Wishcalia es una mujer de carácter férreo: fuerte, dominante y acostumbrada a que nadie le doble la voluntad.
Al conocer a Alexander, un amor profundo e inesperado nace entre ellos. Se casan, forman una hermosa familia y llenan su hogar de risas y hijos. Juntos parecen invencibles.
Sin embargo, la armonía se quiebra cuando su suegra empieza a manipular y sembrar conflictos con sus intrigas. Como si eso no fuera suficiente, el primer amor de Alexander reaparece con una pasión renovada, removiendo viejos sentimientos y poniendo a prueba los límites de su matrimonio.
Entre celos, secretos familiares y deseos del pasado que resurgen con fuerza, Wishcalia deberá usar toda su fuerza y astucia para proteger lo que más ama. Porque en esta historia, incluso la mujer más poderosa puede verse obligada a luchar por su felicidad.
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La demanda
La demanda por custodia compartida llegó como un golpe calculado. Wishcalia la recibió en su oficina a media mañana, entregada en mano por un mensajero. El documento era grueso, formal y lleno de acusaciones: “madre ausente por exceso de trabajo”, “carácter dominante y agresivo que genera un ambiente tóxico”, “manipulación emocional hacia el padre” y “alejamiento injustificado de la abuela paterna”.
Wishcalia leyó cada página con calma quirúrgica, pero por dentro ardía. Cerró la carpeta y llamó inmediatamente a su abogado principal.
—Quiero una respuesta agresiva. Alegaremos manipulación por parte de la abuela, acoso a través de terceros y uso indebido de los nietos como arma. Prepara todo: testigos, informes del detective, registros de las visitas no autorizadas y la detención de Camila. No voy a ceder ni un centímetro.
—Entendido, señora. Tendremos la contestación lista en 48 horas.
Esa tarde, Wishcalia llegó temprano a casa. Encontró a Alexander en el jardín jugando con los niños. Mateo corría con una pelota mientras Sofía intentaba atraparlo entre risas. La imagen le apretó el pecho. Nadie iba a quitarle eso.
Se acercó y Alexander levantó la vista, notando su expresión seria.
—¿Qué pasó?
Wishcalia le entregó la copia de la demanda sin decir una palabra. Alexander la leyó y su rostro se endureció.
—Esto es una locura. Mi madre ha perdido completamente el juicio.
—Tu madre no ha perdido nada —respondió Wishcalia con voz fría—. Esto es un ataque directo. Quiere hacerme quedar como una mala madre para ganar terreno. Y tú vas a tener que posicionarte públicamente.
Alexander se pasó una mano por la cara.
—Wishcalia… es mi madre.
—Y yo soy la madre de tus hijos —replicó ella, dando un paso más cerca—. Elige bien, Alexander. Porque si en la corte dudas aunque sea un segundo, van a usar eso en mi contra.
Él la miró a los ojos durante varios segundos. Luego asintió con firmeza.
—Estoy contigo. Completamente. Mañana mismo hablaré con mi abogado personal y le diré que testificaré a tu favor.
Wishcalia sintió un alivio momentáneo, pero no bajó la guardia.
Esa noche, después de bañar a los niños y leerles un cuento, la pareja se quedó en el dormitorio. Wishcalia se quitó la ropa con movimientos deliberados, quedando solo con un conjunto de lencería negra que resaltaba su figura fuerte y elegante. Se acercó a Alexander, que estaba sentado en el borde de la cama.
—Esta noche no quiero hablar más de demandas ni de tu madre —dijo con voz baja y autoritaria—. Quiero que me recuerdes por qué lucho tanto por esto.
Lo empujó suavemente hacia atrás y se subió sobre él. Sus manos recorrieron el pecho de Alexander con posesión absoluta. Lo besó con intensidad, controlando cada movimiento. Alexander se entregó por completo, gimiendo su nombre mientras Wishcalia marcaba el ritmo, exigente y apasionada. Sus cuerpos se movieron en una danza de dominio y rendición, hasta que ambos alcanzaron el clímax con fuerza, jadeando el uno contra el otro.
