Él es Leonardo "Leo" Santamaría, hijo de uno de los dueños del hospital más prestigioso del país. Un médico brillante, pero arrogante y mujeriego. Es conocido por sus noches de fiesta, su actitud despreocupada y su fama de ser un profesor insoportable. Para él, la vida es un juego en el que nunca ha tenido que luchar por nada… hasta que la conoce a ella.
Ella es Isabela "Isa" Moreno, una estudiante de medicina determinada a convertirse en doctora para asegurar un futuro para su hijo. A sus 24 años, ha aprendido a ser fuerte, a sobrevivir sin ayuda y a mantener su vida privada en secreto. La última persona con la que querría cruzarse es con un profesor prepotente como Leo, pero el destino tiene otros planes.
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capítulo 18
Isabela caminaba por los pasillos del hospital, con el paso firme que siempre la caracterizaba. Sus residentes la seguían de cerca, haciendo preguntas y tomando notas mientras ella les guiaba en su recorrido diario. Era un día como cualquier otro, hasta que la notificación llegó. Uno de los asistentes le pasó un informe con los nombres de los cirujanos que competirían por el puesto de jefe de cirugía.
Al leerlo, Isabela frunció el ceño. De los cuatro iniciales, dos habían decidido retirarse, y ahora la competencia se reducía a ella y a Owen. Owen... Ella había tenido sus diferencias con él, y no precisamente de las más amistosas. Su rivalidad no era solo profesional; había algo más bajo la superficie, una tensión palpable que siempre parecía estar allí. Sin embargo, nunca había sido algo personal, al menos por su parte. Owen, por otro lado, tenía esa arrogancia que parecía hacer de él un obstáculo constante.
La noticia de la competencia la dejó con una sensación amarga. Sabía que su esfuerzo y su dedicación la habían colocado en este lugar, pero también entendía que las cosas se complicarían. Owen era un buen cirujano, pero su actitud… no era la misma que la de ella. Aunque ambos compartían el mismo objetivo, su enfoque era completamente diferente.
Fue entonces cuando recibió la llamada. La citaron a la sala de descanso para explicarle las reglas de la competencia y confirmar con quién competiría de forma oficial. Isabela dejó a sus residentes en el pasillo y se dirigió hacia la sala, su mente llena de pensamientos contradictorios.
Al entrar, vio a su jefe, James, esperándola. “Isabela, te hemos llamado para informarte que la competencia será estricta. No habrá favores ni excepciones. Será un proceso donde solo el mejor será elegido”, dijo él, mirándola de manera seria.
Isabela asintió.
“Lo sé. ¿Y las reglas?” preguntó, intentando mantener la calma.
“Los dos competirán en tres rondas de operaciones clave. Cada una evaluada de manera individual, pero también evaluaremos su capacidad para trabajar bajo presión y con su equipo. La última ronda será una evaluación de liderazgo”, explicó James.
Isabela respiró hondo, sabiendo que esta era su oportunidad, y que las tensiones entre ella y Owen probablemente solo aumentarían. Aunque no se dejaba intimidar por nadie, entendía que la competencia podría ir más allá de las habilidades técnicas. Tendría que mantener la cabeza fría.
Al salir de la sala, un nudo en el estómago la acompañó. Sabía que la rivalidad con Owen sería más intensa que nunca, pero también estaba decidida a demostrar que su esfuerzo, dedicación y su capacidad de liderazgo eran más que suficientes para ganar el puesto.
Isabela caminaba por el pasillo del hospital, revisando algunos informes en su tableta, cuando de repente lo vio. Owen estaba frente a una de las puertas, con su característico aire distante, sus ojos fijos en el suelo. Al percatarse de su presencia, levantó la mirada, pero no hubo saludo, solo un cruce de miradas cargado de tensión.
Isabela lo observó de reojo, sintiendo cómo la incomodidad comenzaba a llenar el aire. Sabía que con Owen las cosas nunca eran fáciles, pero ahora, con la competencia para el puesto de jefe de cirugía, las cosas parecían ser aún más tensas.
Owen fue el primero en hablar, su voz baja y cortante, sin una pizca de amabilidad. "Vaya, parece que la competencia se ha reducido. Qué raro, pensé que habría más candidatos serios, pero no todos parecen estar dispuestos a aceptar la responsabilidad."
Isabela lo miró fijamente, manteniendo la calma. "No estoy aquí para ser un espectáculo, Owen. Pero si quieres, podemos ver quién de los dos tiene lo necesario para liderar."
Owen levantó una ceja, su expresión seria, casi dura. "No se trata de tener lo necesario", dijo, sin apartar la mirada. "Se trata de saber cuándo callarse y hacer lo que hay que hacer. Tal vez te vendría bien escuchar a los demás en lugar de intentar hacer todo por ti misma."
Isabela sintió un leve estremecimiento, pero no iba a ceder. "No me hace falta que me enseñes a ser cirujana", respondió, con firmeza, dándole un paso hacia él, dejando claro que no tenía miedo. "Si crees que soy solo un ego más en este hospital, entonces te has equivocado."
Owen no mostró ninguna reacción visible, como si las palabras de Isabela no le importaran en lo más mínimo. Sin embargo, su tono, bajo y directo, revelaba algo más. "Es fácil pensar que se tiene todo controlado cuando nadie te cuestiona. Pero ahora hay algo más en juego."
La tensión entre ellos creció con cada palabra. Ninguno de los dos estaba dispuesto a dar el brazo a torcer, y el aire se volvió aún más denso.
Isabela mantuvo su postura, sin ceder ni un milímetro. "Si crees que estoy aquí para hacerme a un lado, te equivocas. No voy a quedarme callada por nadie."
Owen la miró por un largo momento, sus ojos fríos y calculadores, antes de girarse lentamente. "Veremos quién tiene lo que hace falta." La amenaza velada quedó flotando en el aire, mientras su voz desaparecía, llevándose consigo la última palabra.
Isabela permaneció allí, viendo cómo se alejaba, sintiendo un nudo en el estómago. Sabía que la competencia por el puesto de jefe de cirugía sería aún más difícil de lo que imaginaba, pero ahora también entendía que no solo tendría que luchar por el cargo... sino también por el respeto de Owen, quien no la dejaría ganar tan fácilmente.
El roce entre sus egos solo acababa de empezar.
Estimada escritora, ojo con los cambios de nombres y apellidos.