Rosalie murió en un trágico accidente de tránsito, atrapada en una vida que detestaba y consumida por su desesperación. Su último deseo fue simple: tener una segunda oportunidad.
Cuando abre los ojos, ya no está en su mundo… ni en su cuerpo. Ha reencarnado en Cristal Lawnig, la villana de una novela romántica que leyó en su juventud: "Señorita Letty". Una mujer despreciada, condenada a una muerte cruel e ignorada por todos.
Rosalie no piensa repetir esa historia.
Dispuesta a cambiar su destino, tomará decisiones impensables, enfrentará enemigos ocultos y se transformará en una nueva versión de sí misma. Ya no será una víctima. Ya no será la villana. Será una nueva clase de protagonista… una que está dispuesta a romper las reglas del juego.
¿Logrará Rosalie reescribir el destino de Cristal Lawnig y conquistar una vida digna, libre y feliz?
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📅 Creada desde el 16/08/2022
🛠️ Editada desde el 15/06/2025
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Capitulo 17: Ecos del silencio
—Narra Cristal—
El día del festival en honor a Polaris fue hace tres días. Mi cita con Eleonoro quedó completamente arruinada cuando un ataque inesperado de demonios se desató. El festival, que debería haber concluido hoy, fue cancelado por los grandes daños causados en la calle principal.
La capital se ha estado recuperando con rapidez. Los daños en los hogares y puestos fueron remunerados por el emperador. Las casas derrumbadas se levantaron de nuevo, las calles fueron reparadas, la barrera mágica reforzada, y las personas heridas fueron atendidas por médicos al servicio del imperio. Entre ellos, el doctor Ian encabezó la campaña como responsable general.
Eleonoro, quien salió herido durante el incidente, se recuperó en tiempo récord; tres días después no quedaba rastro alguno de las heridas en su cuerpo. A pesar de que nuestra cita terminó de esa manera tan abrupta, cumplió con nuestro trato de ayudarme a deshacerme de Vanessa casándola con un lord. Solo debía escoger al candidato, y él se encargaría del resto. Eleonoro es una figura influyente entre los nobles de bajo rango, así que no sería difícil.
Desde entonces, siento que nos hemos vuelto más cercanos. Eleonoro ha venido a verme todos los días, preocupado por mi estado, e incluso se ha vuelto cómplice del doctor Ian para obligarme a descansar y tomar esas medicinas de sabor amargo y desagradable. Diría que esos dos se llevan bastante bien. Maikel, por su parte, ha empezado a aceptar la presencia de Eleonoro. Aunque aún discuten con frecuencia, dice que el “color” de Eleonoro ha cambiado, que ahora es más claro. Supongo que habla de su aura.
Por mi parte, después de desmayarme aquel día, aparecí en un lugar extraño… un lago tan quieto como un espejo, rodeado de silencio. No importaba cuánto corriera, siempre volvía al mismo punto. Mis manos estaban manchadas de sangre, pero no había heridas nuevas en mi cuerpo. Pensé que tal vez me había golpeado la cabeza… pero todo ese episodio, por más confuso que fuera, terminó beneficiándome. O eso quiero creer.
El lago se tiñó de rojo, y me mostró una imagen del ducado. Luego, me tragó. Desperté en el jardín del duque, mojada, temblorosa y desorientada. Los sirvientes que me encontraron estaban aterrados, especialmente Emily y Frank.
El duque y Eleonoro lloraron al verme. La duquesa y su hija, en cambio, me miraron como si fuera un bicho raro con suerte. Kasir se mostró preocupado, pero no lo suficiente como para acercarse. Maikel se ha pegado a mí desde entonces, como un pequeño guardaespaldas que solo se separa cuando duerme o cuando estoy con personas de su confianza.
Según el doctor Ian, mi cuerpo estaba bien. Solo era un agotamiento extremo. Me recetó una medicina asquerosa y me ordenó descansar. Los dolores en el pecho no han regresado, pero me insistió en mantener la medicina cerca.
Sin embargo, la paz comenzaba a tambalearse.
Durante estos días, muchas cosas se han movido en las sombras: rostros conocidos desaparecieron sin dejar rastro, y otros fueron obligados a responder por sus actos. El sirviente que osó lanzarme una botella a la cabeza fue uno de ellos. A ojos del público, simplemente fue “retirado de sus funciones”, pero en los pasillos del castillo se decía que lo habían enviado a las mazmorras, y luego de un tiempo fue condenado a muerte por atentar contra un miembro de la familia del duque.
