Renata Solis tenía la vida que siempre soñó: un matrimonio estable de veinticinco años con Fernando Lavallée, un próspero ejecutivo, y dos hijos a los que adoraba. Ella era la esposa abnegada que cuidaba del hogar mientras su marido aseguraba el futuro familiar. Sin embargo, una llamada a la una de la madrugada destruye su mundo para siempre.
Tras correr al hospital, Renata no solo recibe la devastadora noticia de que Fernando ha muerto en un accidente de tránsito, sino que descubre que no iba solo: la mujer que viajaba a su lado en el copiloto tampoco sobrevivió. El día del entierro, la verdad sale a la luz de la forma más cruel cuando una compañera de trabajo le confiesa la pesadilla: Fernando llevaba más de tres años manteniéndole una doble vida a su amante, con quien además tenía una hija de año y medio.
Por si la traición no fuera suficiente, Renata descubre que su esposo hipotecó la casa familiar y entregó todo a su amante.
NovelToon tiene autorización de Isa González para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 15: Ricardo Le Da A Renata Su Apoyo
Renata rompió a llorar nuevamente, pero esta vez fue un desahogo inevitable. Con el nudo en la garganta y la voz entrecortada, no tuvo más remedio que contarle todo a Ricardo: la traición de Fernando, el abandono, la mentira en la que vivió durante veinticinco años, cómo las deudas secretas de su difunto marido la habían dejado en la ruina absoluta perdiendo su casa y, finalmente, la citación legal que acababa de recibir por parte de la familia de la amante para quitarles la indemnización laboral.
Ricardo la escuchó en absoluto silencio. A medida que Renata hablaba, sus puños se apretaban sobre la rodilla y su rostro reflejaba una mezcla de asombro e indignación profunda. No podía creer todo el calvario y el dolor que esa mujer tan noble había llevado sobre los hombros en total soledad.
La miró fijamente unos segundos, transmitiéndole una seguridad que Renata jamás había experimentado.
—No se preocupe, Renata —dijo Ricardo con voz firme e inquebrantable—. Ellos no le van a poder quitar absolutamente nada, porque por ley ese dinero le pertenece a usted y a sus hijos. Así que si la familia de esa mujer piensa que le va a quitar lo único que ese desgraciado les dejó... y perdóneme la palabra, Renata, pero no hay otra manera como llamarlo. Y sí, sé que está muerto, pero eso no le quita lo desgraciado.
Renata dejó escapar un suspiro tembloroso, secándose las lágrimas mientras lo escuchaba.
—Así que cálmese, por favor, porque no va a suceder nada, ¿sí? —continuó Ricardo, poniéndose de pie de inmediato—. Ahora mismo pongo a su disposición al abogado principal de la compañía.
—¡No, señor Del Solar! —exclamó Renata, levantándose de golpe de la silla—. ¿Cómo se le ocurre? Claro que no, es demasiado...
—Claro que sí —la interrumpió él con autoridad, mirándola directamente a los ojos—. Ahora mismo lo voy a llamar y va a quedar a su entera disposición. Con lo del embargo de su casa no podemos hacer nada porque lamentablemente fue legal, pero con esto... con esto no se van a salir con la suya. Así que tranquila, ¿sí? Le aseguro que todo va a estar muy bien.
Renata sintió que una carga gigantesca se le quitaba de encima. Por primera vez en muchos años, un hombre no solo la escuchaba, sino que se levantaba como un escudo firme para defenderla a ella y a sus hijos.
Ricardo le sostenía las manos a Renata con delicadeza, intentando brindarle la tranquilidad que tanto necesitaba, cuando de repente la puerta del despacho se abrió de golpe. Cony entró sin anunciar, deteniéndose en seco al ver la escena.
—¡¿Qué carajos está pasando aquí?! —gritó fuera de sí, con los ojos encendidos de rabia.
Ricardo soltó las manos de Renata con calma y se puso de pie de inmediato. Con impecable elegancia, se acomodó la solapa del saco y la miró con severidad.
—¿Qué estás haciendo aquí, Cony?
—Vine a darte una sorpresa... ¡y mira con lo que me encuentro! —chilló la modelo, señalando a Renata con desprecio—. ¿Por eso querías terminar conmigo? ¿Porque te enredaste con tu vieja asistente?
La mandíbula de Ricardo se tensó por la molestia. Dio un paso al frente, interponiéndose con firmeza.
—¡No le faltes el respeto a Renata! No es ninguna "vieja asistente"... Es una mujer aun joven, hermosa y sumamente inteligente.
Renata se quedó impactada, sintiendo un vuelco en el corazón. Las palabras de Ricardo resonaron en toda la oficina, dejándola sin aliento; jamás imaginó que su jefe la percibiera de esa manera.
Cony dejó escapar una risa burlona y llena de veneno.
—¡Ja! ¿Cómo vas a comparar a esa mujer conmigo? ¡Por favor, Ricardo!
—Yo no estoy comparando a nadie —respondió Ricardo con voz fría y tajante—. Pero no tienes ningún derecho a insultarla. Y sigo sin entender qué haces aquí.
Apenada por el espectáculo y sin querer causar más problemas, Renata dio un paso hacia atrás.
—Permiso... me retiro —dijo en voz baja, intentando salir rápidamente.
Sin embargo, antes de que pudiera cruzar la puerta, Cony la interceptó bruscamente y la sujetó con fuerza del brazo.
—¡Ni creas que te vas a salir con la tuya! —le siseó al oído con odio—. ¡Ahora mismo te largas de aquí!
—¡Suéltala, Cony! —ordenó Ricardo con un rugido de autoridad, tomándola de la muñeca para que liberara a Renata—. No estás en posición de amenazar a nadie. Y Renata no se va a ir a ninguna parte, porque la que se va de aquí eres tú.
Sin darle tiempo a reaccionar, Ricardo tomó a Cony firmemente del brazo y la sacó del despacho a paso firme. Caminó hacia el ascensor ejecutivo, presionó el botón y, en cuanto las puertas metálicas se abrieron, la obligó a entrar con él para resolver el escándalo lejos del área de trabajo.
Renata se quedó sola en el pasillo, temblando ligeramente y con el rostro ardiendo de vergüenza. Se llevó las manos al pecho, sumida en una marea de confusión, sin saber si sentirse a salvo por la defensa de Ricardo o aterrada por la furia despiadada de Cony.
Definitivamente no se que haría con Sergio porque es un rebelde sin causa que provoca sacarlo de la casa y dejarlo pasar carencias en la calle para que aprenda a ser más humilde, valorar a su madre y hermano que están haciendo lo imposible para que el pueda seguir estudiando mal agradecido.