Después de varios años lejos, Germán vuelve a su ciudad, encontrando la normalidad de su familia, aunque con un extra incluido. Su mejor amiga es íntima amiga de las mujeres que lo rodean y estas aseguran que terminarán juntos, pero para que eso suceda deberán superar varios obstáculos; un engaño, muchas mentiras, algunos secretos y verdades que saldrán a la luz. ¿Quiénes, y por qué, desean mentirles? ¿Qué secretos se han ocultado o cuál es la verdad que se revelará?
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Helga a la cárcel
Gastón, aún sabiendo que esa mujer es una supuesta amiga de Germán, lo llama para decirle que ha ido a buscar a Wendy y que no tenían buenas caras al encontrarse.
Pero más que nada, también quiere dejarle claro su posición y preferencia si le hiciesen elegir una cuñada.
Germán del otro lado de la línea no puede creer que Helga haya dejado de molestarlo porque puso sus ojos en un nuevo objetivo y obviamente le enoja que Wendy tenga más problemas, ahora por su culpa. Ni él, ni su padre parecen ser buenas personas en el círculo de la pelinegra.
Además, coincide completamente con su hermano si es que Wendy le da la suficiente bola para iniciar una relación.
Unas horas después, el bombero va hasta el hospital y le pide a Gastón que llame a su amiga, ya que estuvo llamándola antes de ir y ella jamás respondió.
—Tuvo una larga operación— avisa Ton mientras ve a su hermano, aparentemente nervioso.
—Lo entiendo, pero marcó como vistos mis mensajes en WhatsApp. Está enojada— le dice él muy seguro de eso.
—Bien, la llamaré y les dejaré mi consultorio, pero solo por unos minutos. Tengo muchos pacientes.
Gastón llama directamente a la oficina de Wendy y ella sale de inmediato para acordar la siguiente operación, supuestamente. Al golpear la puerta, Ton le abre, le permite el ingreso y se va, sorprendiendo a la pelinegra, quien nota la presencia de Germán en la silla de su hermano.
Su porte forme y seguro, sus ojos brillosos y afilados que parecen desnudarla tanto físicamente como emocional... Sus puertas manos, unidas sobre el escritorio, y su típica ropa deportiva que siempre le hace ver atractivo, aún cuando no se esfuerza en lucir bien.
—¿Qué pasa?— cuestiona ella.
—Hola, princesa— la saluda con una sonrisa ladina—. Debemos hablar seriamente, pero no me respondes.
—No hay nada que decir.
—Sí, la verdad es que sí. — dice poniéndose de pie y caminando hacia ella— Un pajarito me contó que tuviste un visita desagradable.
—Para mí, sí. Para ti, no— responde.
—Helga vino a hablar contigo y te ha molestado— afirma deteniéndose frente a ella, a solo centímetros —, para mí también es desagradable.
—No creo, ya que es tu novia— responde con cierta ácidez en su garganta.
No le gusta tener que repetir esas mismas palabras en voz alta, pero no le queda de otra, ya que él está aquí "queriendo hablar" y es su oportunidad de dejar las cosas en claro.
—¿Eso te dijo?— se sorprende sí, pero sonríe con suficiencia al notar que Wendy parece un poco enojada.
— Sí, me pidió que me aleje de ti y tiene razón. Aunque deberá reforzar la confianza en sí misma porque parece que se pone celosa de mí.
—Pobre de ella, ¿no? — la doc alza una ceja sin entender, pero él se inclina hacia sus labios y vuelve a hablar mientras toma con sus manos, la pequeña cintura— Yo no dejaré que te alejes por los inventos de una loca.
— Sería lo mejor para todos.
—¿Cuáles todos, sí aquí solo importamos nosotros dos?— susurra con los ojos cerrados, ya tocando la nariz de su amiga con la suya.
—¡Tenemos una emergencia!— Gastón abre la puerta para buscar a Wendy y se sorprende al encontrarlos tan cerca. Su colega se aleja de Germán y el bombero lo mira con ganas de matarlo— Lamento interrumpir, pero hubo un accidente automovilístico y hay tres personas graves. Debemos intervenir de inmediato.
