Camila es una chica que no cree en la existencia del amor en la actualidad. Ni en los matches cósmicos, ni muchos menos en los crushes digitales. Tampoco en hombres que dicen ser "diferentes" y te mandan un emoji de aguacate cuando chateas con ellos.
Pero todo cambia en un abrir y cerrar de ojos, cuando su mejor amiga sube un video de ella donde despotrica contra las apps de citas.
El internet la corona como la anti-romantica del año. Likes, memes, entrevistas... Y una cita que puede cambiarlo más.
Ahora ella tiene 2 problemas.
1: es famosa por odiar el romance.
2: se empieza a enamorar.
¿Podrá sobrevivir al algoritmo del amor sin perder la cabeza ni el wi-fi?
Una historia que tratará ofrecer risas sobre lo viral, lo emocional y lo que pasa cuando el amor no pide permiso y hace click.
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Citas.
Leonardo había tomado su decisión: quedarse en Barquisimeto por más tiempo porque eso no sería un viaje de paso, ni una visita rápida. Quería supervisar personalmente que todas las citas de Camila se efectuaran, pero había algo más que lo hacía quedarse.
—Si, claro como no, vamos a creerte que es solo por el trabajo sobrino —le dijo su tío al oído con una sonrisa traviesa.
Camila lo miró con incredulidad, mientras se ajustaba los zarcillos frente al espejo del auto.
—¿Y eso? ¿Es que tienes miedo de perder? —preguntó con tono burlón, cruzando los brazos.
Leonardo, impecable como siempre, respondió con calma ignorante lo dicho por Oscar.
—No es miedo. Es que me gusta ver que las cosas se lleven a cabo. Los proyectos, los retos… y este reto en particular. Porque no es cualquiera.
Camila rodó los ojos, aunque por dentro sentía esa mezcla incómoda de ira y curiosidad.
Mientras tanto, los días empezaron a pasar y en su celular, Camila seguía usando la cuenta de Valery Gatita para hablar con LeoTehc. No sabía quién era realmente, porque jamás encontró alguna pista, salvo las iniciales que concordaban con las del Ceo, pero cada vez esperaba sus mensajes con más ansias. Era como una necesidad para sentirse viva como el aire que se respira.
Las conversaciones no eran románticas ni profundas: hablaban de cosas cotidianas. El clima, la comida, las colas interminables en los supermercados, los memes del día. Pero en esa sencillez había algo que la atrapaba.
—Es raro —pensó Camila, mientras escribía—. A pesar del tiempo que llevamos chateando. No me habla de amor, no me habla de matches. Solo… conversa. Y yo espero cada mensaje como si fuera un café en la mañana. Pero, el romance sigue extinto como los dinosaurios.
Sofía, que la observaba desde la cama, no pudo evitar reír.
—Ajá, y tú que decías que no necesitabas nada. Mira cómo estás, pendiente de un chat como si fuera una novela turca.
Camila la fulminó con la mirada.
—No es nada. Es solo… cotidiano, raro pero común.
Pero sabía que no era tan simple.
Al día siguiente tuvo que prepararse para la primera cita oficial que llegó. Camila la aceptó más por desgana que por verdadero interés. El elegido era un influencer fitness, dueño de un gimnasio en la ciudad. Su propuesta: hacer crossfit en el Parque del Este.
—¿Crossfit? —murmuró Camila, mirando el mensaje—. ¿Quién cree que el amor se construye con abdominales?
Sofía la animó, grabando todo para sus seguidores.
—Dale, amiga. Esto es contenido. Si te desmayas, mínimo nos hacemos más virales.
—Cada vez siento que soy como una moneda de cambio de mi amiga que siendo la mejor amiga de verdad —murmuró cruzándose de brazos.
Sofía solo podía reír.
Camila llegó al parque con ropa deportiva improvisada, más nerviosa que emocionada. El influencer la recibió con una sonrisa perfecta y músculos que parecían tallados en mármol.
—¡Vamos! —dijo él, entusiasta—. El amor es disciplina, esfuerzo y sudor.
Camila lo siguió, intentando mantener el ritmo. Burpees, sentadillas, saltos. A los diez minutos, ya sentía que sus piernas eran de plomo. A los veinte, un dolor agudo la atravesó.
—¡Ay! —gritó, llevándose la mano a la espalda—. ¡Esto no es amor, esto es tortura!
El influencer intentó ayudarla, pero Sofía ya estaba grabando el momento. Camila, entre risas y dolor, miró directo a la cámara y gritó:
—¡El amor no es abdominales!
El video se subió esa misma tarde y explotó en redes. Los comentarios eran un festival de risas y solidaridad:
> “Camila tiene razón, el amor no se mide en repeticiones.”
> “Prefiero un pabellón antes que un burpee.”
> “¡Embajadora del anti-match, te amamos!”
