TEMPORADA 3 Y FINAL DE LA NOVELA "LA VIDA CON HOMBRES BESTIAS ES MUY CANDENTE".
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CAPÍTULO 16
Mi cuerpo se tensó de inmediato.
Un dolor agudo atravesó cada parte de mí.
Mis venas ardieron.
Mis huesos vibraron.
Mi corazón latió con una fuerza brutal.
—Ah…!
El sonido no salió.
Quedó atrapado en esa profundidad roja.
Memorias comenzaron a surgir.
Fragmentos.
Imágenes.
Voces.
El trono.
La corona.
La sangre.
La traición de... mi ser amado.
Mis ojos se abrieron dentro de la oscuridad.
Pero no veía la piscina…
veía el pasado.
Mi propia muerte.
La estaca atravesando mi corazón.
La traición.
El final.
Y luego…
el poder.
La sangre respondió.
Se agitó con violencia.
Como si compartiera mi ira.
Mi dolor.
Mi deseo.
Mi cuerpo comenzó a cambiar.
A reconstruirse.
A recordar.
Las venas se marcaron bajo mi piel con un azul noble,
brillando tenuemente.
Mi respiración se detuvo…
y luego volvió.
Más profunda.
Más pesada.
Más… poderosa.
Mis colmillos se afilaron.
Mis sentidos se agudizaron aún más.
El latido…
se volvió más lento.
Más fuerte.
Más antiguo.
Ya no era una humana convertida en vampiro.
No…
Era algo superior.
Una vampira de sangre real pura.
La sangre giró a mi alrededor.
Como un remolino.
Como un ritual.
Como un renacimiento.
Y en lo más profundo de ese mar carmesí…
una sola verdad se formó con claridad.
Fría.
Innegable.
Inevitable.
Yo no estaba recuperando lo que perdí.
Estaba reclamando lo que siempre fue mío.
Y esta vez…
nadie…
volvería a arrebatármelo.
.
.
Corría de regreso por los pasillos oscuros, perdida en mis recuerdos…
Esos de los que no me gustaba hablar.
Cuando, de repente, choqué con alguien.
Levanté la vista.
Y era él.
El hombre pelirrojo de ojos rojos…
El mismo que me traicionó.
—Tenía que ser tan estúpida… —murmuré para mí.
Con el talismán activo no habría problema si me lo encontraba…
Pero tenía que chocar con él.
Incluso siendo invisible…
eso ya no me servía en esta situación.
Retrocedí lentamente.
No me ve… tendré que matarlo de una vez.
Pero entonces—
—Oh, duquesa… ¿qué hace aquí?
Mi cuerpo se tensó.
Vladir Noctharys me estaba mirando directamente.
Sonriendo.
Yo me sorprendí… pero no lo mostré.
Este hombre… puede ver a través del talismán.
Hice una reverencia.
—Su majestad… me he perdido —dije, forzando un tono débil, casi lastimoso.
Él se acercó.
Demasiado.
Sus ojos se clavaron en los míos mientras tomaba mis manos entre las suyas.
—Oh, duquesa… pobre de usted —murmuró con falsa amabilidad—. Vaya por ese pasillo… y llegará al salón.
Asentí.
—Gracias, su majestad.
Y me marché.
Sin mirar atrás.
Pero cuando Aelina desapareció en el pasillo…
Vladir Noctharys se quedó en su lugar.
Miró sus propias manos.
Sus dedos temblaban levemente.
Recordando el contacto.
—Ese color de ojos… —susurró.
Aelina había pasado algo por alto.
Sus ojos dorados…
ahora tenían un matiz rojizo.
El mismo tono…
que solo poseía la familia real vampírica.
Vladir frunció ligeramente el ceño.
Pensó.
Analizó.
Y entonces—
Si su cabello fuera azul celeste…
La imagen se formó en su mente.
Y sus ojos se abrieron de golpe.
Lo había descubierto.
—La duquesa Aelina Bloodthorn… —pensó— …es Aelina Moon.
La misma mujer…
a la que traicionó.
A la que mató.
Había vuelto de la muerte.
Su expresión se volvió gélida.
Oscura.
—Aelina… realmente has regresado…—Murmuró en voz baja.
Pero entonces—
desde la oscuridad de la pared detrás de él…
algo se movió.
Una mano masculina emergió de las sombras.
Silenciosa.
Inhumana.
Se posó sobre su rostro.
Y en un instante—
su cuerpo comenzó a calcinarse.
Sin grito.
Sin oportunidad.
Reducido a cenizas.
Arrastrado hacia la oscuridad.
Y en su lugar…
salió otra figura.
Idéntica.
El mismo rostro.
El mismo cuerpo.
El mismo Vladir Noctharys.
Pero no era él.
Una sonrisa lenta… se dibujó en su rostro.
Sus ojos brillaron con algo antiguo.
Algo profundo.
Algo que no pertenecía a ese mundo.
—Te he encontrado… —susurró con una mezcla de nostalgia y anhelo—
…mi esposa.
.
.
.
Ignorante de lo que había sucedido con Vladir Noctharys, llegué a la habitación donde me esperaba aquella mujer pelirroja que me había ayudado antes.
Pero al abrir las puertas…
ella ya no estaba.
En su lugar…
estaba mi esposo, Cassian Bloodthorn, sentado en el sofá, como si hubiera estado esperándome desde hace tiempo.
—Esposo… —murmuré en voz baja, sin poder ocultar mi sorpresa.
Miré alrededor nuevamente.
Vacío.
Ni rastro de ella.
Una punzada de duda cruzó mi mente.
¿Me engañó…?
¿Acaso no juró con su vida…?
Como si pudiera leer mis pensamientos, Cassian habló con calma:
—La mujer que buscas ya se marchó… pero me contó todo.
Solté un suspiro casi imperceptible.
Entonces… no me había traicionado.
—¿Sabes quién es? —pregunté, aún con cierta cautela.
Cassian negó con la cabeza.
—No… pero puedo investigarlo.
Lo miré un momento antes de responder:
—No es necesario… la invitaré a mi fiesta de té.
Él suspiró suavemente… y una ligera sonrisa apareció en sus labios.
Pero al instante siguiente—
desapareció de su lugar.
Y apareció frente a mí en menos de un parpadeo.
Su cercanía me robó el aliento.
—Mi amor… —dijo en voz baja y seductora—. Quiero bailar contigo la siguiente pieza.
Tomó mi mano…
y la llevó hasta su rostro.
Sus ojos…
me miraban con una mezcla peligrosa de amor y devoción.
Mi corazón comenzó a latir con fuerza.
Demasiado fuerte.
Era… absurdamente atractivo.
Sentí el calor subir a mi rostro.
—P-por supuesto… —respondí, tartamudeando levemente.
Entonces…
sin previo aviso—
se inclinó.
Y me besó.
Un beso intenso.
Profundo.
Que me hizo olvidar por un instante todo lo demás.
El castillo.
El pasado.
Todo.
Cuando finalmente se separó…
entrelazó sus dedos con los míos.
Y salimos juntos de la habitación.
Tomados de la mano…
regresamos al gran salón.
La siguiente pieza estaba por comenzar.
Las luces brillaban suavemente.
La música… comenzaba a elevarse.
Y las miradas…
volvieron a posarse sobre nosotros.
Nos colocamos en el centro.
El murmullo se desvaneció poco a poco…
hasta que solo quedó la melodía.
Lenta.
Elegante.
Hipnótica.
Cuando el primer compás sonó—
Cassian me atrajo hacia él.
Su mano firme en mi cintura....