La saga continúa.
Megan logró superar el dolor con la ayuda de su familia, a la que por fin recuperó. Ahora que su amor por Elliott dejó de ser prohibido, está dispuesta a todo por protegerlo a él y a su bebé en camino, y esto solo hace que su camino a la venganza contra Alphonso y la falange oscura se complique más, ya que debe cuestionarse sobre que futuro quiere para su bebé.
Con la constante amenaza de Alphonso y la de un enemigo mayor sin rostro, deberá aliarse con cualquiera que quiera ayudar.
También está la aparición del verdadero padre y hermano gemelo de Elliott, quienes no sabe si son enemigos o aliados; ellos tienen secretos que pueden cambiarlo todo.
Megan deberá enfrentarse a un gran dilema entre su sed de venganza o el amor.
Pero en este juego de sombras y traiciones nada es lo que parece y al final descubrirá que su mayor enemigo no es Alphonso, sino algo más grande detrás de todo.
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¿Sola?
Megan está en su habitación con sus ojos hinchados, trata de dormir, pero simplemente no puede; su cabeza trabaja pensando en culpas y molestias, gira una y otra vez en la cama, ya ni sabe qué hora es, pero no debe ser más de medianoche.
La ansiedad le gana y se levanta con cuidado para ir hasta el baño y hacer que un relajante baño en la tina se lleve sus preocupaciones. Tira su cabeza hacia atrás y siente esa tranquilidad que tanto necesita, lleva sus manos a su vientre y llora; se permite hacerlo fuerte porque la lluvia artificial la ayuda a esconder su llanto.
Cuando no queda ese sentimiento de ahogo en su garganta, toma la toalla y se seca, coloca cremas en su cuerpo, tallando cada parte para luego colocarse unas finas bragas de encaje. Su pijama habitual es una camisa de tirantes y un short de color rosa.
Observa la cama vacía y decide salir; no piensa dormir sola a pesar de no ser una persona vulnerable y apegada. Ahora mismo necesita estar segura.
Camina por el pasillo hasta llegar a la puerta de sus padres; se oye una conversación, pequeñas risas y hasta algunos besos ruidosos. Sonríe y juega para seguir caminando, llega a la habitación a donde quería ir y observa la puerta con indecisión, suspira y toca la puerta.
"Un momento". La voz gruesa se escucha del otro lado; cuando la puerta se abre, ella pone un puchero triste que ni siquiera debe forzar porque le sale del alma. El hombre se detiene un momento para observar a Megan y ella coloca ojitos de cachorro cuando habla.
"¿Puedo dormir contigo o estás molesto conmigo?" El hombre niega riendo.
"Claro que no, bebé, eres la reina McGarrett; lo que desee se lo voy a cumplir". Xander la toma en brazos y la acuesta en su cama y le coloca una cobija.
"Puedes conseguirme gomitas y chocolate". Él sonríe y le hace una reverencia para luego salir de la habitación.
Minutos más tarde, Xander está acostado al lado de Megan acariciando su cabello mientras ella devora cuánta gomita se le aparece.
En la televisión se reproduce una película de Disney que le gustaba cuando era pequeña; él quiere hacerla sentir como si nunca hubiera salido de su hogar.
"¿Te sientes mejor o te preparo otra cosa?" Megan niega; le encanta como la consiente. Todos lo hacen, pero no iba a molestar a sus padres y Elliott necesita espacio". Xander le observa los ojos y sonríe.
"Ya se le va a pasar, tranquila, pronto lo hará, lo conozco". Toma el teléfono y llama a la nana.
"Nani, por favor, tráele a mi niña unas tostadas con Nutella y fresas; está en mi cuarto, dormirá conmigo". Los ojos de Megan se llenan de emoción; le encanta comer de noche y, cuando está triste, le provoca mucho más.
La nana acepta y comienza a preparar el pedido; el olor de las tostadas se filtra hacia el olfato de Elliot, quien está sentado en el sofá de la sala. Él observa la bandeja, sorprendido y se levanta para luego acercarse a su nana.
"¿Y eso, Nana, es para mamá o se te antojó un bocadillo nocturno?", pregunta frunciendo su ceño e imaginándose para quién puede ser, pero la Nana niega con la cabeza.
"No, Elliott, esto lo llevo a la habitación del niño Xander; es para la niña Elza". Elliott endurece sus fracciones, la observa mientras su mandíbula se tensa y se acerca a la nana.
"Nana, llévelo a mi habitación", ordeno con mi voz, que es capaz de congelar hasta el sol, y subo las escaleras mientras casi estremezco el suelo con cada pisada; su mirada es de terror.
Elliott no se detiene a pensar y simplemente actúa. Abre la puerta sin tocar y Megan yace en la cama de Xander mientras este le susurra palabras de aliento a su oído. A pesar de que es el hermano de Megan, Elliott siente rabia por cualquiera que se le acerque.
