Lara Lance una joven de 16 años, decide abrazar su destino e irse a estudiar su último año de secuencia en Londres, ya que se le ha informado que está comprometida con el hijo de los Ross, Ricardo Ross, decidida deja Brighton y se va a Londres con su tío, lo que ella no esperaba era que su prometido, parecía no conocer de su compromiso y que además tenía novia.
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Capitulo 16: Inesperadamente me Duele
Los días siguientes fueron un total infierno. Hicieron una página en Instagram, subieron esas fotos y me pusieron precio; incluso unos chicos intentaron tocarme, y Alexis se peleó con ellos. Mi tío mandó hacer una investigación, pero no se pudo conseguir nada; las cosas estaban patas arriba, pero esta vida es un juego de resistencia; yo lo aprendí de mala manera.
El jueves fue a mi cita con la psicóloga; como siempre, me acosté en el mueble y miré al techo. Esta vez, la mujer me habló y no se quedó solo observándome.
—Tu tío me ha contado lo que está pasando en la escuela contigo. ¿Cómo te sientes con eso?
«Es una pregunta ridícula, ¿quién se puede sentir bien mientras es difamada, acosada, burlada por todos? Solo pudo levantar una pared de hielo a mi alrededor para protegerme, mientras mi corazón poco a poco se oscurece cada vez más. Me siento atrapada en ese lado oscuro de mi corazón»
—Estoy bien.
Crucé los brazos de forma defensiva y no volví a hablar. La hora se fue tan lenta que pensaba que el tiempo se había congelado. Después de que salí del consultorio de la psicóloga, me detuve en el supermercado. Era uno de esos días que caminaba a la casa, que estaba a unos cuarenta y cinco minutos caminando; pensaba que esa era mi mejor terapia, caminar.
Había caminado más de treinta minutos cuando un auto con varios chicos se detuvo delante de mí. Yo seguí caminando, hasta que se bajaron y me agarraron.
— ¡Suéltenme!
— Eres tu la perrita del Instagram, ven con nosotros tres, te vamos a pagar bien, ¿cuánto quieres?
— ¡Auxilio!
Traté de liberarme de ellos. Estaba en una zona donde había pocas viviendas. La ropa se me rasgó mientras luchaba; por suerte, venía un auto, y me tiré a la calle. Por suerte, el auto que venía se detuvo antes de golpearme. Me había golpeado cuando caí; la persona del auto salió y me ayudó, llamó de inmediato a la policía; los chicos trataron de huir, pero estaban asustados y no pudieron hacerlo.
—¿Señorita, se encuentra bien? —me preguntó un policía.
En ese momento me desplomé y perdí la conciencia. Cuando me desperté, estaba en una cama de hospital, mi tío estaba a mi lado, tomándome de la mano; sentía su calidez, miré su cara, vi miedo y preocupación.
—¿Cómo te sientes? Esos chicos ya están detenidos. El doctor dijo que tienes unos moretones por la caída y otros por los forcejeos, pero nada de peligro; te desmayaste por la impresión, yo…
Mi tío siente que todo esto es culpa de él, pero no es verdad, es culpa de esos tres. Sentía mucho deseo de llorar, pero no podía soltar una sola lágrima; sentía que el tío se sentiría peor.
—No le digas nada a mis padres, esto no es tu culpa, no es que no me puedas proteger, son cosas que no están bajo tu control.
La conversación terminó ahí, me quedé dormida, me desperté varias veces sobresaltada, Alexis vino a verme y se quedó conmigo toda la noche. Al otro día, me dieron el alta al mediodía; Alexis me llevó a la casa. Al llegar, subí a mi habitación, me di un baño y me acosté; deseaba dormir y olvidarme de todo, y así lo hice: solo dormí, para olvidarme de la realidad.
Me desperté a la mañana del día siguiente, cuando los rayos de sol entraban tímidamente por la ventana. Era la mañana del sábado, el día del cumpleaños de Mateo. Me senté en la cama; estaba un poco mareada, por todas las horas que dormí y porque no había comido nada. Después de sentirme mejor, me levanté, me di un baño, me puse ropa cómoda y bajé a la cocina.
La casa estaba en silencio. Me preparé una sopa de vegetales; hice suficiente por si acaso Alexis o el tío querían. Después que estuvo, me serví un poco, me senté en la mesa del comedor y comencé a comérmela lentamente. En ese momento, Alexis bajó las escaleras con cara de preocupación; sin embargo, cuando me vio, parecía aliviado.
—¿Cómo te sientes? —me dijo mientras se sentaba en la mesa a mi lado.
—Estoy bien.
—¿Cómo puedes estar bien? Unos tipos te atacaron en plena vía pública, debido a que esos malditos te difamaron en redes sociales. Cuando estabas en el hospital, te despertabas sobresaltada, con miedo, por lo que te pasó. La psicóloga dijo que estabas desarrollando un cuadro depresivo, esto…
«Ayer de verdad sentí que me estaba hundiendo, que no podía más, solo quería dormir y no despertar. Todo esto es culpa de esos tres, pero hoy les daré lo que se merecen, incluso más»
—Fue muy impactante para mí lo que pasó ayer, pero ya estoy bien. Toma sopa que preparé hoy; tenemos que salir a un cumpleaños. Recuerda, es importante llegar temprano a esos eventos.