— ¡¡¡Vamos!!!— asiente Wendy corriendo hacia la salida del consultorio, sin siquiera volver a ver a Germán.
Se siente tan nerviosa y descubierta que quiere morirse de vergüenza. Ese amigo, quién siempre creyó indiferente, estuvo a punto de besarla o eso es lo que le parece. Su posesivo agarre en la cintura, aunque delicado, la tenía temblando y sin respirar. Jamás esperó algo así, pero ahora lo siente como una nueva emoción desbloqueada: La incertidumbre del coqueteo.
Germán sigue mirando fijamente a Ton y este le sonríe queriéndose disculpar sin mencionar palabra, aunque se va a trabajar, ya que la urgencia es totalmente real.
El bombero vuelve a la estación de bomberos porque todavía no ha terminado su turno, pero le envía un mensaje a Wendy para que no hayan dudas de absolutamente nada.
"Helga no tiene ni una mínima oportunidad para ser mi novia porque no me gustan las rubias, menos si son tinturadas" — escribe con un emoji de risa al finalizar.
Sin embargo, le queda una horrible sensación en el pecho porque sabe que si no detiene a la rubia, ella seguirá molestando a Wendy y no lo desea. Aunque lo peor es que solo se enteró de dicha visita porque su hermano estaba presente, puesto que si dependiera de Wendy, ella seguramente nunca se lo hubiese contado.
Al terminar su horario laboral, G va hasta la comisaría más cercana y levanta una denuncia en contra de Helga por el acoso contante que recibió, en los que sus compañeros fueron testigos y también ayudaron; la visita actual a Wendy y de las que no conoce, por lo que tendrá que pedir que investiguen, vean cámaras de seguridad y demás.
Eso les lleva más de un mes, pero en ese tiempo, los acercamientos entre Germán y Wendy son más constantes aunque como amigos, sin pasar a algo más. Ambos suponen la posición y disposición del otro, pero todavía no se animan a entregarse por completo al romance.
Por parte de Germán, no ha habido un beso porque desea prepararle una sorpresa, mientras que Wendy quiere salir de todas las deudas que tiene porque sabe que, por ahora, solo se enfocará en eso y descuidará cualquier otra interacción.
Ha vuelto a ser amigos cercanos, salen solos, hablan continuamente, intercambian algunos roces inocentes, sonrisas cómplices, abrazos y más, pero todavía no hay besos ni confesiones directas.
La policía busca a Helga por varios días en su hogar, pero en ese tiempo no se detiene a descansar allí porque ya los ha visto fuera de su casa, así que se queda con los hombres que pagan por sus servicios. Hasta que, en uno de sus paseos románticos, la reconocen y detienen.
Su cliente no hace absolutamente nada por ayudarla y solo se lamenta el haber perdido dinero, pero puede conseguir otra acompañante, así que va en busca de la siguiente, mientras que la rubia se va con los agentes.
En la comisaría le cuentan el porqué ha sido detenida y la gran cantidad de denuncias que han puesto otros hombres, a los cuales estafó, ya que la buscaban hace varios meses.
El juicio se acuerda con rapidez y su sentencia también es rápida, ya que varios de esos denunciantes se presentan a dar su testimonio. Sumado a los compañeros de Germán, quienes aseguran las contantes visitas e insistencia de la rubia por su colega. También se presentan las recepcionistas que trabajan en el hospital, una como principal testigo, ya que es quién ha llamado a Wendy en ambas oportunidades, y la otra secundando su versión. Además de que la han visto en el estacionamiento del hospital y del otro lado de la calle, aparentemente atenta a ver a la doctora.
Por desgracia, en la investigación que también involucra a Wendy, se le revisaron las cámaras del edificio donde vive y las calles cercanas, descubriendo que Helga ha seguido a Germán hasta allí varias veces y golpeaba con insistencia su puerta cuando él estaba dentro. Sin embargo, eso también ha abierto un nuevo caso por las visitas misteriosas que recibe la pelinegra a principio de mes, pero ella se resiste en confesar esa parte de su vida.
Helga deja de ser un problema con el que deben lidiar Wendy y Germán, luego de saber la cantidad de años que le han dado a la rubia, por lo que, en ese sentido, suspiran con tranquilidad.
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