Keile después de cometer muchos errores y ganarse el odio de su enigma tuvo que ver como la vida se le escapaba a la persona que más amo , no solo lo vio morir el fue su verdugo y vivió cada día en el arrepiento pero ahora el destino a decido darle una oportunidad volviendo al momento antes de que la luz de su egnima fuese apaga¿cometerá keile los mismo errores de su vida pasada?
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El Despertar del Enigma
La pulcritud de mis paredes blancas parecía burlarse de mí. Todo en este apartamento está diseñado para ser controlado, para ser predecible, pero el hombre que tengo delante ha roto todas mis ecuaciones.
Su olor a eucalipto está invadiendo mi espacio, asfixiando mi rastro de lluvia y bosque y esa calma suya... esa maldita calma me está destrozando los nervios. ¿Dónde está el Keile que me desprecia? ¿Dónde está el soldado que me mira con asco por ser el heredero de un imperio criminal? Esa versión de él me daba seguridad; sabía cómo pelear contra su odio. Pero este nuevo Keile, el que me mira con una devoción que parece sacada de otra vida, me está desarmando pieza por pieza.
Y eso me aterra más que una emboscada de la Red Roja.
—¿Qué piensas hacer? —le pregunté, pero mi propia voz me traicionó, sonando más como una súplica que como un reto.
El juego de estaba saliendo de control, necesitaba recuperarlo , necesitaba marca territorio
No pude aguantar más. El silencio era un grito que me taladraba los oídos. Necesitaba que se fuera, necesitaba que me gritara, que me pusiera las esposas, que hiciera cualquier cosa menos mirarme como si yo fuera su mundo entero.
Dí un paso violento, acortando la distancia, y lo agarré por la solapa de su impecable uniforme. Quise ver miedo en sus ojos, pero solo vi fuego. Así que lo besé.
No fue el beso del balcón. Aquel había sido una sorpresa; este era un ataque. Fue un beso cargado de furia, de desesperación, una colisión de dientes y labios donde intenté recuperar el control de mi propia casa, de mi propia vida. Quería castigarlo por hacerme sentir vulnerable, por obligarme a dudar de mis planes.
Pero mientras lo besaba, el desastre ocurrió dentro de mí.
Mi lobo, ese animal salvaje que debería estar gruñendo ante la invasión de un Alfa, se quedó inquietantemente tranquilo, como si hubiera encontrado su lugar de descanso. Sin embargo, mi corazón... mi corazón humano traicionó mis años de entrenamiento. Empezó a golpear mi pecho con una fuerza errática, una taquicardia que nunca había sentido ni siquiera en medio de un tiroteo.
"Detente", pensé, pero mis manos, en lugar de empujarlo, se hundieron en su cabello, atrayéndolo más hacia mí.
Me asustaba. Me asustaba sentir que, si me soltaba de él, me caería al vacío. Keile no era un enemigo, no era un objetivo... era algo mucho peor: era la única persona capaz de destruir al Enigma sin disparar una sola bala.
Nos separamos apenas unos milímetros, nuestras respiraciones chocando en el aire frío de la sala. Mis ojos dorados debían de estar ardiendo de pánico, aunque mi rostro intentara mantener la máscara de hierro.
—Vete, Keile —susurré contra sus labios, aunque mis manos aún no lo soltaban—. Vete antes de que termine de romperme
Esto no me gustaba, no quería sentirme necesitado odiaba sentirme dependiente al alguien yo soy un egnima libre odio las cadenas y keile me hacia sentir atado a su alma