🔞🔞En una ciudad donde las torres de cristal ocultan mafias, corrupción y cuerpos bajo neón, Cassian Cooling intenta vivir lejos de la violencia que marcó su juventud. Arquitecto prodigio de Central City, heredero de una fortuna y dueño de un talento capaz de construir maravillas, lleva años enterrando al monstruo que alguna vez aterrorizó las calles de Cuatro Leguas.
Cuando su mejor amigo queda atrapado en una deuda y la mujer de la que se enamora resulta herida, Cassian descubre que el pasado nunca desapareció. Solo esperó en la oscuridad el momento para volver.
Una guerra criminal comienza a devorar las dos ciudades más peligrosas, Cassian deberá decidir qué parte de sí sobrevivirá: el hombre que construye hospitales… o el que aprendió a destruir mafiosos.
Entre conspiración, mafias, tecnología, romance oscuro y una violencia tan brutal como adictiva, Cenizas y Cristal es una novela noir de ciencia ficción donde el amor puede salvar… o romper lo poco humano que queda dentro de t
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Cap 4: Parte 4.
Ella se gira lentamente hacia mí. Y durante unos segundos ninguno habla. No hace falta. Porque la tensión entre ambos llena completamente el apartamento.
Entonces Lekan sonríe apenas y pregunta con voz suave:
—¿Vas a seguir mirándome así toda la noche, niño rico?
Camino lentamente hacia ella. Sin apartar los ojos de los suyos.
—Depende.
—¿De qué?
Me detengo frente a ella. Muy cerca. Lo suficiente para sentir nuevamente el calor de su aliento… Y entonces respondo con voz baja:
—De cuánto tiempo pienses quedarte.
Lekan no aparta la mirada de mí. Poco a poco veo como sus ojos verdes nuevamente brillan con lujuria evidente.
La ciudad continúa respirando detrás de nosotros a través de los ventanales gigantes del apartamento. Miles de luces atraviesan la lluvia y se reflejan sobre el cristal como heridas abiertas en medio de la noche.
Ella permanece quieta frente a mí. Demasiado cerca. Lo suficiente para que pueda sentir como se eleva el calor en su cuerpo, incluso a través de la ropa húmeda.
—Eso depende de ti… —responde finalmente.
Su voz es suave. Pero no insegura. Nunca insegura. Y creo que eso es precisamente lo que termina de destruir mi autocontrol.
Mi mano sube lentamente hasta su cintura mientras vuelvo a besarla. Esta vez no hay pausa. No hay duda. No hay distancia. Solo hambre. Lekan responde inmediatamente, acercándose más hacia mí, mientras sus dedos se deslizan por mi cuello. El beso se vuelve más intenso casi al instante, más profundo, más desesperado, como si ambos lleváramos demasiado tiempo conteniéndonos.
La lluvia golpea los ventanales detrás de nosotros mientras mis manos recorren lentamente su espalda bajo la tela húmeda. Maldición… Su piel está caliente. Y el pequeño sonido que deja escapar cuando mis dedos se deslizan por su cintura casi termina conmigo.
Retrocedemos lentamente sin dejar de besarnos hasta chocar contra uno de los sofás oscuros de la sala principal. Caigo sentado, ella se deja caer junto a mí, con su cuerpo sobre el mío.
Lekan sonríe apenas contra mis labios.
—Definitivamente llevabas todo el día pensando en esto.
Suelto una pequeña risa ronca mientras mi frente permanece apoyada contra la suya.
—No tienes idea de cua…
Ella vuelve a besarme antes de que termine de hablar. Y esta vez siento cómo finalmente desaparece el último resto de tensión entre ambos. Las manos de Lekan recorren lentamente mi pecho, desabrochando parcialmente mi camisa negra mientras sus labios bajan por mi mandíbula y mi cuello otra vez.
Cierro los ojos apenas un instante. Porque hace muchísimo tiempo que nadie me toca así. Sin juegos. Sin manipulación. Sin máscaras. Solo deseo. Solo necesidad real.
Mis dedos se deslizan lentamente entre su cabello oscuro mientras mi respiración comienza a volverse más pesada. Ella levanta apenas el rostro y sus ojos verdes se encuentran otra vez con los míos.
Hay deseo ahí. Claro. Directo. Intenso. Y también algo más peligroso… Confianza… Eso me golpea más fuerte que cualquier otra cosa.
La beso otra vez mientras mis manos recorren lentamente sus piernas y su cintura. La ropa mojada comienza a sentirse insoportablemente incómoda entre ambos. Lekan parece pensar exactamente lo mismo. Se separa apenas de mí y toma lentamente el borde de mi camisa abierta.
