Kay, una maestra que tiene un breve romance con su estudiante Leo, éste se obsesiona con ella, llevando su amor obsesivo al peor error de su vida. Por suerte William es su salvador!
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PARTE XVII: Cita
Después de esa penosa situación con las tijeras, estaba en el punto máximo de mi histeria. Me imaginaba que mataba a Leo con esa tijeras, las metía una y otra vez en su pecho.
William estaba totalmente sorprendido por esa nueva faceta que veía en mi y creo que no le gustaba.
— Kay, tenemos que buscar ayuda. Estuve investigando y hay una doctora muy recomendada y me gustaría que fuéramos a verla.
— No estoy loca.
— Yo lo sé. Y creeme que entiendo todo lo que has pasado pero necesitas ayuda. Por favor acéptala.
Me quedé pensando, mordiéndome el labio inferior y con ceño fruncido.
— Está bien— cerré los ojos.
— Kay. Eres lo más importante para mí. Y te amo de verdad. Sabes bien que si yo no te amará, ya me hubiese ido de tu lado, escapando de esta tormentosa situación pero no, aquí estoy para ti. Y quiero que tu alma, tu corazón y tú mente se sanen.
— William— me solté a llorar— es difícil.
— Yo lo sé. Y por qué es difícil, es por eso que vamos a buscar ayuda para ti.
Salimos al consultorio médico psiquiátrico. Cuando llegamos nos atendió una doctora muy amable, Alía Antoniou.
Estuvimos dos horas hablando. Le conté lo que había vivido.
— Es fuerte lo que has vivido. Pero tú eres una mujer valiente.
Quedamos en dos sesiones por semana. Todo volvería a la normalidad. Qué más puede pasar. Nadie sabe dónde estoy, menos Leo.
Y así fue, la doctora Alía me atendía cada semana. Tomaba medicamento para poder dormir. Al cabo de un año, sentía que mi vida había cambiado.
Comencé a estudiar griego para perfeccionarlo y comenzar a realizar lo que me gustaba dar clases. Esa era mi meta. Por la mañana me dedicaba a aprender el idioma perfectamente y por las tardes ayudaba en la floristería, muchas veces trabajaba como guía local.
Una nueva vida empezaba para mí y para William.
— Me gusta verte asi— dijo William.
—¿Cómo así?
— Feliz. Kay pronto cumpliremos los dos años en este país y me gustaría celebrarlo junto con tu cumpleaños.
— No quiero fiesta.
— Mmm que tal una cena. Salgamos como un par de novio.
—Bueno. Esta bien.
Durante el tiempo que estuve en la terapia con la doctora Alía, dejé de usar mis redes sociales. Pero me sentía cambiada, sentía que nadie nos podía encontrar. Así que eliminé lo perfiles falsos y me quedé solo con mi cuenta oficial y real de Instagram. Dejé de seguir a Leo y creí haber superado esta faceta de mi vida.
Llegó el día de nuestra cita. Me puse un vestido café muy bonito.
— Wao— William abrió sus ojos— Esa es la Kay que me gusta.
— Ya tenía rato de no verme y sentirme guapa.
— Definitivamente eres una bomba de sensualidad— subió la ceja.
Salimos a nuestra cena. Hace mucho que no sentía está tranquilidad.
Llegamos a la casa y después de dos largos años volvimos a tener intimidad.
No sé de dónde William sacó paciencia para esperar este día y él con todo su caballerosidad, con tanta delicadez y tan pasional me hizo el amor. Yo me entregué sin reserva. Extrañaba sentir este sentimiento de complementariedad.
Terminamos extasiados, acostados uno a la par del otro. Nos abrazamos y sellamos ese momento con un beso tierno.
Mis días volvían a brillar, después de mucho tiempo subí una foto a mi Instagram con William. Le pedí a un turista que nos los tomará.
Me dediqué a ser guía turística los fines de semana.
Una tarde salí a hacer compras al supermercado ya que me hacía falta un ingrediente para la cena. William aun estaba en la floristería cerrando el local. Como no teníamos auto y la distancia no eran tan largas, me fui caminando.
De regreso con las compras sentí como que alguien me seguía. Me di la media vuelta para ver y no había nadie. Así que continué caminando pero con rapidez.
Llegué a mi casa. William ya había llegado.
—¿Qué sucede? Te ves pálida. Parece que viste un fantasma.
— No pasa nada. Solo que... Nada. Fui al súper y vine caminando. Creo que deberíamos comprar aunque sea una bicicleta. Piénsalo por favor.
— Si. Lo mismo he pensado y he estado viendo si compraba un carrito aunque sea de segunda mano.
— Me parece.
Me asomé por la ventana para ver si había alguien sospechoso porque tenía la inquietud pero no había nadie. Tal ves sea mi imaginación. Terminé de preparar la cena y me senté junto a William a cenar frente a la televisión.
— William he estado pensando en abrir una página y promover el turismo y ofrecer mis servicios como guía turística los fines de semana.
— Pero ya lo haces ¿no?
— Si, hago turismo los fines de semana pero yo digo crear una página oficial. Creo que me gusta mucho lo que hago y ya vez que se gana bien.
— Bueno. Si es lo que deseas entonces hazlo. Me gustaría acompañarte para que lo tengas en cuenta.
— Jajaja no son celos ¿verdad?
— Obvio que no. Sabes quiero hablar algo contigo y espero que lo pienses.
— ¿Qué es?
— Quiero que nos casemos y quiero tener una familia. Quiero ser padre.
Me quedé con los ojos abiertos como platos y con la boca abierta. Recordé a mi bebé.
— Lo pensaré — suspiré con tristeza.
— No te estoy obligando pero si me gustaría tener un hijo contigo.
— Si. Te dije que lo voy a pensar.
William sacó de su bolsillo un hermoso anillo. Lo vi a los ojos.
— ¿Cásate conmigo? Casémonos este sábado. Ya tengo listo el lugar.
— Si— sonreí— como podría decirte que no después de todo. Te quiero mucho.
William me puso el anillo en mi dedo.
Llegó el día sábado y nos casamos. Todo era sencillo pero lleno de flores y rosas. Con algunas amistades que habíamos hecho en este país.
Estaba feliz por casarme con William pero me inquietaba el tema de tener hijos. Era como si mi matriz recordaba el dolor que había pasado.
felicitaciones
Bravo me mato de miedo, sufrí mucho con la protagonista como es no, un momento estas en la gloria y luego embarrada.
Esta novela es totalmente verdadera como la vida misma 😬