La emotiva historia de dos gemelos que no sabían la existencia de su padre. Cuando lo conocen muchos sentimientos encontrados se posesionaron de su mente y de su corazón.
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Marco nunca nos abandonó
Pronto llegó el domingo, Alex y Santos llevaron al abuelo a un parque.
Vamos a sentarnos, allá hay una banca, dijo Santos muy animado.
Los tres se dirigieron hacia allá, gracias hijos, me siento bien respirando aire puro. ¿Han hablado con su padre?
No, pero no quiero hablar con él como hijo, no lo acepto, dijo Alex de manera tajante.
No es tan malo como crees, en el fondo estoy seguro que tampoco se siente bien con esta situación, dijo Santos, yo sí quisiera llevar una relación con Marco.
Pues adelante, ¿ya se te olvidó que crecimos solo con los abuelos? Nunca lo conocimos, hemos estado bien, ¿para qué queremos ahora un padre?, no lo necesitamos, estalló Alex.
Pues ya ves que sí, tenemos trabajo gracias a él. Nos ayudó a encontrar al abuelo, ¿qué más quieres?, Santos trataba de convencer a su hermano.
No, no, y no, no lo acepto y punto. Además, ¿por qué no se sincera con nosotros de una buena vez?, sentenció Alex.
El resto del día olvidaron el tema de Marco. Llevaron al abuelo a comer algodones de azúcar, y hot dogs de un puesto ahí en el parque.
Cuando regresaron a casa, llevaron al abuelo a su cuarto.
Entonces, ¿qué vamos a hacer con Marco?, dijo Santos muy quedo.
¿Qué pregunta es esa?, no quiero saber nada de él, Alex fue muy contundente.
Santos ya no dijo nada y entró a su cuarto. Sacó el diario de Juanita y siguió leyendo.
30 de agosto. Querido diario: Hoy me di cuenta de que estoy embarazada. No he visto a Marco, un día fui a buscarlo ahí, al puente, pero ya no estaba, no sé si lo vuelva a ver. Cómo me hubiera gustado que supiera que va a ser padre.
10 de septiembre. Querido diario: Mis padres se han enterado de que estoy embarazada, me han dicho que me llevarán al rancho, que ahí permaneceré hasta que nazca mi hijo. Me preguntaron quién era el padre, pero yo no les dije nada. De todos modos, no creo volver a ver a Marco.
22 de septiembre. Querido diario: me aburro mucho aquí, no hay nadie con quien platicar, mis padres están en su mundo, prácticamente soy una prisionera en mi propia casa.
¿Qué tanto lees?, lo interrumpió Alex.
Es el diario de nuestra madre. En cuanto lo termine de leer te lo presto.
No, a mí no me gusta leer, mejor luego me lo platicas, dijo Alex y se sentó en la cama a preparar el menú del día siguiente.
Mientras Santos seguía leyendo.
22 de octubre. Querido diario: No te había escrito porque no me he sentido bien, los ascos y mareos no se me quitan. Además de que me siento muy mal. Mi madre dice que es normal, pero yo no estoy segura. No me han llevado con el ginecólogo porque no quieren meterse en problemas con la justicia por mi edad. Pero la verdad es que no me siento bien.
30 de octubre. Querido diario: Mi malestar no se me quita. Siento que no puedo conmigo misma, los mareos están a la orden del día. Una partera vino a checarme, y me dijo que tendría gemelos. Qué gran noticia. Ya quiero tenerlos en mis brazos.
22 de noviembre. Querido diario: Mi embarazo va bien, yo soy la que no está bien para nada, mis piernas me duelen y también la cabeza. A veces creo que no voy a ver a mis hijos. Mis padres casi no están en la casa. Se la pasan fuera mucho tiempo. Yo quisiera huir de aquí, pero no sé a donde ir. No sé donde podría encontrar a Marco. Yo pienso que él debe saber de sus hijos.
15 de diciembre. Querido diario: La espera se me hace larga, y yo sigo aquí, encerrada como una ladrona o asesina. Mis padres no me dejan salir ni a la esquina. Siento que mi vida se me acaba encerrada en estas cuatro paredes.
1 de enero. Querido diario: Hoy que inicia el nuevo año me siento más mal que antes. El día anterior mis padres festejaron con champaña y platos elaborados a la alta cocina. Yo cadi no comí nada, a pesar de los meses que llevo embarazada, estos ascos y mareos no se me quitan. Tal vez sean varones. Lo que Dios me quiera mandar, solo que estén sanos.
12 de enero. Querido diario: Anoche soñé con Marco, él estaba feliz por sus hijos. Me dijo que nada nos faltaría. Solo para despertar y saber que todo fue un sueño. ¡Oh, Marco!, ¿dónde estarás?
25 de enero. Querido diario: No fue mi intención dejar a Marco atrás, fueron mis padres los que me obligaron. Soy menor de edad, hace dos meses cumplí 14 años. Espero con ansias ver a mis hijos y abrazarlos. Marco, mi amor, no me sentiría tan sola si estuvieras aquí conmigo. Mis padres no han querido que salga, sigo aquí encerrada sin ver a nadie.
Santos dejó de leer. "Mi padre jamás nos abandonó", pensó.
Alex seguía en lo suyo, el menú que debía checar Gisela.
Alex, Marco nunca nos abandonó, los abuelos se llevaron a nuestra madre, la tenían encerrada.
¿De dónde sacas eso?, preguntó Alex, molesto por ser interrumpido.
Lo dice aquí en su diario.
¿Es verdad eso?, de todos modos, no voy a perdonar a Marco, él debió buscarla hasta el infinito.
Solo tenía 15 años en aquel entonces, dijo Santos, tratando de defenderlo.
¿Por qué lo defiendes?, él abandonó a nuestra madre, sentenció Alex.
Los abuelos se la llevaron sin que nadie pudiera hacer nada, dijo Santos, sin fuerzas ya para discutir.
Allá tú si crees esas patrañas. ¿Cómo puedes estar seguro de que nadie obligó a Juanita a escribir eso?
Nadie obliga a nadie a escribir un diario, no seas idiota, dijo Santos, rebelándose por primera vez contra su hermano.
Alex no dijo nada, se dedicó a continuar en lo que estaba.
Santos se fue a su cama, guardó el diario de su madre y se acurrucó en su cama.
Tenía la esperanza de que Alex recapacitara y perdonara a su padre.
Con estos pensamientos, pronto se sumió en un profundo sueño.