Mientras tanto en el hotel, Leonardo observaba las estadísticas junto a Tomás. La cantidad de descargas de MiMore seguía aumentando. Cada video de Camila era gasolina para el algoritmo. Despues de todo, esa entrevista no fue una mala idea y mucho menos improvisar un nuevo reto que no había planeado, porque eso, no estaba en sus planes.
—Leonardo, esto es impresionante —dijo Tomás, mostrando las gráficas—. En menos de un día, la app ha duplicado usuarios activos. Esa niña es como la hada madrina.
Leonardo sonrió, mirando la pantalla.
—Ella cree que está ganando el reto. Pero lo que no sabe es que ya está cambiando las reglas del juego.
Óscar, sentado con su café, intervino con humor:
—Bueno, sobrino, si el amor no es abdominales… entonces mínimo que sean arepas con queso de cabra.
Leonardo rió suavemente, pero su mirada seguía fija en Camila. En su voz, en su ironía, en esa energía que parecía desafiarlo a cada instante.
Y eso que el reto apenas comenzaba. Y ninguno de los dos estaba dispuesto a perder.
Y así la agenda de citas de Camila seguía como un reality show improvisado. Leonardo, fiel a su palabra, se quedó en Barquisimeto para supervisar cada encuentro. Camila lo miraba con ironía cada vez que aparecía cerca.
—No te preocupes tanto, ya sabemos quién ganará, o sea yo —le dijo Camila mientras salia de una nueva cita fallida.
—No te preocupes, aún quedan citas, quizás una de ellas se encuentra, la indicada para ti.
Camila rodó los ojos, pero por dentro sentía que esa seguridad la descolocaba.
La siguiente cita fue un verdadero espectáculo criollo. El candidato era un tipo que se autodenominaba “coach espiritual gastronómico”. Su propuesta: llevarla a un restaurante de comida rápida y leerle su carta astral mientras pedían hamburguesas.
—Mira, Camila, tu mes me dice que el amor te llegará con salsa tártara —dijo él, mientras sacaba un cuaderno lleno de dibujos de constelaciones.
Camila lo miró con cara de “¿qué hago yo aquí, si no creo en estas cosas? ”.
—Ajá, ¿y si soy ascendente pabellón? —preguntó con sarcasmo.
El tipo, muy serio, respondió:
—Eso significa que tu alma busca equilibrio entre la carne mechada y las tajadas.
Sofía, que estaba grabando desde lejos, casi se cae de la silla de la risa. El video terminó con Camila diciendo frente a la cámara:
—¡El amor no es salsa tártara!
El clip se volvió viral en minutos, con comentarios como:
> “Camila tiene razón, el amor no se lee en la carta astral de una hamburguesa.”
> “Ascendente pabellón es mi nuevo estado de WhatsApp.”
Después del desastre gastronómico, llegó otra cita. Esta vez, un chico tímido, gamer declarado, que la invitó a jugar Mario Kart en una sala de videojuegos. Camila aceptó con desgana, pensando que sería otra pérdida de tiempo.
Pero apenas agarró el control, algo cambió. El chico, nervioso pero amable, le explicó cómo jugar. Camila, competitiva por naturaleza, se metió de lleno en la carrera.
—¡Agárrate, Luigi! —gritó, mientras lanzaba un caparazón verde.
El gamer la miraba sorprendido, y poco a poco la timidez se convirtió en risas compartidas. Camila, sin darse cuenta, estaba disfrutando. Se reía, gritaba, celebraba cada victoria como si fuera un jon ron de Cardenales en el estadio de Barquisimeto.
Desde lejos, Sofía y Leonardo observaban. Sofía, con su celular en mano, grababa cada momento. Luego, con su talento para el caos, editó el video con música romántica de fondo, ralentizando las escenas donde Camila sonreía y el gamer la miraba con ternura.
El resultado fue explosivo. El clip circuló en redes con títulos como:
> “La anti-romántica encontró su player 2.”
> “Camila y el gamer tímido: amor en Mario Kart.”
> “El algoritmo del amor sí existe, y tiene caparazones verdes.”
Camila, al ver el video editado, se llevó las manos a la cabeza.
—¡Sofía, eres una traidora! Yo solo estaba jugando.
Sofía se encogió de hombros, divertida.
—Ajá, pero la gente vio química. Y ahora no hay quien pare los rumores. No seas aburrida.
Leonardo, por su parte, observaba en silencio. No dijo nada, pero su sonrisa era leve, contenida. Sabía que cada cita, cada video, cada rumor, era parte del reto. Y aunque Camila se burlara, el algoritmo estaba funcionando, solo que una parte del él, estaba celoso por verla reírse con ese chico. Pero decidió ignorar eso. Solo que de ahora en adelante tomaría una decisión.
Camila por su parte seguía nerviosa, apagó el celular.
—Esto no es amor. Esto es un videojuego.
Pero en el fondo, sabía que algo había cambiado.
Por primera vez, se había divertido sin querer y ya no quería seguir siendo la influencer, quería de vuelta su vida a la normalidad.
acertaste