Durante el transcurso de su lucha por volver a reconquistar el hombre del cual está, o estuvo; tan enamorada, Elise descubrirá que la soledad y el desprecio son armas letales en cuanto al amor se refiere. Si sentirte enamorado es uno de los sentimientos más lindos que existe; el sentirte deseado suele desestabilizar las cosas.
¿Cuál es el límite de una mujer sufrida y descuidada? ¿Cuánto tiempo durará Elise sin escuchar a su voz interior decirle que le dé la oportunidad a alguien que la desee con pasión y fervor?
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XX. SOLUCIÓN
Al día siguiente, luego de preparar el desayuno y comer, subimos a su habitación y me cambié de ropa, poniéndome de nuevo el traje. No quisiera que me vean vestida con su camisa, eso se prestaría para problemas y no quiero que se riegue el chisme o puede llegar a oídos de Frank y su familia. No tengo qué ponerme debajo, pero eso no importa, ya que el traje me cubre bien. Kenneth quiso acompañarme a mi casa y, aunque no planeaba bajarse, ambos lo hicimos debido a que la puerta de entrada estaba abierta de par en par.
—Recuerdo haberla cerrado ayer, además de que mandé a cambiar las cerraduras.
—Quédate detrás de mí — saca su arma de reglamento y la mantiene apuntando el suelo.
Entramos a la casa y veo todas mis cosas desordenadas y rotas. Todo está patas arriba, incluso el televisor está en el suelo y destruido.
—¿Qué ha pasado aquí? Mis cosas...
—Está más que claro que no tenían intenciones de robar — comenta Kenneth.
—Hasta que por fin llegan los dos tortolitos a la casa— escuchando la voz de Frank detrás nuestro, ambos nos volteamos y Kenneth guarda el arma.
Cualquiera diría que ha pasado mucho tiempo desde la última vez que lo vi. Se ve distinto, abandonado y molesto. Se detiene delante nuestro y nuestras miradas se cruzan.
—Ahora entiendo el por qué la insistencia en el divorcio, solo querías deshacerte de mí para irte a revolcar con mi hermano, ¿no es así? Luego fingiendo ser la mujer más herida, desdichada e infeliz que existe, cuando solo eres una perra barata — levanta su mano con la intención de golpearme, pero no logro reaccionar a tiempo, cuando Kenneth le aguanta la muñeca tan fuerte, que Frank chilla del dolor.
—Tal parece que nuestra madre no te educó bien o es que crees que cagas más arriba del culo. A una mujer no se le falta el respeto, no se le levanta la mano, ni mucho menos se golpea, maldito cobarde. Si tantas ganas tienes de golpear a alguien, métete conmigo, aunque te advierto que no tendré compasión al momento de partirte la cara por abusador, pendejo.
—¡No te metas en las conversaciones que tengo con mi mujer! El hecho de que te haya abierto las piernas, no te da ningún derecho a intervenir, porque ella sigue siendo mía.
—Pues te recuerdo que no estamos hablando de un objeto, sino de una persona. Ella no es de nadie, tampoco es tu propiedad. No sé cómo puedes tener el descaro de proclamarla a ella como tu mujer, cuando ni siquiera has sido un buen esposo. La has menospreciado delante de la gente, humillado, maltratado, le has sido infiel un sinnúmero de veces, entre un sinfín de cosas más que, si me pongo a mencionarlas, no terminamos nunca. Hay que tener la cara bien fresca como para atreverse incluso a reclamarle algo, cuando fuiste el primero en fallarle, cuando más enamorada de ti estuvo. La has tenido casi toda la vida al lado tuyo y parece que creíste que la tenías segura y por eso ahora te estás lamentando. Un verdadero hombre acepta cuando ya no lo quieren en una parte y simplemente se retira con dignidad, algo de lo que tu careces — suelta su mano y Frank retrocede.
—Con esto confirmas lo que hay entre los dos. Cuéntenme, ¿cuántas veces se han revolcado a mis espaldas? De todos los hombres que existen en el mundo, precisamente terminas cogiéndote a mi hermano. Hablemos de dignidad, Elise.