—Mi padre salió a resolver los problemas en la comisaría y a sacar esas cosas de las redes sociales definitivamente; me pidió que no saliéramos, que nos quedáramos en casa tranquilos.
«Bloquear esas cosas de las redes no es imposible, solo se necesita dinero y contactos; el tío tiene ambas cosas, lo que pasó es que él no imaginó que eso iba a llegar tan lejos. Debe de sentirse mal y frustrado; además de que no se atreve a decirles nada a mis padres, está en una situación difícil»
—Lo que va a pasar lo quiero ver en persona, así que si no me acompañas, me iré sola.
Terminé de comerme mi sola, subí a mi habitación, busqué un vestido negro con detalles en blanco, me hice un moño alto en mi larga cabellera, zapatillas y bolso negros, un poco de polvo y brillo en los labios; estaba lista para asistir a un funeral. Saqué el teléfono azul, lo encendí y lo metí en el bolso, junto a mi otro celular, mi billetera, unos billetes en efectivo.
Después de terminar, salí de la habitación, bajé las escaleras y me senté en el sofá de la sala a esperar a Alexis. Varios minutos después él apareció. Me levanté del sofá y salí por la puerta principal, detrás de mí Alexis; él sacó el auto del garaje, lo encendió y lo movió hacia el frente. Yo me subí y nos pusimos en marcha.
—Vamos directo al Club de los Ross, no vamos a comprar nada.
Llegamos; el lugar estaba lleno de todos los compañeros del colegio, ambos cursos, 4.a y 4.b. Estaba en el lugar; yo miraba desde la ventana del auto antes de salir. Un empleado me abrió la puerta y salí; Alexis parqueó el auto cerca, ya que íbamos a salir en poco tiempo. En la entrada le pasé la invitación a la persona a cargo; entré del brazo de Alexis, todos nos miraron al entrar.
Beatriz se apresuró a ir a donde estamos, y de inmediato se burló.
—Pensé que no vendrían, ya que anteayer tuviste un accidente, ¿cómo te sientes?
—Bien, conteste de inmediato.
«Ella quería que supiera que esos chicos que me atacaron y que intentaron llevarme a la fuerza fueron enviados por ella; esa sonrisa te va a durar muy poco»
—¿No me trajiste un regalo? —me preguntó Mateo, que se acercó a Alexis y a mí.
—Claro, en unos minutos te lo voy a dar, ten un poco de paciencia.
Solté el brazo de Alexis y me fui a buscar a la persona que es la mayor responsable de todo esto, Ricardo; él estaba en una esquina, solo, parecía pensativo. Cuando estaba frente a él, le dije.
— Jaque Mate.
Él no me entendió, me miró como si yo estuviera loca. Me di la vuelta, saqué el celular azul de mi bolso, entré al grupo por el enlace y subí la carpeta que se llamaba “Feliz cumpleaños, ¡sorpresa!”.
La carpeta subió en segundo y la notificación comenzó a llegarles a todos los que estaban. Me detuve, me di la vuelta y miré a Ricardo. El celular le vibró en los bolsillos; él lo sacó, entró al grupo, abrió la carpeta, pude ver cómo sus ojos se abrían como platos y cómo su cara perdía el color, cómo deslizaba las imágenes; incluso, reprodujo el video y las voces de las personas que él más apreciaba volaron en el aire burlándose de él.
“Ricardo es solo un idiota; si no fuera por todo lo que me da, ni lo miraría”
“Debes tener paciencia. Es mucho lo que le podemos quitar, lo vamos a desangrar hasta que no le quede nada, y luego lo pisaremos bajo nuestros pies”
Lágrimas salieron de sus ojos; levantó la mirada del celular y se topó con mi mirada fría. Entonces él pudo entender que yo lo había derrotado por completo y que la humillación más grande de su vida, la vivió hoy, gracias a mí. Me di la vuelta; todo el mundo estaba mirando su celular: fotos, videos, audios, toda la traición de Mateo y Beatriz; esos dos no entendían lo que pasaba todavía.
—Vámonos, el regalo fue entregado.
Le dije a Alexis, quien había estado parado en el mismo lugar estático. Mateo me agarró de una mano y me preguntó.
—¿Qué regalo?
—Mira el grupo de Telegram, ya todos lo han visto menos ustedes.
Me solté de su agarre, tomé el brazo de Alexis, me di la vuelta y nos fuimos. Escuché cosas romperse, pero no me di la vuelta, gritos y demás, pero ni Alexis ni yo nos giramos a mirar, solo salimos, nos subimos en el auto y nos fuimos a casa.
«Inesperadamente, recordé las lágrimas en los ojos de esa persona y me dolió el corazón; no sabía por qué me dolía, pero tampoco lo pensé mucho; al final su sufrimiento era lo que yo quería, ¿verdad?»