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A Un Suspiro Del Deseo

A Un Suspiro Del Deseo

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Romance
Popularitas:3.1k
Nilai: 5
nombre de autor: R.C.Mary.G.

Katia no dejó de amar a su esposo. Ese es precisamente el problema.
Después de veinte años de matrimonio, tres hijos y una vida construida junto a Gael, creyó que el deseo simplemente había desaparecido. Hasta que Rafael, su profesor de tango, la hizo sentirse mirada, deseada… y viva otra vez.
Lo que debía quedarse en una pista de baile cruzó demasiadas fronteras. Y cuando Katia comprende que está enamorada de Rafael, descubre también la verdad más incómoda de todas: amar a alguien nuevo no borra automáticamente el amor, la historia ni la familia que existían antes.
Entre Guadalajara, Bogotá y Buenos Aires, Katia tendrá que decidir no solo a quién ama, sino qué consecuencias está dispuesta a asumir por la mujer en la que se está convirtiendo.
Porque algunas decisiones empiezan mucho antes de decir “me voy” o “me quedo”.
Un romance adulto donde nadie sale ileso de volver a sentirse vivo.

NovelToon tiene autorización de R.C.Mary.G. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Empezar con algo nuevo

POV Rafael

"Existen límites que una vez cruzados no hay vuelta atrás"

Rafael salió de la ducha, caminó a toda prisa con una toalla ajustada a la cadera, y antes de que pudiera llegar al dormitorio, se detuvo frente a la mesa de centro donde descansaba la caja de madera oscura.

Al verla abierta a medias, una sonrisa inevitable cruzó por su rostro, sacó su celular para revisar un mensaje que acababa de llegar y soltó un suspiro cargado de impaciencia.

– Ya voy en camino... – leyó en voz alta, repitiendo el mensaje que Katia le había enviado hacía apenas cinco minutos.

Guardó el dispositivo en el bolsillo de su pantalón de descanso y comenzó a ordenar los accesorios con una devoción casi ritual, limpiando y perfumando cada elemento mientras su mente volaba hacia el momento en que ella cruzara la puerta.

Cerraba los ojos por segundos y su imaginación le devoraba los sentidos: la veía de rodillas o sujeta al sillón, arqueando la espalda, con los labios entreabiertos y emitiendo gemidos roncos, puros y desinhibidos que arrancaban de lo más hondo de su garganta.

Podía escuchar en su propia cabeza la forma en que su respiración se quebraba, el modo en que su cuerpo entero se rendía a sus manos, perdiendo el control y derrumbando los últimos restos de la mujer correcta y abnegada que fingía ser ante el mundo.

Esa anticipación mental era una droga silenciosa que lo mantenía al borde del delirio. Minutos después, el timbre del departamento resonó con suavidad.

Rafael caminó por el pasillo y abrió la puerta.

Ahí estaba Katia, luciendo su nuevo y moderno corte de cabello que le restaba años de golpe, con una chispa brillante en los ojos y una sonrisa traviesa que no intentaba ocultar.

– Hola... Espero no haber tardado demasiado en el tráfico – saludó ella con un tono juguetón, quitándose la gabardina y dejándola caer sobre el respaldo del sillón.

Rafael la observó de arriba abajo, deteniéndose en su nuevo look con una fascinación evidente, y respondió con una voz profunda y ronca. – Al contrario, cada minuto de espera hizo que valiera la pena. Pasa, el mundo exterior puede esperar afuera.

Katia entró con pasos firmes, sintiendo el aroma familiar del sándalo y el calor del hogar que él había preparado.

Se acercó a la barra de la cocina y miró de reojo la copa de vino ya servida.

– ¿Planeabas esto desde antes de que te avisara? – preguntó ella arqueando una ceja con picardía, tentando el límite de su confianza.

Rafael se acercó lentamente hasta quedar a pocos centímetros de su cuerpo, sintiendo el calor que ella irradiaba. – Te conozco mejor de lo que imaginas, Katia.

Sé lo que necesitas incluso antes de que lo pidas.

– ¿Ah, sí? ¿Y qué es lo que supuestamente necesito hoy? – murmuró ella con un desafío sutil en la mirada, conteniendo la respiración ante la cercanía de su pecho.

Rafael sonrió de lado, levantó una mano para rozar con infinita suavidad el nuevo corte de cabello en la nuca de ella y susurró contra sus labios. –

Necesitas dejar de sostener el mundo sobre tus hombros y aprender, de una vez por todas, lo que se siente arder sin culpa. Ven, siéntate.

Hoy te toca descubrir un nuevo nivel de ti misma.

Katia se acomodó en el amplio sofá de terciopelo, sosteniendo la copa de vino entre sus dedos mientras observaba a Rafael caminar hacia el pequeño mueble donde guardaba los accesorios.

La luz tenue de la lámpara de pie proyectaba sombras alargadas sobre la pared, creando una atmósfera tan íntima que el resto del mundo parecía disolverse.

Rafael se giró lentamente, sosteniendo entre sus manos una fusta de cuero suave y flexible, y la miró fijamente antes de dar un paso al frente.

– Dime, Katia... ¿Hasta dónde estás dispuesta a llegar hoy sin mirar atrás? – preguntó él con una calma desafiante, deteniéndose a la distancia justa para que ella sintiera el peso de su mirada.

Katia esbozó una sonrisa que intentaba ocultar el temblor repentino en su pulso.

Bebió un sorbo lento de vino antes de responder con un tono de voz firme y retador.

– Eso depende de ti... demuéstrame si eres capaz de sorprenderme de verdad – replicó ella, arqueando una ceja con una picardía que jamás se habría atrevido a mostrar en su vida cotidiana.

Rafael soltó una risa baja, un sonido cálido y ronco que hizo que la piel de Katia se erizara por completo.

Dejó el accesorio sobre la mesa y se inclinó hacia ella, apoyando las manos en los reposabrazos del sillón, atrapándola en un cerco de calor y expectativa.

– Con fuego y paciencia, Katia.

Eso es lo único que necesitas recordar – susurró él a escasos milímetros de su boca, rozando sus labios con una lentitud desesperante antes de retroceder un paso y tenderle una mano.

Katia dejó la copa en la mesita auxiliar, exhaló el aire contenida en sus pulmones y colocó su mano sobre la de él, sintiendo la firmeza de sus dedos al tirar de ella para ponerla de pie.

– Ven aquí.

Vamos a empezar con algo nuevo – indicó Rafael con voz suave, guiándola hacia el centro de la habitación mientras la tensión entre ambos alcanzaba un punto donde cada respiración sonaba como una promesa ineludible.

1
Moni Velázq
Nueva seguidora.
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