Hace dos noches, Frank me informó que encontraron una conexión entre la duquesa Riqueta Lawnig y un noble de bajo rango que había quebrado, pero que ahora prosperaba en la industria textil gracias a la seda ambarina y los vestidos corsé. Vanessa se encargaba de mostrarlos en eventos importantes, ayudando a promocionar las creaciones de un supuesto “gran talento”. Claro, si quieres vestirte como un payaso envuelto en seda y cristales, era ideal.
Además, la duquesa hacía visitas regulares a una finca al este de la capital. Decía que iba a su casa de campo, pero sus viajes eran cada vez más frecuentes. El flujo de dinero que antes obtenía del duque ahora era controlado por Frank. Sin embargo, su apariencia y la de su hija se volvían más lujosas. No tenían negocios legales conocidos. Todo apuntaba a operaciones turbias.
Kasir se movía con sigilo, formando alianzas internas para obtener el control del ducado. Eleonoro entrenaba y estudiaba en su tiempo libre. Vanessa asistía a eventos sociales buscando un pretendiente para su debut, pero ninguno satisfacía las exigencias de su madre.
En cuanto a las pruebas del desfalco de mis bienes por parte de la duquesa y su hija… ¿adivinan qué sucedió?
—¡Tía Cristal!
La vocecita de Maikel me devolvió abruptamente al presente.
—¿S-sí, cariño? ¿Qué pasa?
—No me estabas escuchando.
—Lo siento, la tía Cristal estaba un poco distraída.
—¿Se siente mal nuevamente, señorita? —preguntó Emily, entrando en la habitación y dejando un pastel frente a Maikel.
—Tía Cristal, si te sientes mal, tienes que decírmelo, y Maikel irá corriendo a buscar al doctor.
Sonreí levemente mientras acariciaba su cabecita, despeinándolo con suavidad.
—Sí, cariño. No te preocupes y come despacio.
Mi mente estaba saturada: vigilancia del duque, cuidado excesivo, medicamentos, reuniones… Y para colmo, el duque se había marchado en otro viaje. Se suponía que, tras el festival, algo importante debía suceder. Pero no logro recordar qué era.
TOC TOC TOC.
—Ah, Emily.
—Sí, señorita. Yo iré.
Tomé una taza de té de rosas. Siempre lo preparaban con tanto cuidado, que solo probarlo hacía un cosquilleo suave en mi lengua.
—Este… señorita.
—¿Mm?
—Tiene una visita abajo, en el salón de espera.
—¿Quién es?
—Un enviado del emperador. —Emily parecía nerviosa.
«¿Un enviado del emperador quiere hablar conmigo? Eso no puede ser nada bueno, ¿verdad?»
—¿Y qué quiere?
—No lo sé, solo dijo que espera por usted.
«Parece que no se irá si no bajo. ¿Vendría por lo sucedido en el festival? ¿Por lo que vio Ian? ¿O acaso… por la sangre que no era mía?»
—Maikel, cariño, ¿puedes hacerle un favor a la tía Cristal?
—¡Sí! ¿Qué cosa?
—Baja y ve que le hayan atendido. La tía irá ahora.
—Está bien.
—¿Señorita?—
—Busca un vestido serio. Y no te molestes en ponerme maquillaje.
—¿Sin maquillaje? Pero la cicatriz…
—Quiero que se vea.
—¿Está segura?
—Sí.
Caminé hasta el espejo, enfocando mi reflejo en el cristal decorado en plata. Mi cabello suelto caía sobre los hombros, hasta la cintura. Llevaba un camisón crema y zapatillas esponjosas. Mis piernas estaban llenas de cicatrices, la espalda marcada cerca de la cintura. Brazos, pecho y cuello estaban intactos. Pero en el rostro llevaba el recordatorio de la desgracia que marcó a la anterior Cristal: una cicatriz descendía desde la ceja hasta la mejilla. Vieja, pero visible. Un cuerpo aún débil, delgado, pálido.
Lo que Cristal quiso ocultar, yo no tenía por qué hacerlo. Cuantas menos personas quisieran casarse con la nueva Cristal, mejor. Sobrevivir es solo el primer paso.
Ahora... debo independizarme.
Y huir.
Esta vez, no me esconderé detrás del luto. Esta vez, si muero… que sea luchando por mi libertad.