—Lo que suceda o no entre Elise y yo, no es algo de lo que tengamos que darle explicación a nadie. Ambos somos adultos, somos dueños de nuestros actos y decisiones. Con respecto a su dignidad, hubo un momento en que la perdió, pero fue por ti; por creer en tus mentiras, en sentirse poca cosa solo por tu desprecio, por haber creído que alguien como tú valía la pena, cuando solo eres una basura que no puede ser considerado hombre, porque te faltan cojones.
—Siempre has querido tener lo que yo tengo. Seamos realistas, deja de hacerte el hombre perfecto frente a ella, cuando la envidia te carcome por dentro. Todo esto lo haces para darme un golpe bajo y acabar con mi matrimonio, no porque realmente te importe esa inservible mujer — no puede terminar de pronunciarlo, cuando el fuerte puño de Kenneth aterriza en su rostro.
Sus manos se aferran al cuello de su camisa y lo atrae hacia él. Cuando logro ver la sangre que de su nariz se desliza, le pongo la mano en el hombro a Kenneth.
—Detente, Kenneth. No vale la pena continuar con esto, por favor — nunca lo había visto tan molesto.
—Escúchame bien, cretino. Que sea la última vez que le llames así a Elise. No tengo absolutamente nada que envidiarte. Y, si una vez lo hice, fue por tener el privilegio de tener el amor de la mujer que he querido desde niño, porque sé que iba a ser capaz de darle, lo que tú por imbécil jamás le has dado. Aun así, me aguanté todo eso por dentro con tal de verla feliz. He sacrificado lo suficiente, como para volver a hacerlo. Si no supiste valorar la gran oportunidad que tuviste de tenerla, te puedo asegurar de que yo sí lo haré. Ahora bien, olvidemos este conflicto personal y hablemos de los cargos que se te pueden ser imputados — lo suelta, empujándolo a su vez—. Te harás cargo de los gastos en su totalidad.
—No voy a pagar ni un solo centavo. Estas baratijas las compramos cuando ya estábamos casados, por lo tanto, yo puedo decidir sobre qué hacer con ellas también.
—¡Mentira! — me defiendo, mientras Kenneth me agarra la mano, mirándome de reojo.
—Si no estás dispuesto, no hay problema. Todo en la vida tiene solución. Puedo simplemente llamar a un colega y que venga a evaluar mejor la situación. Tengo evidencia y testigos suficientes como para que quede claro los delitos que aquí has cometido. Entre ellos está: el allanamiento a una propiedad, los daños que has causado en ella, violencia doméstica, entre otros.
—¿Violencia doméstica? ¡A ella yo no le he tocado ni un pelo!
—Creo que no lo has captado. En la violencia doméstica no solamente hablamos de agresión física. Para hacer el cuento largo corto, medita un poco sobre esa conducta y comportamiento tan agresivo que has presentado al llegar a aquí; primero que todo, entrando sin autorización a una propiedad en la cual ya no estás viviendo, destruir todo lo que en ella se encuentra solo por desquitarte con tu expareja, tratar de agredir a Elise frente a mis propias narices, aparte del abuso emocional y sicológico que ha sufrido de tu parte. Volveré a hacer la pregunta, por si acaso has cambiado de opinión, ahora que estás más calmado. Como según tú, son baratijas, no creo que te cueste tanto pagar por todas ellas en su totalidad, ¿cierto, hermanito? — el rostro de Frank palidece, jamás lo había visto así, mientras que en los labios de Kenneth se dibuja una sonrisa.
Una hermosa novela que se lee de un solo golpe y te deja mucha emoción y amor.
Ortografía, gramática y redacción impecables; algo que valoramos muchos lectores.
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¡Felicitaciones a la estimada escritora por su creatividad y agradecimientos por compartírnosla!
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¿Está seguro de que sí quedó infértil?
¿Comprobó su eficacia y efectividad al año del proceder?
🤭🤭🤭
🤦🏻♀️
Sí que está mal está relación. Le doy una patada por las sentaderas y lo mando a freír tusa sin mucho miramiento.