasado de la raya.
— Anda con mi marido,tengo miedo.— sabía que era casada , pero jamás había visto al tipo.
— Su esposo la golpeaba y se escapó de el ,por eso...
— No, yo tuve un accidente de verdad.
Ezequiel cuando me casé no me enteré, fue sin mi consentimiento, estaba en coma.
La persona que se casó conmigo, lo hizo para sacarme del país porque pensó que era una secuestradora.— que historia sin pies ni cabeza, pensaba.
Había tomado algo de alcohol a escondidas para no tentarlo.
— ¿Usted una secuestradora?.— tuvo que preguntarle para analizar sus palabras sin sentido.
— Es una larga historia, pero lo más importante, es que cuando regresamos y demostré que no tenía nada que ver ,me escapé.
Debe estar buscándome hasta ahora.
Ese tipo siempre anda con él ,se llama Jairo.
Vi un auto de esos de lujo acá cerca y me fui de nuevo,es por eso que demoré en volver ayer .— le explicaba.
— Si hay un auto de esos caros en taller del Moncho.
Tu madre me mandó averiguar el precio de las cubiertas y de las cámaras para la moto.
¿Le djiste algo?.— al parecer no había pinchado en absoluto.
— No quiero preocuparla,pero pensé que se habían ido, que el otro auto lo llevaría de regreso
Pero por lo visto no.
Ese tipo es como la sombra de el, ¿me entiendes?.— miraba por la puerta de vidrio controlando que no regresaran.
— Estaré alerta por si vienen de nuevo.
Es solo llamarme y decirme que vaya a buscar una escoba y me acerco enseguida .— le daba un código de alerta.
— Gracias. — le dió un abrazo de tan nerviosa que estaba y luego regreso a su lugar.
Todo seguía tranquilo, a su ritmo, hasta que el calor se hizo presente y encendió el aire nuevamente.
Se puso a cortar fiambre y preparar unas medias lunas que dejaba en la vitrina para vender.
Ya estaba terminado cuando escucho una voz detrás de ella.
— Buenos dias,dígame..¿ de que son esas media lunas?.— no se quería girar,así que le respondía continuando con lo que hacía.
— De jamón y queso,salame y queso.— respondía firmemente intentando disimular su nerviosismo.
— Ok, y los sándwiches.— buscaba a Ezequiel con la mirada.
— Jamón y queso señor, los imperiales dentro de un rato.— se giro ,al ver a Ezequiel al alcance de su campo de visión.
— Me puede cortar más fiambre aparte,pero tal vez matambre, ¿puede ser?.— le pedía.
— Si claro,lo que usted quiera.
Ezequiel me traes la escoba,hay muchas migas por acá. — buscó lo que le pedía su marido y le cortó la cantidad solicitada.
Su empleado ya barría atento a todo.
— ¿Aceptan tarjetas?.— preguntaba Gianni.
— Si ...todas señor.— no lo miraba a los ojos con miedo a delatarse.
— Es agradable su comercio.
¡¡Que calor hace por acá!!.
Anoche dormi re mal,no estoy acostumbrado a éstas temperaturas.— buscaba una charla que ella no quería.
— Usted es del frigorífico o de la sojera .— ya que quería conversar, se haría la que no lo conocía.
— Estoy por un negocio.
El auto se averió y encima por el carnaval está todo parado.
También busco a alguien, quizás la haya visto por acá.— le pasaba una foto de Karine.
En cada lugar que llegaba preguntaba por ella mostrando una foto ,quien sabe de repente corría con suerte.
— A ver...no...no la conozco ... nunca la vi en mi vida,lo siento , ¿necesita algo más?.— quería sacárselo de encima.
— Una buena siesta, ¿no me alquilaria el mercado para la siesta?.— preguntaba.
— No soy la dueña,sólo una empleada,¿ no tiene aire su hotel?.— preguntaba.
— En el que conseguimos habitaciones ,no tiene.
Estaba todo ocupado,se ve que es animado el carnaval en la ciudad vecina que tienen que alojarse por acá porque no hay hospedaje.
Jugaba con usted,tiene un lindo color de ojos y su cabello es bonito,debería mantenerlo más largo ,se le vería bien, más lleno de vida.— lo que no le parecía era la ropa, pero no se lo diría.
— ¿Me está acosando?.— era su manera de que la dejase de mirar.
— Disculpe, solo quise ser amable, cóbreme. — le pasaba la tarjeta, pero por más que quisiera, no podía dejar de observarla.
Tenía un aire conocido y no sabía de donde.
Nunca se olvidaba de un rostro.
Pero se daba cuenta que hasta el muchacho que limpiaba lo observaba.
Realmente estaba siendo inconveniente.
—Aquí tiene su tarjeta y su recibo, ¿algo más?.—lo trataba diferente como corriendolo.
— No gracias y disculpe mi indiscreción, gracias.— se marchaba,tal vez ese hombre fuese su pareja o algo.
Las manos de Bruna,le temblaban sin control,quería llorar de miedo.
Tenía que buscar la manera de superar el trauma de ser retenida a la fuerza ,sin posibilidad de escapar .
Menos mal no la reconoció, ya se veía arrastrada a un lugar que no conocía, rodeada de gente extraña que no tenían ningún tipo de consideración con su verdad.
Ezequiel salió afuera y le pidió el casco.
Daría una pasada por el taller a cerciorarse que los indeseables se hubieran ido y así dejarla más tranquila.
En lo que dependiera de él ,nadie la llevaría a ningún lado en contra de su voluntad, nadie mismo, ni siquiera su propio marido.