—¿Puedo?
La pregunta me deja inmóvil un segundo. Ridículamente inmóvil. Asiento lentamente. Ella termina de quitarme la camisa sin apartar los ojos de los míos.
Y de pronto vuelvo a sentirme observado. No como un arquitecto. No como el hijo de Rubén Cooling. No como el hombre de los ojos dorados… Solo como yo.
Sus dedos recorren lentamente algunas de las cicatrices sobre mi pecho y abdomen. Las antiguas. Las feas. Las que normalmente escondo. Cuchillos. Balas. Vidrio roto. Cuatro Leguas escrita directamente sobre mi piel.
Lekan las observa en silencio. Después levanta lentamente la mirada.
—Te hicieron muchísimo daño.
La frase sale tan tranquila que casi me deja sin aire, duele más que un juicio… Porque no hay lástima en su voz. Solo honestidad.
Mi mano acaricia suavemente su cintura mientras respondo con una pequeña sonrisa cansada.
—Tú deberías haber visto cómo quedaron los otros —le respondo, sonriendo contra su boca.
Ella termina riéndose. Y ese sonido… Mierda. Creo que realmente me podría volver adicto a escucharlo.
La beso otra vez con más fuerza, mientras ella separa las piernas y se sienta lentamente sobre mis piernas. El calor de su cuerpo contra el mío hace que mi respiración se vuelva todavía más pesada. Más agitada. Con más deseo de devorarla.
La ciudad desaparece nuevamente. Solo existe ella. Sus labios. Su piel. La manera en que sus dedos se hunden ligeramente en mi cabello mientras me besa. Mi mano sube lentamente por uno de sus muslos mientras ella deja escapar un suspiro suave contra mi boca.
Y entonces vuelve a mirarme de esa manera. Como si realmente me deseara. No lo que tengo. No mi apellido. No mi dinero… A mí.
La sensación resulta peligrosamente nueva…
Mis dedos recorren lentamente la curva de su espalda mientras ella termina quitándose la blusa húmeda. La luz azulada de Central City se desliza sobre su piel morena y por un segundo literalmente olvido respirar.
Hermosa… No existe otra palabra.
Lekan nota exactamente cómo la estoy mirando. Y sonríe apenas.
—Ahora entiendo por qué te quedaste tan callado —me dice, tomando mi cuello con una mano, mientras con la otra comienza a desabrochar mi cinturón.
Mi voz sale más grave de lo normal.
—Estoy intentando recordar cómo funciona hablar.
Ella vuelve a reír suavemente antes de besarme otra vez. La tomo de los muslos con brusquedad y pación. Suelta un pequeño gemido contra mi boca, sin dejar de besarme. Me levanto sin esfuerzo. Ella toca mis hombros y recorre con sus dedos mis bíceps. Presiono mis manos más fuerte sujetando sus muslos, clavando mi erección en su cuerpo, sintiendo el calor y la humedad de su entrepierna contra mi abdomen.
Nos movemos lentamente hacia el dormitorio principal sin separarnos. Tropiezo contra muebles, contra ropa húmeda abandonada en el suelo, contra nuestras propias ganas de llegar demasiado rápido al otro.
Y por primera vez en muchísimo tiempo… me siento vivo de una manera que asusta.
La habitación permanece iluminada únicamente por las luces lejanas de la ciudad atravesando los ventanales gigantes.
Sombras azules. Rojas. Violetas. Lekan da un salto y se suelta de mis manos. Se aleja unos pasos mientras comienza a desabrochar su falda. Se detiene junto a la cama observándome en silencio.
Mi corazón golpea demasiado fuerte dentro de mi pecho. Ridículo… Completamente ridículo.
Ella se acerca otra vez lentamente hasta quedar frente a mí. Sus dedos recorren suavemente mi mandíbula mientras me observa con una intensidad que me deja inmóvil.
—¿Qué pasa? —susurra.
La miro unos segundos antes de responder.
—No quiero arruinar esto.
Sus ojos verdes se suavizan apenas.
—Entonces no pienses tanto.
Y después me besa nuevamente. Lento. Profundo. Cálido. Mis manos recorren su cuerpo mientras la acerco completamente hacia mí. La tensión acumulada entre ambos finalmente termina explotando de forma inevitable. Sin elegancia. Sin perfección. Solo real. La respiración de ambos llena lentamente la habitación mientras el resto del mundo desaparece detrás de la tormenta y el cristal. Y por unas horas… Cuatro Leguas deja de perseguirme.