Tiene el ceño fruncido y la mandíbula apretada. Megan se sobresalta con el ruido que hace la puerta al abrirse de golpe, y Xander solo lo mira con una ceja arqueada, sin moverse de su lugar; él sabe exactamente que esto ocurriría, por eso llamó a su nana en vez de ir él mismo por el pedido de su hermana.
"¿Necesita algo, coronel?", preguntó Xander con ironía; la diversión brilla en su mirada. Sabe perfectamente que esto vuelve loco a Elliott, pero lo merece por hacer sentir mal a Megan.
Elliott ignora la pregunta y camina hasta la cama, posando su mirada sobre Megan, quien aún tiene una gomita en la mano y ya no llora. Ahora desvía sus ojos de este, cosa que le afecta a Elliott, pero no lo demuestra.
"Debes descansar", ordena su voz, más seria de lo habitual.
Megan no dice nada; solo se acomoda en los brazos de su hermano Xander.
"Eliza está bien aquí, Elliott. Me estoy cuidando.
Elliott se tensa aún más; su expresión es más fría y mira a su hermano.
"No necesito que nadie cuide a mi mujer".
Xander sonríe de lado, disfrutando del espectáculo; para no ser hijo biológico de Alexander, tiene bastante de su carácter posesivo.
"Mi princesa vino aquí sola, eso demuestra que no haces lo que predicas". Observa a Elliott tentando al diablo.
Megan suspira y se incorpora un poco en la cama, dejando ver su hermoso pijama, cosa que molesta mucho más a Elliott.
"Elliott, no quiero discutir. Solo quería compañía".
Pero él no cede. Se acerca y extiende la mano.
"Vamos, Elza".
Ella lo mira, dudando. Ama a Elliott, pero también se siente herida y aturdida. Ha sido un día muy largo, y no tiene fuerzas para seguir peleando con él.
Xander chasquea la lengua.
"Déjala en paz, Elliott. "Está tranquila aquí".
Elliott lo ignora y toma a Megan en brazos, haciendo que ella sienta su calidez, esa que tanto deseaba.
Elliott no dice palabra, la lleva hasta su cuarto en silencio y, cuando están dentro, cierra la puerta con seguro.
"¿Por qué estabas con él? "Te dejé descansando", pregunta sin rodeos, sus ojos clavados en los de ella.
Megan suspira, sintiendo de nuevo esa mezcla de amor y molestia hacia él; cuando está celoso, hace un gesto con cejas y nariz que a ella le fascina.
"No quería dormir sola", se acuesta y se arropa.
"¿Y yo qué?", suelta él, acercándose.
Ella lo mira, sintiendo su corazón acelerarse.
"Pensé que necesitabas algo de espacio…", dice desviando su mirada.
Elliott niega con la cabeza y la rodea con los brazos, apretándola contra su pecho.
"Puedo estar muy molesto, pero no vas a amanecer sola jamás", susurra contra su cabello, la rabia y el miedo que sintió se esfuma. Está bien y en sus brazos no puede estar mejor.
Megan cierra sus ojos y deja escapar una larga exhalación. Estar en sus brazos siempre la hace sentir en casa.
"Lo siento, no quise asustarte".
Él la mira a sus hermosos orbes azules y acaricia su mejilla.
"No quiero que busques a nadie más cuando me tienes a mí, no importa si estamos molestos, de acuerdo".
Megan traga en seco. Ama a ese hombre, pero el miedo a perderlo la había hecho necesitar consuelo; pensó por un momento que todo acabaría. Quizá era la sensibilidad de todo lo que había vivido.
"Pensé que la había dañado tanto que... esto que tenemos se había quebrado". Su voz es temblorosa.
Elliott la sostiene con más fuerza.
"Necesitas más que una discusión para alejarme, mi Elza, aunque sigo molesto y mucho". Le besa la nariz.
Megan cierra los ojos y apoya su frente contra la de él. Le hace bien escuchar sus palabras.
"Solo porque estás sensible, dejaré que te comas esa bandeja de veneno que está allí; eso es mucha azúcar". Ella asiente sonriendo.
"Lo siento", susurra ella.
"Yo también lo lamento; reconozco que me pasé, solo sentí terror y ahora más que nunca me tendrás a tu lado". La abraza dándole a Megan la paz que necesitaba.
SORPRENDENOS!!! Con el final que se viene con esta novela
Gracias por regalarnos siempre información de calidad, diferentes tramas, no te encasillas, no escatimas en entregar tu tiempo a lo que te apasiona, y pones todo tu amor a la escritura, haciéndonos parte de tu obra, nos haces reflexionar, entender diferentes tópicos, pasar por todas las emociones habidas, tanto así que amamos a algunos personajes o lo contrario odiando a otros y hasta deseando su muerte en algunos casos.
Sigue cosechando éxitos, que tus fieles lectoras te acompañamos!!
* ESPERO POR SABER EL TIPO DE BODA DE ESTAS "ALMAS GEMELAS"
Esa es la GRAN PREGUNTA 🤔
A veces puede resultar lógico tomar la justicia por mano propia 🤯🙈