Shiro es un soldado el cual no revela nunca emociones, pero al llegar una carta de una desconocida su futuro qué parecía oscuro se ve iluminado por un sentimiento que no sabe de donde proviene ¿descubrira Shiro quien es esa persona o sabrá cual es ese sentido?
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Lo imposible de la verdad
En la misma casa, la mesa estaba viva con el sonido de platos, risas y cucharas.
El hermano de Mirna, que se había presentado como Darel, contaba historias mientras hacía gestos exagerados con los brazos.
—…y entonces, ¡El wyvern bajó en picada desde el cielo! ¡Sus alas eran más grandes que esta casa, lo juro!
La joven lo miraba con ojos entrecerrados, claramente dudosa.
—¿Un wyvern?, pero si esas cosas no existen —decía mientras miraba a Darel con una mirada afilada —Y si existen ¿De verdad crees que podrias escapar tú solo?
—¡Sí existen y no escapé! ¡Lo engañé con una capa roja y una cueva! Lo confundí y me escabullí por una grieta.
Mirna, que servía más sopa, resopló.
—Oh, por favor. Ese cuento lo inventaste cuando tenías doce.
—¡Tú qué sabes! Tú nunca saliste de este valle.
—¡Y tú nunca peleaste con un wyvern!, solo son leyendas urbanas.
Los dos se miraron con expresión de hermanos que han tenido esta discusión muchas veces.
La joven, con una sonrisa contenida murmuró:
—Podrían ser actores.
Pero justo cuando Darel estaba a punto de defender su honor aventurero con otra anécdota increíble, alguien golpeó la puerta.
—¿Quién será ahora? —preguntó Mirna, limpiándose las manos con un paño.
La joven se levantó antes de que Mirna pudiera hacerlo.
—Lo abro yo.
Abrió la puerta.
Afuera, con el cabello algo desordenado por el viento y una sonrisa entusiasta, estaba un joven con ropa modesta.
—¿Ya estás lista para nuestra aventura?
La joven abrió los ojos de golpe.
—¡Ah! ¡¡Hoy era eso!!
Corrió a la mesa, tomó el resto de su pan y lo devoró con rapidez.
—¡Lo olvidé por completo!
Mirna la observó, sorprendida.
—¿Te vas así tan rápido?
—¡Volveré antes del anochecer!
Mientras se ataba su bolsito con el rompecabezas, Darel alzó una ceja con expresión burlona.
—¿Es tu novio?
La joven se detuvo en seco.
—¡¿Qué?! ¡¡No!! —dijo muy rápido —Lio solo es mi amigo.
Mirna soltó una risa.
Lio, detrás de la puerta, se sonrojó notablemente y desvió la mirada.
—S-solo somos amigos…
—¿Amigos que se van juntos al bosque y se miran como ciervos tímidos? —añadió Darel con una sonrisa maliciosa.
—¡CALLATE! ¡Y solo traga tu sopa! —gritó la joven mientras lo señalaba
Todos rieron.
La joven salió por fin, aún con las mejillas coloradas, y Lio la esperó con una expresión entre tímida y feliz.
—Vamos —le dijo La joven sin mirarlo.
—Sí —respondió Lio
[‐‐‐]
El bosque estaba vivo, pero no con peligro.
Solo con el sonido de hojas, aves lejanas y el crujido de dos pares de botas sobre la tierra.
La joven y Lio caminaban en silencio por el sendero que subía a través de la montaña baja, cubierta de árboles jóvenes y hierba alta.
—Te juro que si Darel dice otra vez que una historia tan mala, me voy a reír en su cara —dijo la joven.
Lio rió entre dientes.
—Me parece que es muy expresivo, seguro tiene talento para contar historias —dijo Lio animado —Pero creo que se paso…
—“¿Es tu novio?”, ¿puedes creerlo? —añadió la joven con los brazos cruzados.
Lio se rascó la nuca, incómodo.
—Pero seguro solo lo decía de broma.
La joven lo miró con una ceja arqueada, pero no dijo nada más.
Siguieron caminando hasta que el bosque se abrió en un claro, y la colina les permitió ver el mundo desde lo alto.
La cima.
El aire era más frío, el cielo más ancho.
Ambos se sentaron en una roca grande, mirando el paisaje.
—¿Y quien era él…? —preguntó Lio rompiendo el silencio —¿El qué estaba en tu casa?
—Ah, Darel, solo es el hermano de Mirna, en realidad no vive aquí, pero hoy vino de visita.
Lio asintió y pateó suavemente una piedra.
—¿De qué hablaban?
La joven se apoyó en sus rodillas.
—Me preguntó el por qué no tenía nombre.
Lio la miró de reojo.
—¿Y de verdad no quieres uno?
—Ya te dije muchas veces que no, primero quiero saber mi pasado.
Lio permaneció en silencio hasta que miro a la joven.
—Sería bueno si tuvieras uno —finalmente dijo sin mucha seguridad y desviando la mirada.
La joven giró hacia él, sonriendo con picardía.
—¿Y por qué no eliges uno tú?
Lio se quedó congelado.
—¿Eh?
—Vamos, algo simple, que suene bien o bonito.
Pero justo cuando ella dijo eso, el aire cambió.
Una brisa suave barrió la cima.
Y en el cielo, como surgida de la nada, una aurora de colores danzó sobre ellos, tenue pero imposible.
Verde, azul, dorado.
Una aurora, en plena tarde.
Ambos la miraron, maravillados y en silencio.
Y entonces, casi sin darse cuenta, Lio murmuró:
—Auren…
Ella lo miró, sorprendida.
—¿Qué?
—N-nada —dijo Lio parpadeando —No hablaba en serio, solo… solo salió.
—Sonó bien, ¿no?.
La joven bajó la mirada, su expresión seria por un momento.
—Auren, ¿Eh…?
El silencio volvió.
Y luego, La joven se puso de pie rápidamente, incómoda.
—Lo siento olvide que… que tengo que ayudar a Mirna.
—¡Sí, yo también tengo…! —dijo Lio, poniéndose de pie con torpeza —tengo que ayudar en casa.
Ambos empezaron a bajar de la colina, cada uno por un lado del sendero, sin hablar más.
Pero algo se había quedado flotando en el aire.
Algo aunque invisible era muy brillante.