Olivia Grimaldi lo tiene todo… excepto libertad.
Heredera de una de las familias más poderosas de Estados Unidos, su vida está cuidadosamente diseñada: un matrimonio arreglado, una imagen perfecta y un futuro donde el amor no tiene lugar. Hasta que una noche decide romper una sola regla… y conoce a Alexander Rozanov.
Rico, influyente y peligrosamente seguro de sí mismo, Alex no cree en límites ni en promesas. No persigue mujeres comprometidas, no se involucra y no repite errores.
Hasta que Olivia se convierte en su excepción.
Lo que comienza como una chispa prohibida se transforma en un juego de deseo, poder y control, donde cada encuentro los empuja más cerca de una línea que no deberían cruzar… y que, en el fondo, ambos desean romper.
Porque él no quiere salvarla.
Quiere que sea ella quien elija caer.
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Capítulo 16
Olivia
Estoy de pie sobre la tarima que han montado en mi habitación, rodeada de espejos que me devuelven la imagen de una novia perfecta.
Lucas, mi diseñador, se mueve a mi alrededor con alfileres entre los labios, ajustando la cintura por enésima vez y provocando que cada tirón del corsé me robe un poco más el aire.
—Un poco más aquí— Dice él, concentrado.
El vestido se ciñe, mis costillas protestan y siento que si inhalo demasiado fuerte, algo va a romperse… y no será la tela.
—Queda poco tiempo para la boda— Dice mi madre desde el sillón, con las piernas cruzadas y sus perlas brillando bajo la luz. —Espero que respetes tu dieta para que no tengamos que seguir haciéndole ajustes al vestido.
Asiento. Miro a Lucas por el espejo, apenada, como si el problema fuera mío y no esta jaula blanca que me envuelve el cuerpo y quieren que parezca mi piel.
—La madre de Marcos me llamó hace poco— Continúa mi madre, como si habláramos del clima. —Sabes que quería manejar el asunto de la boda a mi modo, pero debido a su insistencia, voy a ceder en que organice la cena de ensayo.
—Claro, mamá. Lo que tú consideres correcto se hará— La respuesta me sale automática.
Ella sonríe, complacida, acariciando sus perlas.
—Olivia, sé que debes estar algo tensa por todo esto de la boda. ¿Por qué no te vas con Marcos durante el fin de semana a la casa que tenemos en la playa?
La sola idea me tensa más que el corsé.
—Marcos está ocupado, mamá. Además, pasaremos toda una vida juntos. Tener algo de espacio antes no nos hará mal.
Su silencio no es nada bueno porque sé que me está estudiando.
—Entonces ve tú y relájate, mientras Ana y yo nos encargamos de todo. Cuando regreses estará todo listo y perfecto para tu gran día.
Perfecto. Esa palabra otra vez. Me muerdo el labio mientras lo pienso.
Irme lejos de mi padre, de Marcos, de los ojos que siempre vigilan y, sobre todo… lejos de Alexander Rozanov.
Lejos de lo que despierta en mí y de esa parte de mi cabeza que empieza a hacer preguntas peligrosas.
—De acuerdo— Digo al fin. —Iré.
Mi madre asiente, satisfecha.
Lucas termina el ajuste y da un paso atrás.
—Estás… impecable— Me dice.
Sonrío al espejo con el entusiasmo que se supone debe tener una novia. Solo que, la chica que me devuelve la mirada parece una muñeca de vitrina.
Sofia entra de pronto a la habitación justo cuando mi madre termina de dar sus últimas indicaciones a Lucas. El sonido de la puerta al abrirse hace que ambas volteemos.
Mi amiga se queda quieta un segundo al verme sobre la plataforma con el vestido puesto abriendo sus ojos sorprendida, mi madre, en cambio, le dedica una de esas miradas despectivas y frías. De las que dejan claro que no la considera parte de nosotros.
—Ya terminamos aquí— Dice mamá, acomodándose las perlas. —Lucas, acompáñame.
Salen de la habitación sin añadir nada más, llevándose con ellas el aire rígido que siempre provocan cuando ella y mi padre están presentes.
Apenas la puerta se cierra, Sofía suelta el aire.
—Estás hermosa, Oliv… Vas a ser la novia más hermosa del mundo.
Sonrío, pero me bajo de la plataforma con cuidado, sintiendo el vestido como una armadura.
—Ayúdame a quitarme esta máquina de tortura bonita antes de que muera estrangulada.
Sofía se ríe bajito y viene hacia mí de inmediato. Sus dedos trabajan en la espalda del vestido, soltando broches y cintas.
—Creo que si respiras fuerte, esto explota.
—No lo dudo.
El corsé cede y el aire entra a mis pulmones de golpe.
—¿Cómo vas con el chico que me contaste? El que conociste en la fiesta de Alfred— Pregunto, mientras el vestido resbala por mis caderas.
—Creo que no va a funcionar— La escucho decaída y mis sospechas se confirman cuando la miro por el espejo.
—¿Por qué lo dices? ¿Qué ocurrió?
Evita mis ojos.
—Creo que su mujer ideal es más bien de tu tipo… niñas ricas y de buena familia.
Frunzo el ceño.
—¿Mi tipo?
—Sí, Oliv… de las que saben qué copa usar, poseen millones para gastar y tienen un apellido que impresiona.
Escucho la decepción en su voz y me preocupa.
Me giro hacia ella, sosteniendo el vestido blanco entre las manos.
—Sofi… si ese chico está buscando una tarjeta de decoración con piernas, entonces no te merece.
Ella intenta sonreír.
—Es que creí que yo podría ser…
Me acerco y tomo sus manos.
—Tú no naciste para encajar en el molde de nadie y no necesitas una familia poderosa para ser suficiente.
Sus ojos brillan un poco.
—Hablas como si fuera fácil.
Suelto una risa suave.
—Sé que no es facil, pero tu no necesitas de un hombre rico para ser feliz.
Su mirada baja hacia el vestido.
—Podría decir lo mismo de ti. Ojalá pudiera cambiar mi vida contigo, Oliv. Tu serías libre de la responsabilidad que han puesto sobre tus hombres y yo podría convertirme en una importante señora.
Frunzo mis cejas mientras miro la tela blanca.
—La jaula en la que estoy no es algo que quisiera para ti, ni para nadie.
El silencio entre nosotras es distinto ahora.
Sofía se recompone un poco.
—Mejor no nos lamentemos por las cosas que no están en nuestro poder.
—Si, tienes razón— Le digo yendo por una bata para cubrirme. —Mamá me ofreció irme a la casa en la playa este fin de semana. ¿Te gustaría venir?
—Me encantaría, pero tengo algunos asuntos que debe terminar. Ya sabes, cosas aburridas de pobres.
—Sofia...— Le advierto. No me gusta que diga esas cosas. Siento como si ella me viera de la misma manera clasista y despectiva que yo veo a mis padres por solo interesarse en el dinero y estatus.
—No te preocupes. Tu disfruta tu fin de semana y saldremos cuando regreses. Estoy planeando tu despedida de soltera y creeme que será inolvidable.