Morí una vez por ser quien era.
Reencarné en una historia donde el villano estaba destinado a caer.
El héroe eligió al omega correcto.
El mundo celebró.
Yo elegí al villano.
Sethiel, un omega que recuerda su vida pasada, decide quedarse al lado del hombre condenado por amar demasiado.
Un BL omegaverse oscuro sobre obsesión, elección y destino reescrito.
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CAPÍTULO 11 La amenaza que se equivoca
El error de quienes observaban Blackthorne desde lejos era pensar que la advertencia de Draven había sido simbólica.
No lo era.
Las amenazas no llegaron con espadas ni ejércitos. Llegaron como siempre lo hacían quienes se creían inteligentes: con rumores, con presiones indirectas, con la idea cómoda de que bastaba tocar el punto correcto para que todo se desarmara.
Y eligieron mal ese punto.
Sethiel Raviel se encontraba en el ala de mapas cuando el primer aviso llegó. Un mensajero menor, nervioso, evitó mirarlo a los ojos.
—Marqués —dijo—. Hay… visitas no anunciadas en el exterior. Dicen venir de la Casa Helbrecht.
Sethiel cerró el pergamino con calma.
—¿Y qué dicen querer?
—Hablar con usted. A solas.
Sethiel sonrió apenas.
—Diles que no necesito privacidad para escuchar amenazas.
El mensajero parpadeó, sorprendido.
—¿Desea que avise al Duque?
—Ya lo sabe —respondió Sethiel—.
Alzó la mirada.
—Y no va a detenerlos. Quiere ver hasta dónde llegan.
No era una suposición.
Era una certeza.
El encuentro se produjo en el patio inferior, a la vista de los guardias. Tres hombres aguardaban. No llevaban armas visibles. No las necesitaban para lo que creían que iban a hacer.
—Marqués Raviel —dijo uno de ellos—. Agradecemos que haya accedido.
Sethiel se detuvo a unos pasos.
—No accedí —corrigió—. Vine.
El hombre sonrió con condescendencia.
—Creímos que sería prudente advertirle. Su cercanía con el Duque está… generando incomodidad.
—La incomodidad no me preocupa —respondió Sethiel—.
—La cobardía sí.
El segundo hombre carraspeó.
—Blackthorne no es un lugar seguro para usted. Cuando el Duque caiga…
Sethiel lo interrumpió con una risa suave.
—¿Cuándo? —preguntó—.
Hizo una pausa.
—Qué optimistas.
—Usted es un omega —dijo el tercero—. Y los omegas siempre pagan primero cuando los hombres poderosos se enfrentan.
Sethiel ladeó la cabeza.
—Ese es su error —respondió—.
Alzó la voz apenas.
—Creer que soy la parte blanda.
Uno de los hombres dio un paso adelante.
—No subestime lo fácil que es desaparecer a alguien sin título real.
Sethiel lo miró fijo.
—No subestime lo fácil que es perder una casa por tocar lo que no entiende.
El aire se tensó.
—¿Eso es una amenaza?
—No —respondió Sethiel—. Es una evaluación.
Entonces, sin anuncio previo, Draven apareció.
No corriendo.
No furioso.
Presente.
Los guardias se tensaron de inmediato. Los hombres de Helbrecht palidecieron.
—Ya terminaron —dijo Draven.
No era una pregunta.
—Duque Blackthorne —dijo uno—, no pretendíamos…
—No me interesa lo que pretendían —interrumpió Draven—.
Se colocó junto a Sethiel. No delante. Al lado.
—Me interesa lo que hicieron.
El silencio cayó como una sentencia.
—Amenazaron —continuó Draven— a alguien bajo mi protección.
Sethiel habló entonces, sin apartar la mirada de los nobles.
—No me protegió —dijo—.
Se giró hacia Draven.
—Me respaldó.
Draven sostuvo su mirada un segundo. Luego asintió.
—Correcto.
Volvió a los hombres.
—Blackthorne no negocia con cobardes —dijo—.
—Y no utiliza a los suyos como moneda.
—No es suyo —se atrevió a decir uno.
El aire se volvió helado.
—No —respondió Draven—.
Hizo una pausa peligrosa.
—Es no negociable.
Los hombres retrocedieron un paso.
—Llévense este mensaje —ordenó Draven—.
—Cualquier intento de presionar a Sethiel Raviel será tratado como una declaración directa contra Blackthorne.
—¿Nos amenaza con guerra?
Draven sonrió. No fue amable.
—Les advierto de la consecuencia.
Los hombres se retiraron sin discutir.
Cuando el patio quedó vacío, el silencio fue distinto. Más íntimo. Más tenso.
—No necesitabas venir —dijo Sethiel.
—Lo sé.
—Lo hiciste igual.
Draven lo miró.
—Porque no tolero errores repetidos.
Sethiel se acercó un paso. No había rastro de miedo en su rostro. Solo deseo claro.
—Te gusta cuando no retrocedo —dijo.
No era una pregunta.
—Me obliga a elegir —respondió Draven.
Sethiel sonrió, satisfecho.
—Entonces elige —susurró—.
—Yo ya lo hice.
Draven levantó la mano. Esta vez sí tocó. El antebrazo. Firme. No posesivo. Consciente.
—Esto nos pone en la mira —dijo—.
—Siempre lo estuvo —replicó Sethiel—.
Alzó la barbilla.
—La diferencia es que ahora caminamos de frente.
Draven sostuvo el contacto un segundo más.
—No te apartes de mí —ordenó.
Sethiel no discutió.
—No tenía pensado hacerlo.
Cuando se separaron, algo había cambiado.
No eran aliados circunstanciales.
No eran un error en proceso.
Eran una decisión compartida.
Y el mundo, atento y cruel, ya había entendido que había elegido mal a quién probar.
lo mas importante es quererte amarte a ti mismo tal cual eres y aceptarte con tus defectos y virtudes con altas y bajas que nada es perfecto que solo se trata de ser feliz por cada decisión cada día cada noche que dios te sabiduría y convicción /Scream//Scream//Scream//Scream/por que soy una persona que ah dado todo y arriesgase por un amor y que es lo que es recibido decepción desamor tristeza con el Alma rota y no confiar en nadie mas /Blush//Blush//Blush//Blush/