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Ecos Del Tercer Cielo

Ecos Del Tercer Cielo

Status: En proceso
Genre:Demonios / Ángeles / Fantasía épica
Popularitas:111
Nilai: 5
nombre de autor: Maicol Castañeda

Obra narrativa de fantasía espiritual que narra la formación de cuatro hermanos elegidos por el Padre Celestial para proteger la Tierra tras una antigua guerra en el cielo. Esta primera saga está centrada en la profecía, el entrenamiento espiritual de los protagonistas y la revelación progresiva de su propósito divino. Inspirada en valores espirituales con fuerte simbolismo del bien, el mal, la fe y el propósito eterno.



NovelToon tiene autorización de Maicol Castañeda para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LA FORMA VERDADERA

Gahiel avanzó primero.

Cada paso era un desafío al dolor que le recorría los músculos y los huesos. Rugió, no solo para intimidar, sino para obligar a su propio cuerpo a obedecerle. La sangre le ardía en las venas, el pecho le dolía al respirar, pero no se detuvo. Su voluntad era más fuerte que el cansancio.

A su lado, Dervían se movía de manera opuesta: silencioso, preciso, casi sereno. Donde Gahiel era furia y fuerza bruta, Dervían era control absoluto. Sus movimientos parecían calculados con antelación, como si ya hubiera visto el desenlace de la batalla y simplemente estuviera ejecutándolo.

El aire cambió de inmediato.

Una presión helada recorrió la plaza cuando Gael extendió los brazos y liberó su poder. Ráfagas de hielo surgieron desde el suelo y el aire, afiladas como cuchillas transparentes. Cortaban el espacio con un silbido violento, dejando estelas blanquecinas a su paso. El vapor brotaba al contacto con el suelo caliente y los restos de fuego aún suspendidos en el ambiente.

Al mismo tiempo, Dervis alzó ambas manos.

El fuego azul nació en sus palmas con un pulso constante, contenido, como si cada rayo estuviera siendo medido con exactitud. No disparaba al azar. Cada descarga iba dirigida, impactando con una furia contenida, cargada de emociones que no necesitaban ser gritadas.

La plaza estalló en luz, vapor y explosiones.

Columnas antiguas se resquebrajaron. El suelo se abrió en grietas irregulares. Demonios menores retrocedieron, cubriéndose el rostro ante la violencia de la energía liberada.

Y, en medio de todo, Belgor se movía.

Sus pasos eran cortos, exactos, casi elegantes. Bloqueaba golpes con los antebrazos como si el impacto no significara nada. Desviaba las cuchillas de hielo con pura fuerza bruta, rompiéndolas en fragmentos que se deshacían en el aire. Caminaba a través de las llamas azules sin mostrar dolor, sin siquiera ralentizar su avance.

Cada impacto que detenía hacía temblar el suelo bajo sus pies.

—¿Eso es todo lo que pueden ofrecer? —se burló, atrapando un ataque frontal con una sola mano—. Esperaba más.

La voz resonó con desprecio, como si aquello no fuera una batalla, sino un juego que empezaba a aburrirle.

Gahiel rugió y volvió a lanzarse.

Su cuerpo gritaba que se detuviera, pero él no escuchó. Cargó con todo lo que le quedaba, dejando que su poder brotara sin reservas.

Y entonces, por un instante, ocurrió.

Belgor cometió un error.

Un paso mal calculado.

Un segundo de exceso de confianza.

El golpe combinado lo alcanzó de lleno en el pecho.

La colisión sonó como un trueno seco en el corazón de la plaza. La energía explotó hacia afuera en una onda brutal. Escombros volaron por los aires. Columnas se rompieron como vidrio viejo. Demonios cercanos fueron lanzados contra muros y al suelo con violencia.

Belgor fue empujado hacia atrás.

Solo un paso.

Pero fue suficiente.

Por primera vez, la sonrisa desapareció de su rostro.

El silencio cayó como una losa.

Belgor bajó lentamente la mirada hacia su pecho, observando el punto del impacto. Luego alzó los ojos. Ya no había burla. Ya no había diversión.

—Muy bien… —dijo en voz baja, peligrosa—. Es hora de dejar los disfraces.

El aire se volvió pesado, espeso, difícil de respirar.

Un humo negro comenzó a brotar de su cuerpo. No era humo común: se movía, se arrastraba, parecía vivo. La piel de Belgor se agrietó con sonidos húmedos y antinaturales. Las grietas se abrieron revelando una luz rojiza, pulsante, latiendo bajo la carne.

Sus huesos crujieron.

Cuernos emergieron lentamente de su frente, retorciéndose mientras crecían. Sus ojos se encendieron de rojo, ardiendo con un odio antiguo. Las manos se deformaron, los dedos alargándose hasta convertirse en garras afiladas.

El suelo tembló.

La verdadera forma de Belgor se alzó frente a ellos: más grande, más terrible, irradiando un poder oscuro que oprimía el pecho, que obligaba a inclinar la cabeza, que hacía temblar incluso a los que aún se atrevían a mirar.

Gahiel dio un paso atrás sin querer.

No por miedo.

Sino por el peso absoluto de esa presencia.

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