Después, mientras yacían abrazados, Wishcalia apoyó la cabeza en su pecho.
—No voy a perder a mis hijos —susurró—. Ni por tu madre, ni por nadie.
—No los vas a perder —respondió él, besándole el cabello—. Te lo prometo.
Los días siguientes fueron una tormenta de preparativos. Wishcalia reunió a su equipo legal, revisó cada prueba y preparó su declaración. Mateo y Sofía notaban la tensión en casa; el pequeño preguntó varias veces por qué la abuela no venía.
—Porque la abuela y mami están resolviendo cosas de adultos —respondía Wishcalia con suavidad—. Pero tú y Sofía siempre van a estar con papá y conmigo.
La audiencia preliminar se fijó para dentro de dos semanas. La noche antes, Wishcalia no pudo dormir. Se levantó y fue al cuarto de los niños. Se quedó un rato mirando cómo dormían plácidamente. Mateo abrazaba su oso de peluche y Sofía tenía el pulgar en la boca. El corazón se le apretó.
Regresó a la cama y despertó a Alexander con besos en el cuello.
—Hazme olvidar todo por un rato —susurró.
Alexander la atrajo hacia él y esa noche Wishcalia tomó el control una vez más. Fue intenso, casi desesperado. Ella se movió sobre él con ferocidad, reclamando su cuerpo y su lealtad. Alexander se rindió gustoso, susurrando promesas entre gemidos.
Al día siguiente, en la audiencia preliminar, la sala estaba tensa. Elena estaba sentada con su abogado, vestida de negro como si estuviera de luto. Camila no podía estar presente por la orden de alejamiento, pero su declaración escrita estaba incluida.
El juez escuchó los argumentos. El abogado de Elena pintó a Wishcalia como una mujer obsesionada con el trabajo y el control, que alejaba a los niños de su abuela y manipulaba a Alexander. El abogado de Wishcalia contraatacó con pruebas: las visitas no autorizadas, la detención de Camila, los mensajes amenazantes y el informe del detective.
Cuando llegó el turno de Alexander, él se levantó y habló con voz clara:
—Wishcalia es una madre excelente. Fuerte, protectora y dedicada. Yo apoyo todas las medidas que ha tomado. Mi madre ha usado a mis hijos como herramienta para interferir en mi matrimonio. No voy a permitir que eso continúe.
Elena miró a su hijo con lágrimas en los ojos y decepción profunda.
La jueza anunció que estudiaría las pruebas y daría una resolución en los próximos días. Al salir de la sala, Elena se acercó a Alexander.
—Hijo… ¿cómo puedes hacerme esto?
Alexander la miró con tristeza pero firmeza.
—Mamá, tú te lo hiciste sola. Cuando respetes a mi esposa y a mi familia, podrás volver a ver a tus nietos.
Wishcalia observó la escena desde unos pasos atrás, con la cabeza alta. No sintió lástima. Solo determinación.
Esa noche, en casa, la familia cenó juntos. Mateo y Sofía estaban más tranquilos al ver a sus padres unidos. Después de acostarlos, Wishcalia y Alexander se quedaron en la terraza mirando el mar.
—Gracias por hoy —dijo ella en voz baja.
Alexander la abrazó por detrás.
—Eres la mujer más fuerte que conozco. Y estoy orgulloso de estar a tu lado.
Wishcalia se giró y lo besó con pasión. Lo llevó al dormitorio y esa noche volvió a tomar el control. Sus caricias fueron posesivas, su cuerpo exigente. Hicieron el amor con una mezcla de alivio y fuego, reafirmando su unión después de un día tan duro.
Mientras Alexander dormía, Wishcalia se quedó despierta, mirando el techo.
La batalla legal apenas comenzaba, pero ella ya había ganado una victoria importante: Alexander se había posicionado públicamente a su favor.
Sin embargo, conocía a Elena. La suegra no se rendiría tan fácilmente.
Wishcalia sonrió en la oscuridad con frialdad.
Que venga la siguiente jugada.
Ella estaría más que lista.