Él la conoció de casualidad en el bosque siendo cazada como un animal para ser entregada como un sacrificio para apaciguar la ira de la diosa luna. La salvó, no porque le importara sino porque le fascinaba ver el terror en aquellos que se creían superiores, los quemó bajo el poder de las llamas eternas del infierno, los oyó rogar, gritar y suplicar por piedad, pero era tarde cuando las llamas eternas tocaban la carne humana esta ardía hasta quedar hecha polvo.
Ella al verlo sintió curiosidad, miedo, curiosidad y agradecimiento. Lo siguió en un viaje sin retorno donde conoció cada cosa, experimentó qué era ser libre, qué era ser ella misma, sonreír, respirar con tranquilidad y despreocupación ante la posibilidad de ser nuevamente perseguida, ya no era una preocupación, la dejó atrás.
Pasó el tiempo y los cielos la reclamaron. La diosa se la llevó y en consecuencia se desató el caos y quienes osaron llevársela, ardieron en llamas eternas, mientras que otros vivían peor que un animal.
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Capítulo 13
EINAR
Desperté al no sentir la calidez del cuerpo de Kaelyn. Me levanté apenas poniéndome el pantalón, salí de la cueva, me dirigí al lago que estaba cerca de la cueva y ahí la vi, sentada en las rocas llevando únicamente mi camisa puesta que le quedaba grande, pero cubría lo suficiente para no dejar nada a la vista. Me puse detrás de ella y la abracé, posó su cabeza sobre mi pecho, suspiró pesadamente, nos quedamos quietos un rato. Sin decir palabra alguna.
—No podía dormir—Murmuró—, tuve un extraño sueño.—confesó con voz temerosa, pero firme—Una voz me dijo que pagaría por el precio de mi traición.
—¿Qué traición Kaelyn?—Pregunté con seriedad. Un silencio sepulcral se instaló en el ambiente, el único sonido que había era de las olas suaves del río corriendo cuesta abajo. Ella se giró para mirarme. Suspiró pesadamente, tomando mi mano con fuerza.—Dímelo, Kaelyn—Insistí. Ella en cambio mantuvo ese silencio sepulcral—. ¡KAELYN!—Exclamé tomándola de los brazos con una fuerza que hasta a mí me sorprendió. Me miró con lágrimas corriendo por sus mejillas.
—Antes de conocerte, mi madre había enfermado gravemente y cuando ella estaba lista para morir...—
Se tomó un momento y luego siguió hablando—pero la Diosa Luna se presentó y me dio dos opciones... la primera llevarse a mi madre con ella sin dolor, sin sufrimiento, pero con la posibilidad de que nunca volviera a reencarnar para ser mi madre en otra vida, en otros tiempos. La segunda opción era: Dejar a mi madre vivir, curarla de su enfermedad a cambio de que le de mi vida a un hombre cuyo nombre es... Adler Fürstenberg, el Alfa de la Manada Luna plateada, la Manada más poderosa de Europa, ese hombre es descendiente de la Diosa, es inmune a la plata y se cura más rápido que un Alfa común, en mi desesperación de no perder a la única persona que me importaba y siendo una niña asustada de diez años, qué más podía hacer más que aceptar, y lo hice, acepté. Y ahora pagaré el precio de haber roto ese pacto.—El silencio sepulcral había vuelto a plantarse entre nosotros como una barrera invisible que evitaba que el más mínimo ruido fuera audible.
Sentía las manos de Kaelyn aferrándose a mí de una manera que no me permitía soltarme de ella y viceversa. La rabia e impotencia que estaba sintiendo me hizo ver las cosas de una forma que nunca antes, ella era mi alma destinada, la luz que evitaba que la oscuridad se apoderara de mi alma, el ángel que mantenía en completa calma a mis demonios que hay dentro de mí.
—Juro—Hablé apenas conteniendo la rabia que sentía dentro de mí—, que si ese hombre o la diosa Luna se aparecen ante ti conocerán la ira de mis demonios, conocerán lo que sucede cuando se meten con mi ángel...—Sostuve su rostro mirándola. Las lágrimas corrían por sus mejillas mostrándome una vez la fragilidad que ella tanto buscó ocultar desde que la conocí bajo esa máscara de mujer fuerte, valiente y desafiante.—Así que no temas, yo estaré allí para ti aun si muero protegiéndote de todo y de todos. ¿Entendiste?—Asintió limpiando las lágrimas de su rostro con la punta de sus dedos.
Volvimos a la cueva antes de que la lluvia nuevamente se hiciera presente. Al verla quitarse la camisa que cubría las partes más importante de su cuerpo era mejor que mirar el paisaje de los bosques que he visitado desde hace bastante tiempo. Ella se dio cuenta, porque enseguida me arrojó mi camisa a la cara y se rio diciendo que era un pervertido.
—Soy el único que puede ver tu precioso y apetitoso cuerpo en el este basto y profundo bosque.—Negó con la cabeza mientras tomaba su vestido y se disponía a ponérselo, mientras lo hacía no desaproveché en ir hacia ella y darle un beso en el cuello que le hizo suspirar. Olí su cuello que desprendía ese olor a sándalo que me fascinaba tanto oler en ella. Ella se rio.
—Einar, me estás haciendo cosquillas—habló entre risas.
—Tu olor es fascinante y refrescante a la vez.
—Einar, deja que termine de vestirme—No le hice caso quería oler su delicioso aroma antes de tener que hacer rodar algunas cabezas para proclamar que ella es MÍA.
—Deja que te huela un rato, por favor—Ella suspiró.
—No tienes remedio, además debemos movernos antes de que nos encuentren, siento la presencia de alguien cerca.
Miré de reojo hacia afuera de la cueva, efectivamente se sentía una extraña presencia. Una que iba más de un simple Alfa, era algo que nunca antes sentí. Kaelyn estaba lista para atacar, pero la detuve, hacer algo tan imprudente nos traería problemas. Nos miramos, ella asintió bajando la mano. Nos quedamos un momento esperando a que alguien o algo pasara, pero no fue así, simplemente la presencia se fue sin más.
Kaelyn apenas se dio cuenta de ello soltó un respiro cargado de alivio, pero a la vez vi en sus zafiro que no estaba para nada tranquila, menos luego de haber pensado que en ese preciso momento la Diosa Luna o el tal Adler estaban tras mi mujer.
—Están detrás de mí, pronto darán conmigo y cuando eso pase... no habrá forma de librarme del castigo de la Diosa Luna...—Habló ella con seriedad, pero yo no estaba dispuesto a perderla por nada ni por nadie.—Menos te dejarán ir por haberte involucrado conmigo y sobre todo por haber permitido que me hicieras el amor, pero eso no me importa, follaría contigo hasta el fin de los tiempos, ser condenada por amar a alguien que desde siempre ha estado destinado a mí, y la diosa lo sabía, pero no le importó para nada...
Sus palabras eran crudas y ciertas, pero lo importante en ese momento era protegerla de un destino al cual fue condenada por el miedo a estar sola en este mundo, siendo solo una niña que había sufrido tanto.
—Entonces conocerán el infierno y la razón por la que he vivido en solitario desde hace años...—Hablé con decisión. Nos fuimos luego de que la lluvia paró.
Mientras salíamos del bosque, Kaelyn me miró y entonces dijo:
—¿A dónde iremos?—Me preguntó tras un largo silencio.
—Al único lugar que conozco en el que no darán tan fácilmente contigo, lo sabrás cuando lleguemos.—asintió sin decir una palabra más.